El caso excepcional de María Corina Machado

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Caminaba lentamente por los predios de la Universidad de Costa Rica, cuando al pasar por un recodo vi que dos jóvenes universitarios, con voces altisonantes y gestos agresivos, rodeados de un grupo de imberbes estudiantes, se encontraban discutiendo apasionadamente un tema de candente actualidad internacional. Luego supe que uno de ellos se llama Antonio y que al otro le apodan “Chilindrín”.

El tema de la discusión me pareció tan interesante que no solo suspendí el asunto personal que llevaba, sino que decidí unirme al grupo para escuchar y poder participar en el debate, que ya se perfilaba. Ignoro quien había convocado a esta reunión, pero lo que estaba claro es que Antonio representaba el pensamiento liberal democrático mientras Chilindrín a la tendencia totalitaria del Socialismo del Siglo XXI. Lo percibí súbitamente cuando Antonio exclamó: “Ella es la más grande heroína de América Latina en lo que va del Siglo XXI”, a lo que Chilindrín le espetó: “Ella es la más grande traidora a los supremos intereses de América Latina porque se vendió a los bastardos intereses del imperialismo yanki”.

Es obvio que ambos oradores se estaban refiriendo a María Corina Machado, la máxima líder de la oposición democrática venezolana y Premio Nobel de la Paz 2025 que junto con el presidente electo Edmundo González Urrutia están a pocos pasos de alcanzar la meta de poner punto final al régimen corrupto del Cártel de los Soles que, apoyados por Rusia, Irán y China, siguen usurpando descaradamente el poder que por su mal gobierno perdieron en las elecciones nacionales del 28 de julio del 2024.

Chilindrín, en otra de sus intervenciones acusó a María Corina de ser la responsable de que Venezuela esté rodeada por las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos (EE. UU.) a lo que Antonio le ripostó: “Sí, es verdad. Pero qué otra cosa puede hacer un pueblo que está inerme y que lo único que le queda para defender sus derechos inalienables es recurrir a la solidaridad internacional”.

El otorgamiento del Premio Nobel de la Paz 2025 a María Corina Machado ha tenido resonancia mundial y ha producido polémicas como la sostenida por Antonio y Chilindrín en los predios universitarios, porque los dirigentes políticos y sociales a escala planetaria nos hemos dado cuenta de que lo que está en juego en Venezuela no solo es el reconocimiento del gobierno legítimo surgido de la voluntad soberana del pueblo en las urnas electorales, sino que es la lucha entre el bien y el mal, entre la libertad y la tiranía.

La libertadora venezolana ha sido muy diáfana al plantear la coyuntura que hoy vive su bravo pueblo: “No descansaremos hasta que Cuba y Nicaragua sean también libres en el concierto de las naciones”. Por tal razón los nicaragüenses debemos respaldar donde se pueda y como se pueda a la heroica lucha del pueblo venezolano. Siendo consecuente con este pensamiento me parece muy acertada y hasta digna de encomio, la participación que tuvieron en Oslo durante la entrega del Nobel a María Corina los dirigentes nicaragüenses Félix Maradiaga y Juan Sebastián Chamorro. ¿Qué pasó con los otros precandidatos presidenciales? Deberían de haber estado ahí para demostrar ante el mundo, que por lo menos en el caso de Venezuela, la gran mayoría de los nicaragüenses estamos unidos en la justa pretensión de vivir en democracia y libertad.

Dentro de pocos días los nicaragüenses, como parte de la humanidad, estaremos celebrando el advenimiento del Año Nuevo 2026. Si bien deseamos felicidad para todos, es muy difícil decirlo. Porque nuestra querida Nicaragüita se encuentra aherrojada a una de las dictaduras más crueles que registran los anales de la historia americana; porque cuando a medianoche nos convoquen a cenar para celebrar tal acontecimiento y veamos el asiento vacío del ser querido que fue martirizado, que es preso político en las ergástulas de la tiranía o que tuvo que migrar por la represión o porque no encontró trabajo en su propio país; cuando uno de estos casos ocurra se nos llenará de congoja el corazón y unas cuantas lágrimas rodaran por nuestras mejillas anunciando la llegada del 2026. ¿Qué diremos? No obstante lo anterior: ¡Feliz Año Nuevo!

El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).

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