Venezuela en camino hacia la libertad 

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No es por casualidad que el asunto de las drogas esté estrechamente ligado con las dictaduras latinoamericanas. Desde tiempos de Mao Tse Tung (1893-1976), el líder de la Revolución China, se sabe que por algún tiempo este acarició la idea de inundar de drogas a los EE. UU. y a los demás países del continente americano, estimulando su consumo principalmente en la juventud y minando consecuentemente la moral de los pueblos con quienes ya se disputaba por la supremacía mundial. 

Fidel Castro, el dictador cubano fue uno de los primeros en caer en la trampa, habiendo llegado hasta ser mediador en un conflicto que tuvo el dictador panameño, Manuel Antonio Noriega, con el Cártel de Medellín por un laboratorio en El Darién. Más o menos por ese mismo tiempo, causó sensación internacional la publicación de una foto en la que aparecía uno de los 9 comandantes de la Revolución Sandinista en Nicaragua, Tomás Borge, bajando de una avioneta unos paquetes que contenían la droga maldita. 

Hay que reconocer que de todos los gobiernos que han pasado los últimos años por la Casa Blanca, sean estos republicanos o demócratas, el de la Administración Trump-Rubio es el único que está demostrando con hechos tangibles que realmente están preocupados por erradicar para siempre de nuestras naciones ese flagelo, que tanto daño está causando en nuestras colectividades. El mismo presidente Trump declaró recientemente, que solo en un año han muerto 300 mil norteamericanos, como consecuencia del consumo de estas drogas. 

Antes de proseguir con el tema de esta entrega, quiero expresar mis más sinceras felicitaciones a la vicepresidenta electa de Venezuela, María Corina Machado, que acaba de ser designada como Premio Nobel de la Paz 2025. Si alguien merece ese reconocimiento, sin duda alguna que es ella por su lucha inclaudicable en contra de la dictadura chavista en Venezuela. Constituye un honor para ella y para el pueblo venezolano, al mismo tiempo que una bofetada al rostro de la dictadura que pronto habrá de caer inevitablemente. 

Hay que estar claros que en la actual coyuntura que viven nuestros países ni China ni Rusia van a sacrificar el alto grado de desarrollo que han alcanzado para venir a salvar a un país que está todo enredado por las propias contradicciones y aberraciones de sus gobernantes. Ortega en su megalomanía (“todos somos Daniel”) y en su vana pretensión de ocupar la silla que dejaron Fidel Castro y Hugo Chávez (deseos de figuración), ha sido incapaz de articular una política que concilie en Nicaragua su egocentrismo con el deseo inveterado de su esposa Rosario Murillo por instaurar una dinastía que los perpetúe en el poder. 

En el caso de Venezuela, cuyo hundimiento ya parece inevitable, el régimen de los Ortega-Murillo sabe que están completamente perdidos y sin esperanza de salvación. Porque en varias de sus intervenciones públicas los voceros de la dictadura nicaragüense han jurado amor eterno a los cabecillas del Cartel de los Soles que están a punto de zozobrar. Por lo que la pregunta es: ¿Cómo piensan los Ortega-Murillo ayudar a sus “hermanos venezolanos”, que están rodeados por los 4 costados y próximos a tener que enfrentar la justicia norteamericana en el condado de Nueva York?  

No hay por dónde equivocarse. Lo que estamos presenciando en Venezuela es el fracaso de un sistema de gobierno que por la corrupción y la ineptitud de sus dirigentes, de ser un país rico en recursos naturales y humanos ha pasado a ser una nación empobrecida al borde del colapso total. La tristeza y el dolor por tanto sufrimiento que hoy embarga al pueblo venezolano, pronto desaparecerá. Pronto habrá fiesta en Venezuela porque estará libre de injusta tiranía, como lo soñaron sus fundadores y próceres, y como el Ave Fénix de la leyenda mágica se levantará de sus cenizas, para felicidad eterna de su bravo pueblo, que bien se lo merece 

Mientras tanto, los demócratas del mundo debemos prepararnos para celebrar ese acontecimiento, porque frente a la caída inevitable de la dictadura chavista, ya los latinoamericanos podremos entonar al unísono, el canto de alegría y esperanza que hará vibrar nuestros corazones al proclamar: ¡Si Venezuela venció, Cuba y Nicaragua también vencerán! 

El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).  

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