Con cierta frecuencia, la vocera del régimen, Rosario Murillo, anuncia el “encendido” de un nuevo “árbol de la vida”, especialmente en zonas emblemáticas del país o en ciudades que fueron bastiones de las protestas a raíz de la crisis sociopolítica de abril de 2018.
El caso más reciente ocurrió el 4 de octubre, cuando el régimen inauguró el primer árbol de la vida en Nindirí, Masaya. La estructura metálica se suma a las ya instaladas en otros municipios: tres en la ciudad de Masaya y una en Catarina.
Aunque varios de estos árboles fueron derribados durante las protestas de 2018, después del fraude electoral de 2021, la dictadura comenzó a “plantarlos” nuevamente, incluso en zonas donde antes no existían, como en Bilwi, Puerto Cabezas, en la Costa Caribe Norte, donde se inauguró una de estas estructuras el 23 de diciembre del año pasado.
Hasta noviembre de 2024, el titular del Ministerio de Energía y Minas (MEM), Salvador Mansell, confirmó que se habían instalado 200 árboles de la vida en todo el país y que se continuarían colocando más, incluso en las fronteras nacionales.

Un bosque de arbolatas
Los “árboles de la vida”, estructuras metálicas de unos 13 metros de altura, comenzaron a instalarse a mediados de 2013 en Managua, en el contexto del 34 aniversario de la Revolución Sandinista, en medio de críticas. Su primera aparición pública fue en el acto del 19 de julio de 2013, cuando se erigieron ocho árboles metálicos en la Plaza de la Fe como parte de la decoración del escenario.
En el discurso inaugural, Murillo, ideóloga de estas estructuras, las bautizó como “árboles de la vida” y las presentó como símbolo de «la fe y la esperanza en el proceso revolucionario”.
Poco a poco comenzaron a multiplicarse a lo largo de la Avenida Bolívar en Managua, incluyendo la rotonda bautizada como “Hugo Chávez”, donde se colocaron más estructuras, entre ellas un arbolata horizontal que sirve de base a una figura metálica del exmandatario venezolano.
En 2014, Murillo ordenó instalar 50 árboles metálicos adicionales en Managua, ubicados desde el Aeropuerto Internacional Augusto C. Sandino hasta el antiguo centro de la ciudad. A estos se sumaron otros a lo largo de la Carretera a Masaya y alrededor de la laguna de Tiscapa, además de las principales rotondas de la capital.
De esta forma, según reportes periodísticos, hasta 2017 el país contaba con unos 140 árboles metálicos. Es decir, actualmente existen entre 208 y 210 «árboles de la vida» en Nicaragua.
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Sin claridad sobre los recursos
El régimen ha manejado de forma opaca el origen de los fondos destinados a la instalación de los árboles de la vida. El 25 de agosto de 2014, el diputado sandinista Wálmaro Gutiérrez, entonces presidente de la Comisión de Producción, Economía y Presupuesto de la Asamblea Nacional, reconoció que se desconocía el origen de esos recursos.
“Desconozco desde todo punto de vista cómo se financia ese gasto en concreto. Si estuviese en el Presupuesto General de la República yo podría darle algún tipo de razón sobre este tema. Pero al no haber ningún centavo del Presupuesto General de la República desgraciadamente no puedo dar la información”, dijo Gutiérrez ante consultas de LA PRENSA.
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Opacidad de arbolatas continúa
Poco ha cambiado desde entonces. La Empresa Nacional de Transmisión Eléctrica (Enatrel), encargada de la instalación, no publica los costos de cada estructura. Sin embargo, estimaciones de medios independientes calculan que cada árbol puede costar alrededor de 25 mil dólares.
Así, los aproximadamente 210 árboles que el régimen Ortega-Murillo ha instalado podrían representar un gasto de al menos 5.25 millones de dólares.
A esto se suma el costo de operación eléctrica: cada árbol, con unas 15 mil bombillas, consume una cantidad considerable de energía, estimada en unos 9 mil kilovatios hora mensuales, equivalente al consumo promedio de 60 viviendas. Por ello, cálculos independientes estiman que todo el “bosque” de arbolatas podría implicar un gasto anual superior a los 5.3 millones de dólares.

La caída de algunos en 2018
El año 2018 marcó una pausa obligada en la instalación de los arbolatas. Varias estructuras fueron derribadas en rechazo al régimen. En uno de esos incidentes murió el cineasta guatemalteco Eduardo Spiegeler, aplastado por una de estas estructuras, el 16 de mayo de 2018.
En julio de 2024, Murillo volvió a arremeter contra los manifestantes que las derribaron.
“Esos árboles que atacaron con virulencia creyendo que nos atacaban a nosotros y no se daban cuenta los pérfidos, los ignorantes, los delirantes que se estaban ellos mismos sacrificando como los destructores de esas almas que llenas de odio se amargan, se frustran y sobre todo, destilan descontento”, dijo Murillo.
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Algunas de las estructuras derribadas fueron reinstaladas junto al Paseo Xolotlán, a orillas del lago de Managua. En 2020, Murillo revivió el proyecto de “reforestación” con arbolatas, esta vez con alcance nacional.
Entre junio y diciembre de 2024 se instalaron 97 nuevos árboles metálicos en al menos 25 municipios del país.

El trasfondo esotérico de los arbolatas
El árbol de la vida posee múltiples significados simbólicos y culturales. En la tradición judía, es uno de los emblemas centrales de la Cábala, donde representa las emanaciones de energía divina a través de 22 senderos y 10 esferas llamadas sefirot.
Según un artículo de LA PRENSA publicado en 2017, en el arte destaca la pintura El árbol de la vida (1905), del austríaco Gustav Klimt, cuya forma guarda semejanza con las estructuras metálicas instaladas en Nicaragua.
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También la película El árbol de la vida (2011), del director Terrence Malick, retoma el concepto como símbolo de la existencia y la conexión espiritual.
En la literatura, Umberto Eco estructuró su novela El péndulo de Foucault en diez capítulos que corresponden a las sefirot del árbol cabalístico, reflejando su influencia en el pensamiento esotérico occidental.