50 años de luchas estériles

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Hemos entrado ya al Año Nuevo del 2026, ocasión propicia para reflexionar sobre lo que hemos hecho, lo que estamos haciendo y lo que nos proponemos hacer en el futuro, por esta bella tierra de lagos y volcanes que el supremo Creador nos dio como regalo.

Pobre o rico, blanco o moreno, alto o bajo, gordo o flaco, profesional o empírico, todos los que tuvimos la suerte de nacer aquí, ora en una mansión ostentosa, ora en una humilde casa, somos nicaragüenses por gracia de Dios. Y no hay poder en este mundo, por más grande que sea, que pueda quitarnos nuestra nacionalidad.

Sentada esa premisa inconcusa, voy a permitirme hacer un breve análisis de lo más importante que ha sucedido en Nicaragua en los últimos 50 años. Lograr eso en apretada síntesis nos colocará en posición adelantada, para saber dónde estamos y hacia dónde nos dirigimos, con la mirada puesta en el porvenir.

Nicaragua, orgullosamente con su bandera azul y blanco tiene 130,680 kilómetros cuadrados, siendo la nación más grande de Centroamérica. Su población es trabajadora, pero proclive a la violencia, por lo que en las demás naciones centroamericanas es muy común escuchar el siguiente chiste sobre los nicas:

Dios había creado ya la tierra y estaba dotando de pobladores a las naciones centroamericanas. Ya lo había hecho en Guatemala, Honduras, El Salvador y Costa Rica, pero faltaba Nicaragua. En un día de fiesta, que son frecuentes en esta región, unos agitadores, que nunca faltan, acordaron invitar a delegaciones de los otros países para un congreso. Tal evento tendría por único fin: reunir en un pliego petitorio todas las carencias que tenían los países mencionados para presentárselos al Dios de las naciones y que este resolviera.

Efectivamente, así se hizo. Dios, a pesar de su apretada agenda, el día y hora señalado los recibió en el empíreo y hasta contrató a unos chicheros para que amenizaran la celestial reunión. Fueron desfilando los delegados y todos se quejaban de que Dios a Nicaragua le había reservado las mejores tierras, las más ricas minas con oro, aguas en abundancia para construir un canal que uniera ambos mares y los más grandes tesoros que encierra el mar. El Señor de las naciones, demostrando su infinita paciencia escuchando hablar de las bellezas que había reservado para Nicaragua y después de mesarse la plateada barba, le puso punto final a la reunión exclamando: “¡Sí, es verdad todo lo que ustedes dicen sobre las riquezas que he reservado para Nicaragua, pero espérense y verán la clase de gentecita que les voy a poner ahí!” ¿Qué quiso decir el Señor con eso?

Veamos lo que dice la historia. Para no ir tan lejos, limitémonos a lo que ha ocurrido en Nicaragua en los últimos 50 años:

a)Hace 48 años (10 de enero de 1978) fue vilmente asesinado en las calles de Managua, por sicarios al servicio de la dictadura somocista, el destacado hombre público, hoy Héroe Nacional y Mártir de las Libertades Públicas, doctor Pedro J. Chamorro Cardenal. ¿Por qué?

b)Hace 47 años (19 de julio de 1979) se produjo el derrocamiento de la dictadura somocista por un movimiento popular encabezado por el FSLN, habiendo sido asesinados, según la CPDH, centenares de ciudadanos por no comulgar con las ideas de los llamados “revolucionarios castristas”. ¿Para qué?

c)Hace 19 años (noviembre del 2007) la familia Ortega-Murillo respaldada por una caterva de facinerosos retomaron el poder en nombre del FSLN, para imponer indefinidamente una de las más crueles dictaduras que recuerdan los anales de la historia de América Latina. (Dictadura peor que la de los Somoza).

d)Hace 8 años (18 y 19 de abril del 2018) el Movimiento de Abril logró aglutinar a la gran mayoría de los nicaragüenses en forma espontánea, para protestar contra los abusos de la dictadura Ortega-Murillo. El movimiento que estuvo a punto de tumbar al régimen imperante fracasó, debido a la feroz represión desatada por el Ejército y la Policía al servicio de la tiranía.

Son mis deseos de que el año 2026 que acabamos de inaugurar, nos traiga la justicia, el progreso y la libertad, en beneficio de todos los nicaragüenses.

El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE). 

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