En tres días, con el favor de Dios, seré un sobreviviente al 2025

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Si usted amigo lector está leyendo este artículo el lunes 29 de diciembre, usted al igual que yo está a tres días de convertirse en un sobreviviente al 2025, lo que quiere decir que estamos en el momento perfecto para hacer nuestra lista de las promesas por cumplir en el 2026 que recién empezará muy pronto. Personalmente deseo compartir mis promesas, las que más de una en realidad son un verdadero reto a mi constancia y perseverancia.

Comienzo con decirles que este 2026, sí voy a cumplir con mis ejercicios diarios, los que me ayudarán a bajar de peso y mantenerme saludable; otra promesa que tengo que cumplir es que bajaré sensiblemente la ingesta de pan dulce, esos manjares tan deliciosos propios de las panaderías de barrio. Los picos, las tortas de leche, las rosquillas bañadas y esos bollitos de pan que con mantequilla saben riquísimo. Con otras comidas típicas como el vaho, el chancho con yuca, chicharrón o nacatamal, no tengo mucho problema porque los consumo muy de vez en cuando.

En cuanto a trabajo, tengo dos proyectos en los que pienso empeñar mi mejor esfuerzo para llevarlos a cabo. De ellos les platicaré más adelante para no salarlos (eso dice mi esposa). En cuanto a mi salud, planeo hacerme un chequeo lo más completo posible para asegurarme que podré estar en condiciones de poder cumplir mis promesas y con suerte compartir con ustedes mis promesas del 2027.

Ahora permítanme compartirles mis pedimentos para el año que está por comenzar, espero que estos no me traigan mayores sobresaltos, pues los comparto con la mejor intención y como un humilde aporte a nuestra sociedad. Me refiero a mi deseo que en el 2026 encontremos la fórmula que nos permita vivir en paz. Así como en 1990 enterramos nuestras armas, (los que pertenecimos a la Resistencia Nicaragüense) en esta ocasión enterremos nuestros odios y que el Creador nos ilumine para poder tener la claridad de que debemos ser capaces de cambiar, de tolerarnos pensando no solo en nosotros, sino que en el bien común.

Aquí permítanme hacer un paréntesis, para referirme a las palabras de despedida del encargado de negocios norteamericano quien estuvo 30 meses al frente de la embajada de su país en Nicaragua. Dijo y cito literalmente: “El futuro lo construirán los propios nicaragüenses”, cierro cita.

Con mucha tristeza he leído en algunos medios de comunicación, más de un sarcasmo por las recientes felicitaciones del Gobierno de Nicaragua por las victorias electorales de los candidatos presidenciales de Chile y Honduras, cuando la democracia ha triunfado en esos países. Basta ya de odios, animadversiones y rencores que solo sufrimientos nos han traído.

Igualmente, recientemente con tristeza he leído, cómo algunas personas viviendo en el exterior han dado a conocer la conformación de sus partidos políticos, acción que amenaza con convertirse en epidemia. Gracias a Dios han sido varios los que les han salido al frente, pues según estos a los que me uno yo, ya estamos hasta la coronilla de candidatos, cuando en realidad lo que necesitamos es un líder como Mandela, que logró reconciliar una nación de más de treinta millones de habitantes. Ese líder quiera Dios que se revele pronto, venga de donde venga sin importar su color.

En artículos anteriores he expresado que, si los Estados Unidos, Alemania, la misma España, sus pueblos pudieron reconciliarse después de estar enfrentados en guerras intestinas, lograron hacer a un lado sus diferencias y hoy esas naciones son potencias mundiales, por qué no vamos a poder hacerlo nosotros. Se lo debemos a nuestros hijos y nuestros nietos. A quienes no deberíamos envenenarlos con nuestros odios, tenemos la responsabilidad de heredarles una patria en las que todos sin diferencias de ningún tipo, tengan la oportunidad de trabajar y progresar según sus posibilidades y habilidades.

Finalizo haciendo votos porque el 2026 sea un año de paz y prosperidad para todos.

El autor es analista político.

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