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La pregunta con la que titulamos este editorial es pertinente, porque la dictadura venezolana sigue en pie a pesar de que el presidente usurpador y dictador de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, fue apresado por una fuerza militar especial de Estados Unidos (EE. UU.) y llevado a una cárcel de Nueva York para ser juzgado por las acusaciones de narcotráfico, terrorismo y crímenes contra la población estadounidense.
En sustitución de Maduro asumió el poder la vicepresidenta ejecutiva, Delcy Rodríguez, quien fue ratificada por la Corte Suprema de Justicia como presidenta encargada de Venezuela. Y todas las instituciones y órganos estatales y políticos de la dictadura han seguido funcionando con regularidad.
Sin duda que la dictadura de Venezuela ha sido golpeada severamente. Al apresar a Maduro EE. UU. ha cortado la cabeza principal del régimen dictatorial, pero este es como una hidra de cinco cabezas a la que le quedan cuatro que ahora tienen mayor relevancia.
Las cuatro cabezas que tiene ahora la dictadura venezolana son las de Delcy Rodríguez, presidenta encargada del país; Vladímir Padrino, jefe de las fuerzas armadas; Diosdado Cabello, cabecilla de los cuerpos de seguridad y de las turbas; y Jorge Rodríguez, presidente del poder legislativo del régimen dictatorial.
Además, de acuerdo con la lógica argumental del presidente Trump, E.E. UU. no ha derrocado al régimen político de Venezuela, lo que ha hecho es capturar al jefe de una agrupación criminal internacional perseguido por la justicia estadounidense, por cuya captura había ofrecido una recompensa hasta de cincuenta millones de dólares.
Al anunciar la captura de Nicolás Maduro y su esposa (la “primera combatiente” Cilia Flores, también acusada de actividades criminales), el presidente Trump dijo que EE. UU. “dirigirá Venezuela hasta una transición segura”. Y aseguró que el régimen venezolano encabezado por Delcy Rodríguez trabajará con EE. UU. en esa dirección, insinuando que había un acuerdo con ella. Incluso aseguró que el secretario de Estado, Marco Rubio, habló con Rodríguez sobre el asunto, pero la vicepresidenta y ahora presidenta encargada lo desmintió poco después. “El único presidente de Venezuela es Nicolás Maduro”, proclamó Rodríguez y exigió a EE. UU. dejarlo en libertad.
Por otra parte, el presidente Trump, al responder una pregunta de los periodistas descartó que el presidente electo de Venezuela, Edmundo González, y la principal dirigente democrática de ese país, María Corina Machado, podrían ser parte de la supuesta transición venezolana de la que habló. De ella dijo que “es una mujer muy agradable, pero no tiene el apoyo ni el respeto de su país”. Y a González ni siquiera lo mencionó.
En parte Trump tiene razón. María Corina es la dirigente política más popular y querida de Venezuela y González recibió más del 60 por ciento de los votos en las elecciones de 2024 que se robó Nicolás Maduro. Además, ella ha asegurado que la oposición tiene capacidad para gobernar el país y conducir una transición democrática. Sin embargo, María Corina no tiene respaldo de las instituciones militares ni civiles del régimen venezolano. El cual es indispensable en caso de que sea cierto lo dicho por Trump, de que ha comenzado una transición en Venezuela.
En realidad, la situación de Venezuela, como advierten los analistas más objetivos y menos apasionados, está llena de incógnitas e incertidumbres, la dictadura sigue allí y no hay claridad ni certeza sobre el rumbo que seguirá ese país a partir de ahora.
El diario independiente y democrático venezolano, El Nacional, ha señalado en su comentario editorial del domingo 4 de enero, que el día anterior el presidente Trump “abundó en los detalles de la operación militar desarrollada en Caracas”, pero “dejó un conjunto de interrogantes sobre el futuro inmediato del país y sobre cómo se producirá la transición democrática en Venezuela, a la que aspira el liderazgo opositor encabezado por María Corina Machado y Edmundo González Urrutia”.
Lo que está claro es que después de lo dicho por Trump, los altos mandos políticos y militares de Venezuela declararon enfáticamente que la ausencia de Maduro no detendrá “la revolución”, o sea que la dictadura no cambiará. A pesar de eso, Marco Rubio insistió en declaraciones de este domingo 4 de enero a un medio estadounidense de televisión, en que Delcy Rodríguez “es una persona con la que sí se puede trabajar”. Sin perjuicio, dijo, que EE. UU. continuará ejerciendo la máxima presión militar sobre el régimen venezolano. Y en la misma sintonía, el presidente Trump también el domingo declaró (a la revista The Atlantic) que «si Rodríguez no hace lo correcto, pagará un precio muy alto, probablemente mayor que el de Maduro».
Ahora bien, y finalmente, siendo que las dictaduras del socialismo del siglo 21 son hermanas políticas, ideológicas, de maldad y de sangre, lo que está ocurriendo en Venezuela necesariamente tiene que repercutir en Nicaragua. Pero eso es tema para otro comentario editorial.