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Los acontecimientos que se sucedieron recién estrenado el 2026, tienen a moros y cristianos rascándose la cabeza. Me atrevería a decir que fuera del círculo que preparó lo sucedido en Venezuela, nadie, incluyéndome yo, esperaba que los acontecimientos se sucedieran de la forma en que se dieron. No voy a entrar a calificarlos ni emitir opinión de ningún tipo sobre lo acontecido el 3 de enero en la hermana República de Venezuela, lo que sí voy a hacer es emitir mi humilde opinión sobre lo que pienso sobre la actuación presente y futura del secretario de Estado, Marco Rubio.
El poder cuasi discrecional que le ha conferido el presidente Donald Trump para dirigir los acontecimientos de los días subsiguientes a lo acontecido el pasado 3 de enero, lo convierten a mi juicio en el hombre más poderoso después de su jefe en el hemisferio occidental. Que si podrá estar a la altura de lo que el presidente Trump espera de él, eso ya lo veremos. Lo que sí les puedo adelantar, es que si tiene éxito los honores serán para su jefe, pero si fracasa, el fracaso será de él (Marco Rubio) por lo pronto yo lo comparo con un encantador de serpientes, de esos hindúes que se ven en las calles de la India con una flauta haciendo bailar una cobra casi en sus narices. Algo parecido tendrá que hacer el secretario Rubio, con los que quedaron al mando en Venezuela.
Pero dejemos por un momento a Marco Rubio con su tarea pendiente, vayámonos a nuestra Nicaragüita y analicemos por un momento qué podemos hacer nosotros para que no sean otros los que decidan por nosotros en base a sus propios intereses. Para comenzar analicemos lo expresado por Rubio y Donald Trump sobre la oposición venezolana, si ese criterio tienen ellos de la oposición venezolana, no quiero imaginar o mejor dicho sí imagino la opinión que tienen de los dizques opositores al partido de gobierno en el exterior.
Al respecto quiero referirme a una expresión del comentarista de un programa matutino en un canal nacional, de nombre Detalles del Momento. En dicho programa el pasado 6 de enero, dijo que los nicaragüenses deberíamos de buscar cómo iniciar un diálogo pensando en los mejores intereses de la patria, algo en lo que estoy totalmente de acuerdo. En otro programa matutino el pasado 7 de enero, Choque de Opiniones, Enrique Quiñónez dijo: es tiempo que los nicaragüenses comencemos a pensar en cómo defendernos nosotros mismos y no depender exclusivamente de apoyos externos. Algo con lo que también estoy de acuerdo y la mejor manera para consolidar y defender esa paz de la que él habló, a mi juicio, sería extender una rosa blanca a nuestros adversarios y agregar la reconciliación de nuestra sociedad a esa paz que todos anhelamos.
Si logramos ser capaces de tomar las riendas de nuestro destino, estaremos en posición de evitar caer en las garras de los apetitos geopolíticos de las superpotencias. En más de un artículo en estas mismas páginas he referido lo siguiente: si seguimos con la política de ojo por ojo y diente por diente, todos vamos a terminar ciegos y chintanos (sin dientes). Y también he referido que, así como enterramos nuestras armas (los que pertenecimos a la Resistencia Nicaragüense) tratemos hoy de enterrar nuestros odios, nuestro hijos y nietos nos lo agradecerán y solo entonces podremos ser capaces de tomar las riendas de nuestro futuro, sin temores a los vaivenes de las políticas de potencias extranjeras, pues al final ellos se terminan arreglando y la que queda destruida es la grama.
El autor es analista político y exmiembro de la Resistencia Nicaragüense.