La grandeza del pueblo venezolano

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Es muy probable que cuando usted proceda a leer este artículo, ya se haya producido, se esté produciendo o vaya a producirse un hecho de trascendental importancia histórica, para la vida de los pueblos latinoamericanos y del Caribe. Y más concretamente, en la patria del Libertador Simón Bolívar, donde su bravo pueblo venezolano desde hace más de 25 años viene luchando, contra el régimen despótico del chavismo que le ha conculcado todos sus derechos humanos y usurpado su libertad.

El ultimátum que dio la Administración Trump al Cártel de los Soles hasta el lunes 24 de noviembre, para declararlo organismo terrorista extranjero si no abandonan el Palacio de Miraflores o entran en unas negociaciones fatales, así lo demuestran.

Mas, para los que están poco familiarizados con el tema, me voy a permitir un breve repaso de como ocurrieron los hechos que culminaron con la gran epopeya que hoy envuelve al noble pueblo venezolano:

A fines del siglo pasado “un teniente que nada tenía”, como diría el poeta, llamado Hugo Chávez Frías, se sublevó junto con otros pocos oficiales del Ejército, en contra del presidente constitucional de Venezuela, Carlos Andrés Pérez. Al fracasar en su intento de derrocarlo fue encarcelado y condenado a varios años de prisión. El que sucedió a CAP (adeco) fue el socialcristiano (Copei), doctor Rafael Caldera, hombre de gran prestigio que consideró que para cimentar la paz social era necesario decretar una amnistía general. Así lo hizo, incluyendo en ella al funesto Chávez que desde el umbral de la cárcel proclamo su candidatura presidencial.

En 1999 Hugo Chávez, ya como candidato presidencial de una serie de micro partidos, logra estructurar una campaña demagógica. Como el Júpiter Tonante de la mitología, lanza rayos a diestra y siniestra contra la corrupción, contra los que violan las libertades públicas y contra toda persona que no comulga con sus ideas socialistas. En el 2000 alcanza el triunfo electoral en buena lid. Aprovecha el boom petrolero para expandir sus tentáculos a otras naciones y funda junto con el tirano de Cuba, Fidel Castro, en el 2005 el Socialismo del Siglo XXI.

Cada día centraliza más el poder y va eliminando la separación de poderes. Mientras tanto, a nivel internacional y con su pleno conocimiento, los líderes marxistas-leninistas hacen fiesta con el petróleo venezolano. Todos bailan el son que les tocan: Lula (Brasil), Kirchner (Argentina), Evo Morales (Bolivia), Rafael Correa (Ecuador), AMLO (México), Daniel Ortega (Nicaragua), Melico Zelaya (Honduras), Raúl Castro (Cuba) y algunos del Caricom.

Antes de la dictadura chavista el pueblo venezolano gozaba de ser uno de los primeros países en desarrollo económico y social del continente americano. Hoy es un desastre. Hace 25 años se producían 3 millones 200 mil barriles de petróleo diario, hoy solo se producen 800 mil por fallas administrativas principalmente.

Contra toda esta barbarie han tenido que luchar denodadamente el presidente electo, Edmundo González Urrutia y la vicepresidenta y Premio Nobel de la Paz 2025, María Corina Machado. La libertadora, como también se la conoce popularmente, en varios de sus manifiestos ha expresado públicamente que la lucha del pueblo venezolano no solo se circunscribe a la liberación de su país, sino que persigue también la libertad de Cuba y Nicaragua. Afirma categóricamente que “estamos en el umbral de una nueva era”. ¡Ojalá que así sea!

A los hermanos nicaragüenses les recuerdo lo que decía José Martí el Apóstol de la Independencia de Cuba: “El verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor sino de qué lado está el deber”. Mirémonos en el espejo de Venezuela: ellos no están en un lecho de rosas, están sufriendo de muchas privaciones, pero están convencidos de que al final del túnel vendrá la luz que los cubrirá a todos, sin mentiras, sin hipocresías: con progreso y bienestar para todos.

Es muy posible que en este mes de noviembre no todas sean buenas noticias para Nicaragua, pero como las medicinas amargas que nos recetan los médicos, sean necesarias para extirpar el cáncer que corroe nuestras entrañas. Dejémonos que corran los acontecimientos como Dios manda y estemos listos a ocupar nuestros lugares donde la patria nos lo demande o las circunstancias nos lo requieran.

El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).

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