Un popurrí de noticias que espero las comenten

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Comienzo externando mi respeto y admiración por el pueblo mexicano, esa devoción que demuestran año con año a su morenita del Tepeyac. Me atrevo a decir que es por mucho la demostración de fe más multitudinaria de los católicos alrededor del mundo.

Decir que México es a la Virgen de Guadalupe lo que nuestra Concepción de María para los nicaragüenses es la confirmación que ambas naciones mayoritariamente católicas, respetan y rinden culto a la Madre de Dios como pocos pueblos en el mundo. Viva la Virgen de Guadalupe, esa morenita responsable de cientos de miles de milagros y que viva México

Dicho eso, paso a otro tema más mundano. En esta ocasión el motivo de mi comentario es la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, a quien en más de tres ocasiones le han preguntado qué piensa del Premio Nobel entregado a María Corina Machado. En todas ha contestado “sin comentarios”, por lo que me atrevo a decir que con su expresión de sin comentarios, podríamos escribir un libro de comentarios.

En una ocasión alguien me dijo, jamás erijas estatuas a hombres o mujeres que todavía viven, porque mientras estén en este mundo, podrían cometer desafueros que empañarían el monumento que se les haya erigido. Si no me creen, léanse las frases que siguieron a su comentario sin comentario.

Ahora paso a reproducirles un anuncio divulgado por una dama miembro del staff de la Casa Blanca (Departamento de Estado). Por insólito que parezca, el anuncio que publicó decía textualmente: Se buscan abogados patrióticos norteamericanos para servir como jueces de inmigración, el sueldo ofrecido sobrepasaba los cien mil dólares anuales.

Yo no sé ustedes, queridos lectores, pero después de leer la noticia que la administración norteamericana había destituido a más de una docena de jueces por ser demasiados condescendientes con los inmigrantes que asistían a sus cortes, lo que yo leí en la noticia que les comenté anteriormente fue: Se solicitan abogados patrióticos norteamericanos para juramentarlos como jueces de inmigración y que deporten a los inmigrantes que les enviemos.

Finalizo con un comentario a lo que varios amigos que me llamaron bautizaron como la guerra de las fotos. Se referían a la competencia que, según ellos, y yo me sumo a dicha apreciación, tuvieron dos conocidos nicaragüenses actualmente viviendo en el exterior, que asistieron a una ceremonia de premiación en una ciudad europea. Ambos juraron hasta con los dedos de los pies que era invitados de honor de la homenajeada, ambos se disputan el favor de su amistad y ambos soñaban con conseguir la foto que afirmara la realidad de sus sueños.

Al respecto le pregunté a un amigo usualmente bien informado y dueño de un olfato canino (espero no se ofenda con la comparación) y me aseguró que la carrera por la foto la había ganado el nicaragüense poseedor del mejor pedigrí.

Las razones según él, este (el del pedigrí), publicó primero la foto, demostró consistencia y perseverancia al aguantar el frío europeo en esta época para conseguir la foto al filo de la madrugada y en plena calle, perseverancia que rindió sus frutos. Otra razón que me dio para declarar ganador al de sangre azul, fue que las fotos que logró conseguir tenían más calor humano, eran más intensas y el abrazo fue más efusivo que la otra foto a la que llamo como la foto de los cachetes.

No quiero de ninguna manera demeritar el esfuerzo de ambos de recorrer medio mundo para conseguir la añorada foto. Estoy seguro que ambos la consideraban esencial para sus intereses, por lo que solo me resta hacer las del proverbio chino, sacar mi silla al porche a ver quién pasa primero.

El autor es analista político.

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