Trump y la sangrienta represión de la tiranía teocrática de Irán

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El presidente de Estados Unidos (EE. UU.), Donald Trump, advirtió que impondrá un arancel extraordinario de 25 por ciento a los países que comercien con Irán. La intención sería castigar a quienes oxigenen por esa vía al régimen más criminal y sangriento de la actualidad, como sin dudas de ninguna clase es el iraní.  

Eso aparte de la advertencia del presidente Trump al régimen de Irán, de que si continúa masacrando a la gente que protesta en las calles acudirá directamente en su defensa. 

Según informaciones de organismos defensores de derechos humanos, la represión de la sanguinaria dictadura de Irán contra la gente que protesta en las calles ha causado la muerte de más de dos mil personas, desde que comenzaron el 28 de diciembre pasado. Entre los muertos habría 135 policías, según informa el diario español El País. 

Las protestas callejeras comenzaron por la grave crisis económica que azota a Irán, no solo la macroeconómica sino también, y sobre todo, la de la economía pequeña, que es la que golpea directamente los bolsillos y los estómagos de la gente. De allí que las protestas comenzaran precisamente en el bazar (gran mercado) de Teherán. De allí se extendieron por todo el país y espontáneamente se convirtieron en la enérgica demanda de un cambio de régimen, del fin de la oprobiosa y cruel tiranía de los ayatolas, los fanáticos clérigos islámicos. 

La Revolución Islámica de Irán y la Revolución Sandinista de Nicaragua son hermanas, declarado así por sus respectivos líderes. En realidad, entre las dictaduras de los dos países hay una gran afinidad ideológica, política e histórica. Las dos revoluciones triunfaron en el mismo año 1979, la de Irán en enero y la de Nicaragua en julio. Solo que la dictadura revolucionaria sandinista se interrumpió durante 16 años, de 1990 a 2006, mientras que la islámica de Irán ha persistido sin pausas desde hace 46 años y medio.  

Sin embargo, en materia económica los lazos de Irán con Nicaragua no pasan de ser promesas que no se cumplen. La verdadera relación entre ellos es estratégica, tiene que ver con que los dos regímenes coinciden en su odio a Occidente y en particular a EE. UU.  

De manera que el arancel extraordinario de 25 por ciento a los países que comercien con Irán, con el que ha amenazado el presidente Trump, no afectaría en nada al régimen de Nicaragua porque su comercio con Irán es prácticamente inexistente. Casi todo el intercambio comercial de Irán es con China, India, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Turquía y Pakistán. Fuera de esos países, el comercio iraní es mínimo con todos los demás, hasta llegar a prácticamente nada con Nicaragua, a pesar del gran amor que sus dictaduras se declaran públicamente. 

Por lo que el Gobierno de EE. UU. sí debe tener en la mira a la dictadura de Nicaragua, aunque no de manera prioritaria, es por su alineamiento estratégico con Irán, así como China. Daniel Ortega incluso ha abogado por el supuesto “derecho” de Irán a fabricar armas atómicas, que sin duda en caso de llegar a tenerlas las usaría para atacar a Israel y a los mismos EE. UU.  

Algunos medios internacionales han reportado que la alianza de Nicaragua con Irán despierta serias preocupaciones en Washington. En el año 2023 el periódico The New York Times publicó aspectos de un informe de inteligencia filtrado por el Pentágono, en el que alertaba “sobre posibles conversaciones entre altos funcionarios nicaragüenses e iraníes para establecer cooperación militar directa”. Y agregó el reporte que “según el experto en seguridad global Joseph Humire, Nicaragua podría estar siendo usada como base encubierta de operaciones”. 

Eso fue antes de que Trump volviera a ser presidente de EE. UU. Ahora la preocupación del gobierno estadounidense por esas “asociaciones peligrosas” tendría que ser mayor. Aparte de que la dictadura de Nicaragua es una de las tres que quedan en el hemisferio occidental y que los gobernantes norteamericanos quisieran, o están interesados, en que dejen de existir. 

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