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La pasión de Gabriela Chamorro empezó a cocinarse en el comal y las cazuelas donde su abuela removía los granos de maíz en Managua. Para entonces, ella era solo una niña que jamás pensó que la vida la llevaría al otro lado del mundo para montar su propio restaurante de recetas centroamericanas, pero principalmente con sazón nicaragüense.
Girl & the Goose (La Niña y el Ganso) es el nombre de su restaurante que se convirtió en pionero de la gastronomía centroamericana en Dubái. “Los gansos son conocidos por sus largos viajes migratorios», como el de Gabriela, quien ahora vive en aquella ciudad rodeada de dunas desérticas y abarrotada de lujosos rascacielos.
En una zona llamada Anantara Downtown, esta nicaragüense abrió su restaurante cerca del Golfo Pérsico y de frente a un río que proviene desde Ras al Khor, un santuario de vida silvestre en el centro de la capital de Emiratos Árabes Unidos.
Ella describe el menú de su restaurante como “una carta de amor a Centroamérica”. En donde cada plato revive los sabores de nuestra región con técnicas de la cocina moderna. Ofrece pupusas salvadoreñas, maduro en gloria y hasta nacatamales. También bebidas como el macuá, que es un cóctel nicaragüense, o el raspao originario de Panamá. Pero su plato favorito son los ñoquis de yuca.
Algunos medios de comunicación especializados en gastronomía como Caterer o The Times, de Londres, han mencionado a esta nicaragüense como una de las figuras emergentes que está transformando la escena culinaria de Dubái.
Incluso, Gabriela obtuvo el premio One Knife, el cual reconoce a los mejores cocineros del mundo. Este le fue entregado el pasado mes de octubre en el evento The Best Chef Awards 2025 celebrado en Milán, Italia.

De Managua a Dubái
Gabriela es originaria de la colonia Máximo Jerez, de Managua y desde muy pequeña le atraían las cucharas, pailas, porras y demás utensilios de cocina. Eran como sus juguetes. Disfrutaba pasar el tiempo con su abuela y verla preparar todo tipo de platos. “Mi abuela no era chef de alta cocina, pero cocinaba con amor”.
En su hogar, la cocina era el corazón del hogar. “Yo crecí viendo a mi familia cocinar y contar historias con cada bocado. Cuando me fui de Nicaragua, me di cuenta del poder que un plato puede tener para mantenernos conectados”.
Fuera de la cocina, su infancia fue la de una niña normal. Le gustaba bailar, pero preparar comidas era su principal pasión. Sin embargo, la joven Gabriela decidió estudiar Diplomacia y Relaciones Internacionales y tras graduarse, en 2009, consiguió una beca para estudiar Flamenco en el extranjero.
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Luego, Gabriela consiguió un trabajo como tripulante de cabina para la aerolínea Emirates, una de las mejores del mundo y cuya base está en Dubái. Fue así como se mudó al emirato.
Trabajó en esa aerolínea durante 13 años, sirviendo comidas por todo el sudeste asiático a 40,000 pies de altura. Esa variedad de platos, aromas y sabores le recordaban su pasión por la cocina y en cada escala que hacía, aprovechaba para probar comidas nuevas e ingredientes de diferentes culturas.
Con la llegada de la pandemia en 2020, los vuelos se detuvieron y fue entonces cuando Gabriela tomó la decisión de retomar su pasión. Ya no quería volar. Quería dedicar su tiempo completamente a la cocina.

Cocina clandestina
En el sótano de su casa en Dubái, Gabriela comenzó a cocinar para amigos, familiares y cercanos. Trataba de experimentar y replicar platos que había visto en sus viajes por más de 80 países como tripulante de cabina. Eso le permitió aprender los secretos culinarios de cocineros locales de algunos lugares como Vietnam, Tailandia, Brasil, Austria, Filipinas, Camboya, Sudáfrica o Marruecos.
A ese pequeño club de cenas clandestinas lo llamó Girl & the Goose Supper Club, la primera versión de lo que es hoy su restaurante. Eran 12 invitados por noche y poco a poco el menú se fue adaptando a la comida centroamericana. Mientras los invitados degustaban, Gabriela les contaba entre plato y plato el origen de cada receta. Este club funcionó por cuatro años.
“Al principio no cobraba. Solamente invitaba a amigos porque extrañaba cocinar y quería mantener vivos los sabores de mi tierra», relata.
Así fue como Gabriela se dio cuenta que la comida centroamericana necesitaba tener un espacio en la oferta gastronómica de una ciudad tan cosmopolita como Dubái, en donde la cocina árabe predomina y lo más latinoamericano que hay son las recetas mexicanas y peruanas.
Además, Gabriela también creó un servicio de comida en el que ofrecía platos de hasta siete tiempos y menús adaptados para atletas de alto rendimiento. Sin embargo, todo seguía siendo empírico y experimental para ella.
Gabriela y su profesionalización
Antes de abrir su restaurante, en 2024, decidió profesionalizarse en la cocina y estudió en el Instituto Culinario de Barcelona (CIB). Durante unos meses también se formó en la academia MAD, en Copenaghe, Dinamarca. En esa ciudad trabajó en un restaurante llamado Geranium y luego en KOL, en Londres. Ambos son considerados dos templos de la gastronomía mundial.
“Ahí aprendí lo que es el rigor, la organización y el respeto absoluto por el producto”, explica.
Luego regresó a Dubái y en marzo de 2025, junto a su esposo y dos socios más finalmente abrió Girl & the Goose.

Cocinas parecidas
Ahora, Gabriela Chamorro es la chef líder de un equipo de 42 personas de diferentes países que trabajan en su cocina. Trabajan como un reloj, en donde si una pieza se detiene, todo deja de funcionar, explica. “Dirigir un restaurante va mucho más allá del sabor. Se trata de construir un equipo que comprenda el alma de cada plato”.
Para ella, la identidad centroamericana es importante. Por ello, en algunas entrevistas con medios de comunicación internacionales suele usar un huipil porque “aquí es más que una prenda de vestir. Es nuestra cultura”.
Sin embargo, la cultura árabe no es muy diferente a la occidental, detalla Gabriela Chamorro. “Valoran la hospitalidad y la generosidad. La mesa siempre está abierta y siempre hay lugar para un comensal más».
En la cocina hay varias similitudes como las carnes cocinadas a fuego lento, el arroz aromático, las legumbres, “incluso nuestros dulces, ricos en leche, canela y caramelo. Aunque nos separen océanos, el corazón de nuestras cocinas late al unísono”.
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