Trump, la dictadura de Cuba y la estrategia de la fruta madura

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Para nadie es un secreto que el presidente de Estados Unidos (EE. UU.), Donald Trump, y el secretario de Estado y asesor de Seguridad nacional, Marco Rubio, no solo tienen en la mira a la dictadura de Venezuela, sino también a las de Cuba y Nicaragua, en ese orden.

Pero eso no significa que vayan a disparar al mismo tiempo contra las tres. Por lo que se ve y se dice, su estrategia en este caso se basa en la regla de “uno a la vez”. Aunque tampoco hay que creer que como ya actuaron contra la dictadura venezolana, ahora, inmediatamente van a proceder contra cualquiera de las otras dos.

El domingo 4 de enero, al día siguiente del ataque militar contra Venezuela, que fue denominado Operación Resolución Absoluta, ejecutado para capturar al dictador venezolano Nicolás Maduro y su mujer y cómplice Cilia Flores, Trump aseguró a los periodistas que el régimen comunista de Cuba “está muy cerca de caer”, y que “caerá por su propio peso”.

Cuatro días después, el jueves 8 de enero, Trump insistió en que él cree que la dictadura de Cuba caerá pronto, pero no habló de una probable intervención militar estadounidense, como la que ha hecho en Venezuela. Más bien, dijo que en el caso de Cuba “no se puede ejercer mucha presión”. Y asoció su tesis sobre el inminente derrumbe de la dictadura comunista cubana a la pérdida del respaldo económico de Venezuela, principalmente el petróleo.

En realidad, desde antes de la intervención armada de EE. UU. en Venezuela y la captura del dictador Maduro, la economía de Cuba ya estaba en una gravísima crisis. La experiencia cubana ha demostrado nítidamente que el control de la población se puede mantener mediante la represión del Estado, pero la economía no es posible manejarla de igual manera. El sistema económico comunista es un fracaso catastrófico por su propia naturaleza y ha fracasado también en Cuba, pero la dirigencia de la Isla se aferra al sistema fracasado de manera irracional, incomprensible para las mentes normales.

En el caso del petróleo, que es indispensable para la generación de energía y mover a todo el país, en este momento Cuba solo tiene 360,000 barriles de crudo como reserva en sus depósitos, según estudio e información del medio cubano en línea 14 y medio. Pero consume unos 110,000 barriles diarios, de manera que “apenas tiene combustible para cubrir la demanda de cuatro días, o cinco, si se agrega la producción nacional de crudo”.

Al respecto la publicación aclara que “la producción nacional de petróleo es de 40,000 barriles, una cantidad muy escasa, aunque puede solucionar la demanda de varias centrales termoeléctricas”. De manera que desde el 3 de enero se ha aumentado aún más el racionamiento de combustible, como impacto del ataque militar de EE. UU. a Venezuela

El hecho dramático para el régimen de Cuba es que no puede enfrentar la paralización de los envíos de petróleo venezolano, y por otra parte México, Rusia e Irán no pueden compensarlos, aunque quisieran, además de que esos tres países que son sus aliados también están sometidos a fuertes presiones estadounidenses.

Seguramente a esa situación, y los demás aspectos de la quiebra económica de Cuba, se refiere Trump cuando dice que la dictadura comunista caerá por su propio peso, que no será necesario hacerla caer. Al parecer el presidente de EE. UU. aplica en el caso de Cuba la llamada “estrategia de la fruta madura”, que fue delineada por el presidente John Quinci Adams en 1823. Según esta estrategia, en ciertas circunstancias y bajo determinadas condiciones, basta “esperar a que un territorio o régimen caiga bajo la influencia de una potencia debido a la ‘gravitación política’ y la decadencia interna, sin necesidad de una intervención militar directa inmediata”.

Según algunos expertos, en el lenguaje del Departamento de Estado de la época actual, la estrategia de la fruta madura es denominada “paciencia estratégica” (Estrategic Patience), que “describe la misma lógica: esperar a que las condiciones internas de un adversario maduren hasta el punto del colapso”.

Sin embargo, otros reconocidos estrategas políticos han sostenido que ningún régimen cae por su propio peso, incluso cuando no solo ya está maduro sino que hasta podrido. En cualquier caso hay que hacerlo caer, dicen, como consecuencia de una acción directa, política, social o militar. Como la Operación Resolución Absoluta que ejecutó EE. UU. para derrocar y capturar al dictador venezolano Nicolás Maduro.

No tiene que pasar mucho tiempo para ver cuál de las dos tesis es la correcta.

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