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La historia de la laguna de Tiscapa se remonta a su origen volcánico, hace más de 10 mil años. Ubicada en el corazón de Managua, esta joya natural está rodeada de leyendas y mitos fascinantes. Su nombre antiguo, Uticapa, proviene del náhuatl de techcath y significa “en el agua de la piedra de los sacrificios”, lo que le otorga un pasado místico asociado a rituales humanos.
Entre las historias más conocidas destaca la leyenda de una gigantesca serpiente que emerge de las profundidades durante la Semana Santa. También se cuenta que por las noches aparecen brujas transformadas en monas, que serían las almas de quienes perecieron ahogados en sus aguas.
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Laguna de Tiscapa: símbolo de poder
Más allá de los mitos, la cima de la laguna —conocida como la Loma de Tiscapa— fue símbolo de poder, tortura y muerte durante las dictaduras de los Somoza, los sandinistas y, más recientemente, del régimen Ortega-Murillo. Cuando el general José Santos Zelaya llegó al poder con su Revolución Liberal, mandó a construir varios fortines; uno de ellos fue La Fortaleza, erigida en 1894. Años después, en 1929, el general José María Moncada ordenó su demolición para levantar en su lugar el nuevo Palacio Presidencial.
Durante el gobierno de Anastasio Somoza García, la casa presidencial en la Loma de Tiscapa fue reforzada con celdas de tortura en sus sótanos y alrededores, donde operó la temida Oficina de Seguridad Nacional (OSN). Dichas instalaciones serían utilizadas nuevamente por los sandinistas en la década de 1980 y, décadas después, por el régimen de Ortega-Murillo tras el estallido de las protestas de abril de 2018. A este siniestro lugar se le conoció como el Chipote.
En 1929, el presidente Moncada aprobó que las aguas residuales de Managua fueran vertidas al lago Xolotlán, iniciando así la contaminación de lo que antes era la principal fuente de agua potable para los capitalinos. Las lavanderas que trabajaban en sus orillas se trasladaron entonces a Tiscapa, que funcionó como lavandero público hasta finales de los años setenta.
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Dejó de ser un balneario
Con la llegada de los sandinistas al poder, se construyó un anfiteatro, senderos peatonales y se promovieron actividades recreativas en sus aguas para atraer a las familias. Sin embargo, esa etapa de esplendor fue breve: hacia 1986 la laguna ya estaba tan contaminada que dejó de ser apta como balneario.
Históricamente, Tiscapa recibía aguas de cauces naturales, pero en los años ochenta, durante la administración municipal de Samuel Santos, se construyó un canal que desviaba hacia la laguna las aguas pluviales cargadas de basura y sedimentos, agravando la contaminación biológica.
Desde entonces, se han impulsado múltiples esfuerzos por rescatarla. En 2019 se reabrió el área para el senderismo, y en 2022 se inauguró un parque en el centro histórico de la loma. A pesar de los daños ecológicos acumulados, la laguna de Tiscapa sigue siendo un símbolo de resistencia: una laguna que, contra todo pronóstico, se niega a morir.
















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