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Ante los acontecimientos sucedidos el día 3 de enero y posteriores en un espectáculo patético por las partes en liza, ya que los EE. UU., presididos por Donald Trump, se han avenido a llegar a un acuerdo con la actual cúpula en el poder de Venezuela, presidida por la “supuesta” presidenta interina Delcy Rodríguez, en que los que han quedado fuera del mismo han sido los propios venezolanos opositores, que deberían haber sido los ganadores y principales artífices de este “acuerdo”, principalmente María Corina Machado y Edmundo González Urrutia, quienes ganaron las últimas elecciones presidenciales, cuyo triunfo les fue arrebatado por Maduro y sus cómplices del Consejo Electoral y la Corte Suprema de Justicia cooptados por el mencionado Maduro.
Comencemos por el cóctel montado y cuáles son sus ingredientes principales, el autoritario Donald Trump y sus ideólogos que le secundan; Marco Rubio, secretario de Estado y asesor principal de Seguridad Nacional; Pete Hegseth, secretario de Guerra; Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto del Ejército de EE. UU., y J.D. Vance, vicepresidente, quienes manejaron bajo la tutela de Trump la captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, ahora detenidos y sometidos a un juicio en el tribunal del Distrito Sur de New York, bajo acusación de narcotraficante, conspiración para poseer y traficar con cocaína, posesión de armas de guerra, tráfico de influencias, asesinatos, sobornos, secuestros y torturas, entre otros y quienes “supuestamente” dirigen Venezuela desde sus cómodos sillones ministeriales en EE.UU.
Los sucesos en la captura de Maduro, la madrugada del 3 de enero lo llevó a cabo en el terreno operacional el cuerpo de élite conocido como los Navy Seal, quienes incluso venían trabajando desde hace uno o dos años, todo los concerniente a dicha “sustracción” y realizada en un periodo de tiempo más o menos una hora y cuarto, después de haber eliminado al cuerpo de guardaespaldas del anillo más próximo a Maduro compuesto por cubanos, los que fueron aniquilados 32 de ellos, y llevado a Nueva York, después de un periplo que incluyó su traslado del lugar de la sustracción hasta una nave de guerra de las tantas que estaban prácticamente estacionadas frente a las costas venezolanas y de allí llevado a Guantánamo en Cuba y de allí en avión a la sede del tribunal que le imputa los cargos mencionados en NY.
Pero lo sorprendente de este culebrón está en el hecho de que los que codirigían el cotarro en Venezuela junto con Maduro, léase Delcy Rodríguez, su hermano Jorge del mismo apellido, Diosdado Cabello, ministro del Interior y número dos de PSUV y Vladimir Padrino, jefe de la Fuerzas Armadas Bolivarianas, siguen en sus cargos después de una componenda del mejor estilo gatopardiano, como bien apuntaba en su artículo de opinión Xavier Ruiz Ribes en este mismo Diario.
En esencia la definición del gatopardismo con el coincido con Xavier, es que esto significa en términos políticos y sociales la táctica de hacer cambios superficiales para que las estructuras del poder y los privilegios se mantengan intactos, que más reducidamente se puede decir con la frase, “si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.
El culebrón también significa que los EE. UU. han utilizado encubiertamente la estrategia de volver al “protectorado” que según el Diccionario Panhispánico del Español Jurídico es: Estatuto Jurídico por el que la conducción de las relaciones internacionales de un Estado —incluso en otras ocasiones otros ámbitos de competencia— se atribuían a otro estado. Esta figura enlaza directamente desde nuestro punto de vista con la doctrina Monroe y su corolario añadido por la interpretación Trump.
La doctrina consiste en la estrategia de injerencia en terceros países, buscando como desestabilizar o derrocar gobiernos para controlar sus recursos y aprovechar los enclaves estratégicos, bajo las falsas banderas de promover la libertad y la democracia, que ha tenido su aplicación en América, que también incluía el axioma titulado “América para los americanos”. Desde este prisma se entiende que América es el patio trasero de los americanos del norte bajo su influencia directa sin permitir influencia de terceros países fuera de nuestro continente como puede en este caso China, Rusia, Irán, Corea del Norte.
En este caso que estamos estudiando la doctrina Monroe, intenta reducir o desaparecer la influencia que poco a poco principalmente China ha venido ganado terreno, no solo en Venezuela, sino en otros países como puede ser en Cuba o Nicaragua y otros, pero donde más interesa es en Venezuela, poseedor bajo su suelo de una de las mayores reservas de petróleo del mundo, incluso mayores que las de países como Emiratos Árabes Unidos, que también poseen otras reservas importantes que han utilizado para modernizar sus países, todo lo contrario de Venezuela, donde la empresa petrolera estatal PDVSA ha sido saqueada económicamente por los gerifaltes del chavismo y más últimamente con el madurismo, dinero del petróleo que ha ido a cuentas opacas de Maduro, Diosdado, los Rodríguez, Padrino López y otros cuantos que en vez de usarla para mantenerla en pleno funcionamiento, la han dejado caer convirtiéndola en obsoleta y que sin duda es la pieza fundamental que Trump más persigue.
Venezuela es un país riquísimo pues posee, además de petróleo, minas de oro, diamantes, cobalto, litio y tierras raras, que también han sido manejadas espuriamente por la banda que ha dirigido Venezuela desde la ascensión al poder de Hugo Chávez Frías, quien primero intentó hacerse con el poder mediante un golpe de Estado que fracasó y que posteriormente llegó al poder mediante elecciones en 1998, asumiendo la poltrona del poder el 2 de febrero de 1999, tras prometer una refundación del país y acabar con el bipartidismo tradicional y la corrupción. Al mencionado le sucedió en el poder Nicolás Maduro Moros.
En conclusión el culebrón venezolano-estadounidense no ha terminado, apenas comienza con la pantomima del juicio a Maduro y su mujer Cilia Flores en Nueva York, que dará muchos titulares a los medios de comunicación de todo el mundo. También veremos cómo termina el supuesto acuerdo gatopardiano entre las autoridades concernidas de EE. UU. y Venezuela y hasta donde aguantará la cuerda que lo sostiene con todas sus consecuencias que pueden ser nefastas y peligrosas para los venezolanos de la oposición de dentro y de los siete millones de exiliados distribuidos en varios países de América, Europa e incluso Asia. El telón sigue abierto, veremos cuándo se cierra.
El autor es abogado y comentarista político nicaragüense radicado en España.