La disyuntiva de Asfura con Nicaragua

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Después de unas elecciones ganadas legítimamente con un margen sumamente estrecho, con un candidato perdedor que se niega a reconocer su derrota y con un gobierno que ha incitado a las protestas, creo que es razonable que el presidente electo de Honduras, Nasry Asfura, sea prudente en sus declaraciones y no desee abrir nuevos frentes con los codictadores de Nicaragua.

Esto es más relevante cuando los codictadores de Nicaragua se han sumado a la ola hemisférica al reconocer y apuntalar su legitimidad, porque no les quedaba otra opción y al hacerlo le están mandando una clara señal a Trump de que no quieren ser factor de inestabilidad en el área y están dispuestos a tener buenas relaciones con gobiernos democráticos, aunque ellos no lo sean.

Creo que no es razonable esperar que Nasry Asfura iba a declarar —como lo hizo el presidente electo de Chile, José Antonio Kast— que rompería relaciones con los tres regímenes dictatoriales que quedan en Latinoamérica, Cuba, Venezuela y Nicaragua. Chile está a miles de kilómetros de Nicaragua y su relación, política, económica, social e histórica, dista mucho de la estrecha vinculación histórica que tiene Nicaragua con Honduras y Costa Rica.

También es relevante el hecho conocido de que Nasry Asfura no es un experto en política internacional y que ha prometido enfocarse en el desarrollo económico de Honduras llevando obras de progreso a como lo hizo durante su gestión cuando fue alcalde de Tegucigalpa que es su carta de presentación.

Por otra parte, no se puede juzgar a un presidente electo por una declaración sobre un país vecino que comparte más de 500 kilómetros de frontera y es de esperarse que a lo largo de su mandato habrá muchas instancias en que privarán las definiciones ideológicas.

Después de todo, entrar en conflicto con un régimen despótico como la dictadura Ortega-Murillo no es nada difícil ni complicado, porque ellos viven en un permanente conflicto tanto en política interna como en política exterior y llegará el momento de definiciones y no de declaraciones diplomáticas.

Concuerdo con el editorial del pasado 29 de diciembre del Diario LA PRENSA al afirmar: “Asfura es un político de derecha democrática y por eso mismo ha sido un crítico del socialismo del Siglo XXI en América Latina, asociándolo con dictaduras de izquierda como las de Venezuela y Nicaragua. Y en su momento advirtió sobre los peligros de esa corriente de izquierda para la democracia y la economía de Honduras, por lo que era indispensable sacar del poder al partido Libre, hasta ahora gobernante de Honduras que es aliado de las dictaduras latinoamericanas”.

Sin pretender justificar las controversiales declaraciones de Asfura con respecto a Nicaragua, impregnadas de una dosis de pragmatismo y realpolitik, pienso que hay que darle tiempo, primero a que se asiente en el poder y en segundo a los conflictos que se puedan derivar en una relación política y vecinal de polos opuestos.

Sin haber tomado posesión del cargo, dar unas declaraciones censurando a quienes le están reconociendo su legitimidad democrática —que ellos no tienen— abriendo innecesariamente un nuevo frente, hubiera sido harto imprudente.

El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, ex preso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos heredados” y “Un cauce hacia la democracia”. Fue codirector de LA PRENSA de 1981 a 1984

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