Nicaragua y el FMI

Escuchá esta nota
0:00 / 0:00
1.0x

Lista de reproducción

  • No hay más artículos para escuchar

Desde Washington, en donde estoy exilado después de haber sido encarcelado en Nicaragua por más de quinientos días y posteriormente expulsado —supuestamente por menoscabar la soberanía nacional— le doy seguimiento cotidiano a lo que pasa en mi patria. Mis fuentes de información son LA PRENSA, contactos personales, y los informes del Fondo Monetario Internacional (el FMI) y el Banco Mundial. El análisis de estos últimos, por cierto, es un importante insumo para medios internacionales como The Economist, prestigioso periódico británico, y las agencias, como Moody´s, S&P y Fitch, que valoran si países son sujetos de crédito.

En este contexto, he notado que recientemente algunos compatriotas han criticado al FMI por su más reciente informe sobre Nicaragua, producto de una misión del Fondo que visitó Nicaragua este año. Ellos alegan que el FMI ha ignorado a la nefasta situación política de nuestro país: su dictadura dinástica, represión y corrupción.

Es cierto que el enfoque de ese informe ha sido principalmente económico y financiero. Pero eso se debe a que el mandato que tanto el FMI y el Banco Mundial recibieron cuando fueron establecidos en 1945 como los dos importantes pilares para promulgar la reconstrucción y el desarrollo después de la Segunda Guerra Mundial. En la arquitectura mundial construida en la década de los cuarenta del siglo pasado, Naciones Unidas (la ONU) sería el foro para, entre otras cosas, analizar y debatir asuntos políticos.

A través de los años, los informes del FMI han sido técnicos. Se han concentrado principalmente en el desempeño económico de sus países miembros. Obviamente no pueden ignorar totalmente a la situación política, sobre todo cuando esta incide negativamente en su situación económica. Esto ocurrió, por ejemplo, en Chile durante el gobierno de Allende cuando el pésimo manejo macro resultó en el colapso de la economía, la inflación se disparó y la inversión se paralizó.

Esto mismo pasó en nuestra patria durante los años ochenta cuando la “guerra contra” —combinada con un pésimo manejo macroeconómico por parte del gobierno— destruyó a nuestra economía. Nicaragua tenía la inflación más alta del mundo. Y en ese entonces, recordemos, el córdoba no valía nada. Había billetes con un valor facial de hasta millones de córdobas, ¡pero con ellos no se podían comprar nada! En ambos casos —Chile de Allende y Nicaragua en los años ochenta— nadie invirtió en nuestro país y fuentes de financiamiento externos tampoco le prestaban.

Esta no es la situación económica de Nicaragua ahora y esto se debe esencialmente a dos factores. Primero, a la entrada de 5 mil millones de dólares en remesas anualmente. ¡Esta cifra es enorme! Es igual a 27 por ciento de nuestra economía, y es enviado por cientos de miles de nicaragüenses que han huido de Nicaragua en búsqueda de mejores oportunidades, o han sido expulsados, como yo. Estos compatriotas se encuentran no sólo en Costa Rica, sino que en lugares más distantes como Estados Unidos, y España. Uno de esos exiliados, por cierto, es un expolicía. Me custodiaba cuando pasé una parte de mi encarcelamiento en casa por cárcel. Recientemente me llamó para saludarme por teléfono desde Seattle, Washington, en donde se autoexilió y está viviendo ahora. ¿Qué ironía, no?

El segundo factor que afecta positivamente a nuestra economía es un manejo macro sensato por parte del equipo económico encabezado por Ovidio Reyes, presidente del Banco Central. El Carmen obviamente ha aprendido algo del desastre que fue la primera dictadura sandinista de los ochenta y hasta la fecha le está dando cierta laxitud a Reyes y otros miembros del equipo económico y al sector privado.

Volviendo al tema del FMI, su informe más reciente refleja la situación económica de Nicaragua tal como es. Basado en sus datos, la mala noticias es que Nicaragua tiene la economía más pequeña de Centroamérica. Es tan sólo igual al 55 por ciento del tamaño de la economía hondureña, por ejemplo. Y su ingreso per cápita —US$2,865— también es el más bajo de Centroamérica. Por otro lado, su tasa de desempleo —8.7 por ciento— es la más alta del istmo.

Pero también, Nicaragua es el único de los cincos países cuyas finanzas públicas no son deficitarias. Además, sus reservas son las más altas de istmo, empatadas con las de Guatemala e igual a 7 meses de importaciones. Y nuestra economía está creciendo a un ritmo de 3.5 por ciento. Esta tasa es igual a la de Guatemala, inferior a la tica (4 por ciento) y ligeramente más alta que las de Honduras (3.4 por ciento) y El Salvador (3 por ciento).

En cuanto al trato que el informe del FMI le da a la situación política de Nicaragua, es cierto que no tilda al régimen de ser una dinastía dinástica en donde las votaciones se manipulan. Esto se debe a que el análisis político no es parte del mandato del Fondo. Pero tampoco ignora totalmente a la política. Por ejemplo, su informe indica que el gobierno debe de mejorar el clima de inversión y fortalecer el Estado de derecho y al sistema judicial. Predica que en Nicaragua se necesita mayor transparencia y que se debe de detectar y castigar a la corrupción.

Pero más contundente aún es que el FMI básicamente ha engavetado nuevos préstamos a Nicaragua. El más reciente fue una operación excepcional aprobada para ayudarle a Nicaragua a enfrentar la crisis ocasionada por al coronavirus. Desde ese entonces no ha habido apoyo financiero por parte del FMI. ¡Más claro, no canta un gallo!

El autor fue canciller de la República y director en el Banco Mundial. Fue encarcelado por la dictadura y ahora está en el exilio en EE.UU.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí