Los Ortega-Murillo son los culpables 

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De un libro en preparación, quiero compartir con mis lectores algunos hechos que tienen que ver con el desastre de las administraciones del FSLN, que están a punto de culminar con el Informe sobre Nicaragua presentado por el Comité de la Sección 301 de los EE. UU., en el que se autoriza al Representante de Comercio a tomar todas las acciones apropiadas para evitar que la dictadura de los Ortega-Murillo siga violando los derechos humanos, las libertades fundamentales y el Estado de derecho de los nicaragüenses. 

He aquí un breve relato de aquel intento fallido por enderezar las cosas en nuestra querida Nicaragua: 

Era el 16 de julio de 1979. El ambiente se respiraba muy tenso porque los noticieros de la mañana habían dado a conocer dos hechos de singular importancia para la vida nacional: el primero consistía en que la Junta de Reconstrucción Nacional con sede en San José, Costa Rica, había anunciado que se estaba preparando para asumir el gobierno de la República, en Managua, en las próximas 48 horas. Esta junta nombrada por el FSLN estaba integrada por 5 compatriotas, tres del frentismo procomunista y dos independientes democráticos (Alfonso Robelo y Violeta Chamorro). La segunda noticia era que el dictador Somoza ya les había comunicado a los norteamericanos que estaba dispuesto a renunciar y que lo haría al siguiente día en presencia del Congreso Nacional. 

Serían las 10:00 de la mañana de ese mismo día, cuando recibí una llamada telefónica de la Embajada de Venezuela en Nicaragua, en la que se me comunicaba que el presidente de ese hermano país Luis Herrera C., había enviado un avión para llevar a la delegación nicaragüense para una reunión importante con los cancilleres del Pacto Andino, que se llevaría a efecto en Caracas. Que para mayores detalles me comunicara con el licenciado José Esteban González, dirigente social cristiano y secretario general de la CPDH. El que esto escribe era en ese momento secretario general del Partido Social Demócrata (PSD) de Nicaragua. 

Inmediatamente me comuniqué con el licenciado González y me dijo entre otras cosas: “A las 5 de la tarde nos vemos en el aeropuerto”. A esto solo puedo agregar que ese vuelo fue tempestuoso. El avión fue azotado a diestra y siniestra por una tormenta y cuando aterrizamos en Venezuela, el piloto comentó que era el peor vuelo que había tenido en su vida. 

Debo decir en honor a la verdad que uno de los propósitos con el Pacto Andino era lograr que se ampliara la Junta de Gobierno de 5 a 7 (con 2 más del sector democrático) ya que si se mantenía como lo proponía el FSLN quedaríamos irremediablemente en poder de los comunistas radicales, como en efecto ocurrió. El responsable de esa falta de previsión política fue el presidente de los Estados Unidos, Jimmy Carter y su embajador en Nicaragua, Lawrence Pezullo, quienes en cuanto se dieron cuenta del propósito de nuestra delegación en Caracas ordenaron a sus asesores en San José y Panamá, que pararan toda negociación sobre la conformación del futuro gobierno y que se reconociera todo lo hecho hasta el momento por el FSLN. 

Hay que reconocer que si la Administración Trump decide llevar a la práctica una o las dos recomendaciones del Comité, eso sin duda alguna contribuirá de manera determinante a poner fin a una de las dictaduras más nefastas de la historia del continente americano. Su crueldad ha sido inaudita y su ineptitud vergonzosa. Los Ortega-Murillo, son los únicos responsables de la tragedia que pueda sobrevenir en Nicaragua. Imagínense ustedes, mis lectores, que solo tiene comparación con la del dictador ecuatoriano Gabriel García Moreno (1821-1875) que gobernó ese país suramericano hace más de 100 años.  

El célebre escritor, Juan Montalvo, en su libro La dictadura perpetua la definió así: “Conspirar es deber contra el déspota que dividió al pueblo ecuatoriano en tres partes iguales: la una la dedicó a la muerte, la otra al destierro y la última a la servidumbre”. Algunos dirán que si aplican las recomendaciones muchos sufrirán. Sí, pero es mejor sufrir 6 meses de carencias que 66 años de tormentosa vida como ya llevan los hermanos cubanos. 

El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).  

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