Democracia y oro negro  

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El 3 de enero los ojos del mundo se dirigieron a Venezuela. Las redes sociales, medios de comunicación e influencers no durmieron esa madrugada mostrando imágenes del ataque aéreo en suelo venezolano. Era el amanecer del primer sábado de 2026 y según me cuentan muchas discotecas estaban en lomas que se convirtieron en excelentes escenarios para ver el show.  

Estados Unidos dio un tiempo para dormir y a las 10 de la mañana, hora Centroamérica, brindó una conferencia de prensa para decir lo que ya se movía en redes sociales, incluso las cuentas del mismo Donald Trump, que habían capturado a Nicolás Maduro.  

Los días siguientes los comentarios se desataron y los análisis proliferaron en comedores, salas y redes sociales, entre otros espacios. Las preguntas giraban sobre el futuro de Venezuela. Un análisis del discurso de Trump contabilizó que se mencionó la palabra petróleo más de veinte veces y ni una vez la palabra democracia. Por lo cual comprendemos la alegría de los venezolanos de la caída de la cabeza de un régimen, pero eso no implicaba una vuelta inmediata a la democracia. Por eso en la conferencia se mencionó un “control” de Estados Unidos sobre Venezuela mientras se lograba una transición.  

Cuando habló de ese control, el presidente estadounidense aclaró que puede durar mucho tiempo, porque al final tendrán fondos del petróleo y es que el interés pasó de ser capturar a una ficha clave del narcotráfico a tener el poder sobre el oro negro.  

Otras de las palabras mencionadas en las discusiones presenciales y virtuales fueron injerencismo e intervención. Se critica la intervención de Estados Unidos en Venezuela por la fuerza, pero en el conteo de muertos (más de cien según algunos medios de comunicación), donde no hay estadounidenses, se contabilizan oficiales cubanos, quienes cuidaban a Maduro. ¿Qué pasó ahí?, ¿no confiaba en sus propios oficiales?, ¿tenemos una intervención permitida de Cuba?, son algunas de las preguntas que surgen en estos casos.  

No quiero hacer comparación, pero esta presencia de militares de otras naciones en regímenes autoritarios debería ser analizada, sobre todo cuando se jactan de defender la soberanía y acusar a opositores de traidores a la patria.  

Se habla de que el siguiente objetivo de Estados Unidos es Cuba y en este sentido Marco Rubio, el secretario de Estado estadounidense, advirtió que este tema podría resolverse solo con la presión económica. En chismes de redes sociales encontré alguien que dice que los cubanos ya se encuentran con problemas de energía, dejando iluminadas únicamente zonas turísticas. Hay que esperar confirmar esto, saber cuánto más aguantarán los cubanos y si Rubio realmente se hará de la Presidencia cubana como lo insinúa Trump.  

Y el último comentario de pasillo que quiero mencionar aquí sobre democracia y oro negro es que la intervención de Estados Unidos en Venezuela se justificó por el tema del narcotráfico, pero permitió acceder al petróleo venezolano. Para los nicaragüenses representó una esperanza o una ilusión de que esto se podía repetir, pero no tenemos oro negro, tenemos oro amarillo, que está siendo extraído por China.  

El uso del oro no es confirmado, pero por cultura general se utiliza oro en la elaboración de dispositivos. No vayan a destrozar sus celulares, hablamos de fibras extremadamente pequeñas, pero sí hablamos de una extracción. Alguien me comentaba que podríamos estar hablando de un saqueo similar como el de los españoles en tiempo de la conquista, de lo cual ya se ha mencionado en los discursos oficiales contra el injerencismo.  

Trump se reunió con Delcy Rodríguez, a quien dejó a cargo para que le cuide el changarro venezolano, dice que es buena persona y el mundo espera los comentarios, que para hoy ya deben estar circulando de la reunión con Ana Corina Machado.  

Lo bueno es que los chismes de pasillo ya se internacionalizaron con las redes sociales, lo malo es que las discusiones sobre la democracia no son de las acciones de un país y que terminamos hablando del oro negro y de los intereses materiales más que de los derechos humanos del pueblo venezolano.  

La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.

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