Cartas al director
/ Dani Rodrik y Rohan Sandhu

La transformación económica global será local

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Nos encontramos en los albores de una nueva era: la transición climática ya está aquí, la era de la hiperglobalización está en retroceso, las clases medias de todo el mundo están bajo presión y la reducción de la pobreza en los países en desarrollo enfrenta nuevos obstáculos. Incluso sin los cambios desestabilizadores provocados por las políticas de comercio internacional y ayuda exterior del presidente estadounidense Donald Trump, el mundo necesitaría desesperadamente nuevas soluciones.

Para diseñarlas, los gobiernos deben reconsiderar la cuestión fundamental de a quién deben servir nuestras economías y mercados, y deben reexaminar las políticas e instituciones que nos han llevado a la actual situación económica y política. Si bien la cooperación global y la movilización de recursos nacionales serán necesarias para abordar los desafíos actuales, la acción local ofrece el camino más prometedor.

En Estados Unidos y otras economías avanzadas, la reacción política contra la globalización y las instituciones multilaterales tiene su raíz en los efectos adversos que la globalización y el cambio tecnológico han tenido en las antiguas regiones industriales y los trabajadores de cualificación media. El apoyo al proteccionismo, la hostilidad a la inmigración y la apertura al extremismo ideológico han surgido en un entorno de dificultades económicas y un acceso cada vez más desigual a las oportunidades. Las respuestas políticas inadecuadas de los gobiernos nacionales subrayan la necesidad de abordar las limitaciones económicas a nivel local mediante una serie de medidas, que incluyen el desarrollo de la fuerza laboral, el apoyo a las pequeñas empresas, la reinversión en la comunidad y el fomento de la investigación y el desarrollo.

El estancamiento de oportunidades para los trabajadores con salarios medios y bajos dista mucho de ser un problema exclusivo de los países ricos. De hecho, los desafíos que enfrentan las economías desarrolladas y en desarrollo están convergiendo, lo que implica que reconsiderar nuestro enfoque del desarrollo económico regional requiere una mayor comprensión de la política industrial. Las políticas industriales convencionales deben adaptarse a las realidades tecnológicas y geopolíticas actuales, incluyendo la desindustrialización prematura, el desafío del crecimiento de la productividad en los sectores de servicios, el impacto incierto de las tecnologías emergentes y la IA, y la mayor volatilidad de las condiciones económicas y geopolíticas globales.

Esta adaptación requerirá ampliar lo que consideramos estrategias industriales para abarcar una gama más amplia de aportaciones públicas e intervenciones privadas. Para abordar desafíos como la transición a la energía verde, necesitaremos encontrar nuevas maneras de desarrollar y comercializar tecnologías emergentes, mejorar las competencias de los trabajadores y ayudar a quienes puedan perder su empleo en los sectores energéticos tradicionales.

De igual manera, no podemos esperar que la creación de empleo en el sector servicios, donde se producirá el mayor crecimiento del empleo, se derive de forma natural de los enfoques tradicionales centrados en la manufactura. Se requerirán intervenciones tanto en la demanda como en la oferta del mercado laboral, mediante el apoyo a las empresas establecidas, el fortalecimiento de las redes de proveedores, la focalización en las pequeñas empresas con alto potencial de crecimiento, el aprovechamiento de tecnologías que aumenten los ingresos de los trabajadores y la actualización de la capacitación laboral.

Igualmente importante es que las nuevas estrategias económicas deberán ser específicas para cada contexto. Gran parte de la responsabilidad de su implementación recaerá en los actores locales, como los gobiernos subnacionales, las empresas sociales y las ONG. Abundan ejemplos de este tipo de intervenciones (y organizaciones) a nivel mundial, como el Acelerador de Empleo Juvenil Harambee en Sudáfrica, Kuza (una plataforma de microaprendizaje dirigida a zonas rurales) en Kenia y Generation India, una fundación que busca mejorar el capital humano del país.

Si bien el foco de acción estará descentralizado, los gobiernos nacionales y las autoridades reguladoras aún tienen un papel crucial que desempeñar. Deberán articular una visión para la transformación estructural y proporcionar los recursos fiscales necesarios. También deberán crear un entorno propicio para los buenos empleos, como la banca, el acceso a la formación y un nivel básico de seguridad social.

Además, los gobiernos deberán supervisar la dirección y el despliegue de la IA, para evitar que un puñado de grandes empresas tecnológicas controlen la tecnología emergente. Además, deberán fortalecer la coordinación y la definición de objetivos de forma que se integren a la multitud de actores públicos y privados involucrados en los distintos niveles de gobernanza.

La capacidad nacional para la política industrial enfrenta limitaciones fiscales, especialmente en las economías en desarrollo (donde el gasto público es insignificante comparado con el de China y Estados Unidos). Por lo tanto, los enfoques filantrópicos y liderados por las empresas deberán ser iterativos y dinámicos, y su financiación deberá ser más flexible para facilitar la experimentación. Las políticas de transformación exitosas no necesariamente requieren grandes subsidios. Una mejor coordinación entre los organismos públicos y el uso de recursos públicos —incluyendo capacitación, regulación y establecimiento de normas, e infraestructura— también pueden impulsar la inversión privada y la innovación.

La era venidera exigirá que revisemos nuestras concepciones sobre cómo y dónde se produce el desarrollo económico. Necesitaremos actualizar nuestros marcos para medir el impacto de las nuevas estrategias. Las similitudes en los desafíos nacionales y las herramientas políticas que requieren sugieren que no existe una distinción clara entre las necesidades de las economías desarrolladas y las economías en desarrollo. Ayudar a las regiones rezagadas a recuperar el terreno perdido en las economías de altos ingresos y fomentar el desarrollo económico en las economías de bajos y medianos ingresos son cada vez más similares.

Ya sea generando buenos empleos, gestionando la transición climática, estimulando la innovación o construyendo resiliencia económica, la transformación estructural es ahora la clave. Si bien los fines pueden diferir, los medios son los mismos: una acción estatal eficaz, liderada por los gobiernos locales en colaboración con las empresas, los trabajadores y otros actores interesados, para canalizar recursos hacia nuevas áreas con mayores beneficios sociales, productivos y ambientales.

Los autores: Gordon Hanson es profesor de Política Urbana, decano académico de Estrategia y Compromiso, y codirector de la iniciativa Reimaginando la Economía en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de Harvard; Dani Rodrik es profesor de Economía Política Internacional en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de Harvard, fue presidente de la Asociación Económica Internacional y autor de «Prosperidad Compartida en un Mundo Fracturado: Una Nueva Economía para la Clase Media, los Pobres del Mundo y Nuestro Clima» (Princeton University Press, 2025);  y  Rohan Sandhu es cofundador y codirector de la iniciativa Reimaginando la Economía en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de Harvard. 

Derechos de autor: Project Syndicate, 2026.  
www.project-syndicate.org 

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