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Poco a poco el tiempo en su marcha inexorable nos va acercando al día de Navidad, en el que más de 2,000 millones de católicos y cristianos en todo el mundo conmemoramos el nacimiento de Jesús, nuestro Redentor.
De acuerdo con las Sagradas Escrituras fue Mateo el primer biógrafo de Jesús. Este era un humilde cobrador de impuestos, que, alentado por sus amigos, se decidió 8 años después de la muerte de Jesús a escribir lo que hoy se conoce como los Evangelios según San Mateo
Uno de los capítulos de la vida de Jesús que más ha impactado a la humanidad lo es sin duda alguna, el de la resurrección. Murió como Dios, único e incomparable, ya que había prometido que 3 días después de muerto resucitaría, como en efecto sucedió.
De la resurrección hay muchas anécdotas que contar. Aquí les va una: Cuenta la historia que, estando el emperador de Francia, Napoleón Bonaparte, en el pináculo del poder y la fama, se reunieron en París un nutrido grupo de áulicos cortesanos europeos y lo visitaron para proponerle, nada más y nada menos, que estaban considerando fundar una nueva religión y que el llamado a ser el dios de ella no podía ser otro que Napoleón Bonaparte. Aseguran testigos presenciales que este los miró atónito y después de rechazar muy cortésmente tan insólito ofrecimiento, les dijo: “Señores: Yo podría crear una nueva religión, podría predicarla e incluso hasta morir por ella, pero lo que sinceramente no podría hacer, es morir y resucitar 3 días después de muerto”.
Mas, volviendo a nuestra querida Nicaragua, estaba meditabundo pensando que este es un diciembre más en que la Navidad y el Año Nuevo nos encontrará a la familia nicaragüense dividida: una parte dentro del país y la diáspora bebiendo de la copa de la amargura del exilio.
Eso estaba pensando cuando inopinadamente me quedé dormido y soñé lo que a continuación les voy a relatar:
—Soñé que estaba en el año 2026 y que había regresado a mi tierra natal, después de muchos años de azaroso exilio. Que la dictadura de los Ortega-Murillo había desaparecido. Que el pueblo nicaragüense cansado de tantos abusos y atropellos había dicho ¡basta ya! Y que poniéndose de acuerdo con algunos militares y policías de mediano rango se habían sublevado, dando pasos concretos para la transición hacia la democracia.
—Soñé que se había realizado una Asamblea Nacional Constituyente, que se había refundado la nueva república con una nueva constitución y que se había establecido el Estado de derecho con igualdad de oportunidades para todos.
—Soñé que había libertad de expresión. Que en los centros de concentración popular como parques, estadios y centros comerciales todo el mundo hablaba sin tapujos y que los periodistas daban sus noticias sin restricciones de ninguna clase. Que los canales de televisión, LA PRENSA y Radio Darío estaban en poder de sus legítimos dueños y que Radio Corporación informaba libremente.
—Soñé que había libertad religiosa. Que los obispos y sacerdotes que habían sido lanzados al destierro ya estaban de regreso trabajando cada cual en su respectiva diócesis.
—Soñé, en fin, que el país esta enrumbado por buen camino, que las inversiones extranjeras estaban creciendo y que como lo deseaba el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal: ¡Nicaragua había vuelto a ser República!
Grande fue mi sorpresa cuando desperté y me di cuenta de que todo lo que había visto no era más que un sueño, ya que la realidad es que seguimos bajo el despótico régimen de los Ortega-Murillo en el 2025 y no en el 2026 como había soñado. No obstante lo anterior, por los vientos de libertad que soplan no hay que perder la fe. Basta con ver lo que ha ocurrido en Bolivia, en las islas vicentinas y Honduras para que nos demos cuenta de que ¡sí se puede! Confiemos en que pronto, de una u otra manera, orientarán sus pasos hacia la democracia Cuba, Venezuela y Nicaragua, para que libres de las ataduras nefastas del Socialismo del Siglo XXI, reemprendamos juntos los pueblos de las Américas el camino hacia el desarrollo político, económico y social en beneficio de todos.
El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).