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La violencia desatada en Irán en torno a las protestas contra el régimen sangriento de los ayatolas ha superado ya la cifra de 500 personas muertas, en su mayoría manifestantes, según la ONG Human Rights Activists News Agency (HRANA).
Las pilas de cadáveres encontradas por todos lados, ya se perfila como una de las represiones más sangrientas en décadas contra la disidencia interna en la República Islámica, que desde hace dos semanas vive un ciclo de movilizaciones desafiantes pese a un apagón casi total de internet.
De acuerdo con la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), con sede en Estados Unidos, al menos 538 personas han fallecido en el contexto de las manifestaciones, entre ellas 490 civiles que participaban en las protestas.
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Disparan a matar
La organización también reportó más de 10,600 personas arrestadas por las autoridades iraníes desde el inicio de las movilizaciones.
El régimen no ha proporcionado cifras oficiales sobre víctimas ni detenciones, y los datos no han podido ser verificados de manera independiente debido al férreo control informativo impuesto por el Estado.
El fuerte aumento del número de muertos se ha producido en paralelo a una intensificación de la represión por parte de las fuerzas de seguridad, mientras los grupos de derechos humanos denuncian el uso sistemático de fuerza letal contra las manifestaciones pacíficas.
Las protestas, que comenzaron hace dos semanas por el encarecimiento del costo de la vida, se han transformado en un movimiento de rechazo frontal al régimen teocrático instaurado tras la Revolución Islámica de 1979.
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Estados Unidos vigilante
En este escenario, Estados Unidos elevó el tono de su advertencia hacia Teherán
El presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó que su Gobierno sigue “muy de cerca” la situación y no descartó una acción militar si las autoridades iraníes continúan, en sus palabras, “masacrando a su propio pueblo”.
La posibilidad de una intervención estadounidense, aunque no inmediata, añade un nuevo factor de tensión a una crisis interna que ya tiene implicaciones regionales y globales, especialmente tras la reciente confrontación entre Irán e Israel.
Los iraníes volvieron a salir a las calles el sábado por la noche en varias ciudades del país, desafiando el despliegue policial y el bloqueo informativo.

Masacres y censuras
Videos difundidos en redes sociales —filtrados pese al cierre casi absoluto de internet— muestran multitudes concentradas en zonas céntricas de Teherán y en ciudades como Mashhad, en el este, coreando consignas contra el régimen y denunciando la represión.
Las imágenes, cuya autenticidad no ha podido ser comprobada de manera independiente por los medios internacionales, se han convertido en una de las pocas fuentes para reconstruir lo que ocurre dentro del país.
El apagón digital, que según la organización NetBlocks supera ya las 60 horas consecutivas, ha imposibilitado las comunicaciones con el exterior a través de aplicaciones de mensajería e incluso ha afectado a las líneas telefónicas.
“Esta interrupción sin precedentes representa una amenaza directa para la seguridad y el bienestar de millones de personas, en un momento crítico para el futuro de Irán”, advirtió la entidad, especializada en monitorear la conectividad y la censura en la red.
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Cadáveres apilados
Activistas y familiares de las víctimas han denunciado escenas de colapso en hospitales y morgues.
En videos difundidos de forma clandestina se observa a personas identificando cuerpos en instalaciones sanitarias de Teherán, supuestamente de manifestantes muertos por disparos de las fuerzas de seguridad.
El Centro para los Derechos Humanos en Irán aseguró haber recibido testimonios creíbles que apuntan a que el número real de fallecidos podría ser aún mayor, y advirtió de que los hospitales están “abrumados”, con escasez de sangre y personal médico.
Las autoridades iraníes niegan estas acusaciones y sostienen que se trata de una campaña de desinformación.

El ministro del Interior, Eskandar Momeni, afirmó en declaraciones a la televisión estatal que los actos de “vandalismo” están disminuyendo y defendió la actuación de las fuerzas de seguridad
En la misma línea, el jefe de la policía nacional, Ahmad Reza Radan, anunció “detenciones significativas” de figuras clave del movimiento de protesta, sin precisar cifras ni identidades.
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Régimen alega «grupos terroristas»
Desde la cúpula política, el jefe de seguridad del país, Alí Larijani, trató de marcar una distinción entre las protestas motivadas por el deterioro económico, que calificó de “comprensibles”, y los disturbios, que en su opinión responden a métodos “propios de grupos terroristas”, según declaraciones recogidas por la agencia Tasnim.
El impacto económico de la crisis es visible en la vida cotidiana.
Teherán se encuentra casi paralizada: el precio de productos básicos como la carne se ha duplicado desde el inicio de las protestas y numerosos comercios han optado por cerrar o reducir horarios
En muchos barrios, las persianas bajan a media tarde, coincidiendo con el despliegue de fuerzas antidisturbios y unidades de la Guardia Revolucionaria.

Aliento desde el exilio
En el exterior, el movimiento opositor ha encontrado eco en sectores del exilio. Reza Pahlavi, hijo del monarca derrocado en 1979, ha llamado a mantener las movilizaciones y a no abandonar las calles.
“No se rindan. Sé que el precio es alto, pero Irán está despertando”, afirmó en un mensaje difundido en redes sociales desde fuera del país.
La crisis actual se produce pocos meses después de la guerra de 12 días librada en junio entre Irán e Israel, respaldado por Estados Unidos, un conflicto que debilitó aún más la posición internacional de Teherán y exacerbó las tensiones internas.
Para analistas internacionales, la combinación de presión económica, aislamiento diplomático y represión violenta ha creado un escenario altamente inestable.

Represión sangrienta
Organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch ya habían advertido, a comienzos de enero, de una “represión sangrienta” caracterizada por el uso ilegítimo de armas de fuego.
Fusiles de guerra, escopetas con perdigones, gas lacrimógeno, cañones de agua y palizas son recurrentes por parte de la policía y de la Guardia Revolucionaria Islámica.
Entre finales de diciembre y los primeros días de enero, ambas organizaciones documentaron decenas de muertos, incluidos menores de edad, en al menos ocho provincias.
Pese al descontento social y la elevada cifra de asesinatos, el ayatolá Alí Jamenei, de 86 años, amenazó a Estados Unidos y a los manifestantes con represalias si continúan con las intenciones de alargar la crisis.