Los siempre tristes 10 de enero

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El sábado pasado se cumplieron 48 años de aquella mañana trágica del 10 de enero de 1978 en que en una calle de los escombros de Managua fue asesinado mi padre, el Mártir de las Libertades Públicas y Héroe Nacional, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

Cada aniversario del 10 de enero es triste, más ahora que sus cuatro hijos nos encontramos en el exilio y en un estado de apatridia. No es casualidad: el ADN libertario de sus ideales corre por nuestra sangre y es lo que nos tiene aquí.

Muy acertadamente en 1986, cuando se aprobó la nueva Constitución tras la Revolución, el 10 de enero fue constitucionalizado en honor a mi padre, como la fecha para las tomas de posesión de nuevos gobiernos después de elecciones libres, no para la instauración de una monarquía familiar, lo que constituye una ofensa al legado de PJChC.

El editorial de LA PRENSA del pasado lunes 12, refiriéndose al 10 de enero, subraya lo siguiente: “Como una paradoja ofensiva a la memoria del Dr. Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, el mismo día 10 de enero el régimen conmemoró el 19 aniversario de que el dictador sandinista Daniel Ortega volviera a tomar el poder presidencial. Decimos que esta coincidencia ha sido una paradoja ofensiva, porque PJChC odiaba a la dictadura, a cualquier dictadura, a la somocista que era de derecha y a las comunistas e izquierdistas o revolucionarias que imperaban en Cuba y otros países. Las odiaba y luchaba contra ellas”.

Y siendo consecuente con su pensamiento, PJChC fue un preso político en tiempos de Somoza y lo hubiera sido en los tiempos actuales y quizás —en el mejor de los casos— nos estaría acompañando en el exilio en estado de apatridia.

Si bien el régimen tuvo el gesto el 10 de enero de liberar a dos docenas de presos políticos, no lo hizo para conmemorar al héroe nacional, que fue preso político, sino para congratularse de haber permanecido 19 años en el poder implantando una nueva dictadura familiar… ¡qué contrasentido!

Y no solo eso, sino que en la puerta giratoria de las prisiones detuvo a unos 60 ciudadanos que expresaron tímidamente con un like en las redes sociales su satisfacción por la extracción y captura del dictador venezolano Nicolás Maduro. Y como si eso no bastara, en su afán totalitario de controlar la libertad de expresión ha girado órdenes a los empleados públicos de que su silencio es considerado como un apoyo al operativo militar norteamericano que devino en su captura. Es decir: los empleados públicos están supuestos a repudiar la “invasión estadounidense” bajo amenaza de cárcel.

Quizás en lo único que acertaron los codictadores el pasado 10 de enero es haber cancelado la marcha de “celebración del 19 aniversario de la dictadura y repudiar la captura de Maduro”. Sin duda el terror que sienten en su estado paranoico les ha hecho actuar con mucha cautela, y no solo cancelaron la manifestación, sino que han puesto “en pausa” la retórica antimperialista y los discursos vitriólicos.

Llegar a otro 10 de enero es siempre triste, porque a los 48 años de su muerte, Nicaragua necesita más que nunca a Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. Cada 10 de enero es un recuerdo de que sus ideales están por cumplirse.

El 10 de enero de 2022 estando preso en El Chipote al escuchar las celebraciones con las cargacerradas y los fuegos artificiales, ilusamente pensé, que al asumir nuevamente el poder el dictador, había pronunciado un discurso de estadista, anunciando nuestra liberación por medio de un indulto o una amnistía. Qué equivocado estaba.

Si la dictadura Murillo-Ortega hubiera querido honrar la fecha el pasado sábado 10 de enero, hubiera ordenado la liberación de todos los presos políticos y hubiera cerrado para siempre la puerta giratoria de las prisiones nicaragüenses.

El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, ex preso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos heredados” y “Un cauce hacia la democracia”. Fue codirector de LA PRENSA de 1981 a 1984.

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