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Pensar y reflexionar sobre las cosas cotidianas me resulta un ejercicio extremadamente entretenido. Hace unos días recorría las calles de un país diferente a mi Nicaragua querida, con un exprofesor que se convirtió en un segundo padre para mí y hablábamos del sueño de ser un adulto, de comprar una casa, de tener un carro.
Un sueño que para algunos puede ser una casa con piscina y una camioneta último modelo y para otros es tan solo el tener la seguridad de un lugar al cual llamarle hogar y un vehículo para moverse cómodamente.
Recuerdo que mis amigas que tienen hijos me decían que para ellas la prioridad, más por sus hijos, era tener un techo; para un amigo costarricense el sueño era un carro, porque es mucho más difícil tener un lugar propio.
Y claro hay quienes consideran que en lugar de tener un techo y un modo de moverse, es más un sueño llenar su pasaporte de sellos y contar los países que han visitado.
Conocí a alguien que con mi apoyo logró tener un carro y su mamá le regaló una casa, eso me hace pensar qué pasa cuando el sueño no te cuesta, ¿aprecias realmente conquistar ese punto en la vida?
Nicaragua no era un país conocido por migrar, hay familias grandes que no habían sufrido la salida de uno de sus miembros a otro país, hasta antes de 2018, pero hoy se calcula que más de 800 mil nicas andan por el mundo y muchos de ellos perdieron ese sueño de una casa y un carro.
Recuerdo que en la plática con mi profe hablamos de ese sueño americano de ir a los Estados Unidos y hacer vida, y le comentaba que de niña solo quería ser periodista, tener una casita y un carrito; no una mansión, solo un techo y cuatro paredes que pudiera convertir en hogar y tener la comodidad de un carro para moverme y conocer mi país.
Es increíble cuántos sueños interrumpidos he logrado ver con la situación que pasan los nicaragüenses que salieron del país. Pero duele más ver cómo algunos convierten ese sueño en una carga, al acumular y acumular sin tener un límite. No es suficiente una casa, hay que tener cuatro o cinco, aunque no vivas en ella. Y tener un carro casi podría ser uno de cada tipo, una camioneta, un deportivo y los últimos modelos que salgan al mercado.
Pienso mucho en ese trabajar para una meta y poder disfrutar de ella. Quien quiere un techo y un hogar cuando lo logra sabe que el siguiente paso es disfrutarlo, pero quien acumula no se detiene a sentir satisfacción.
José “Pepe” Mujica el expresidente de Uruguay, en una entrevista decía que mientras más tienes más preocupaciones cargas y una figura política tan importante conversaba con el periodista desde una casita humilde, rodeado de un patiecito sencillo, con perros raza como decimos en Nicaragua “comecuandohay” o “condela” (con de la calle). Decía que su felicidad radicaba en despertar en su hogar a la par de su esposa.
Y es que cuando tienes lo necesario te das cuenta de lo importante. De lo valioso de estar cerca de tu familia, de tener salud y energía. A veces me quejo de lo que implica ser adulto y asumir responsabilidades, pero hago el recuento y agradezco haber soñado con algo sencillo y tener solo lo básico para ser feliz.
Que en este 2026 los jóvenes sueñen con eso y disfruten de lo fundamental y quienes lograron ese sueño y lo vieron perdido puedan volver, reconstruir sus hogares y disfrutar de esos verdaderos placeres: dar los buenos días a los seres amados y despertar en el país que los vio nacer. Sueñen sencillo en cuanto a lo material, pero disfruten a lo grande cuando logren lo verdaderamente importante.
La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.