El enredo de la Rusia de Putin y la OTAN

En los últimos días, drones rusos han penetrado el espacio aéreo de Polonia y recientemente de Rumania y Dinamarca, lo que llevó a Polonia a invocar el artículo 4 del Tratado del Atlántico Norte. Esta acción ha activado a sus aliados, con Francia e Inglaterra mostrando disposición militar, mientras que Estados Unidos ya ha enviado 4,000 soldados a territorio polaco. A su vez, cazas británicos y alemanes patrullan el cielo polaco, y próximamente lo harán sobre Rumania.

Este despliegue no es únicamente una señal de la OTAN como bloque, sino un reflejo del compromiso europeo de no permanecer pasivo frente a la estrategia expansionista rusa. Europa hoy se muestra más reactiva y proactiva ante la incertidumbre generada por Moscú.

Queda la pregunta: ¿es posible que los drones rusos hayan entrado por accidente en estos territorios? Solo el Kremlin podría responder con certeza. Desde la perspectiva de la administración sistémica, como señala Peter Senge, comprender la causa real de un hecho requiere analizar los elementos sintomáticos que lo acompañan en su contexto. Bajo esta lógica, no basta con especular: la incursión de los drones debe entenderse dentro del marco más amplio de las tensiones y objetivos estratégicos de Rusia.

En un análisis anterior (“De las guerras y sus malestares”, LA PRENSA), expuse cómo Vladímir Putin sueña con restaurar la influencia rusa de la Guerra Fría. Sin embargo, se enfrenta a una realidad radicalmente distinta a la de la extinta Unión Soviética. Países históricamente neutrales, como Suecia, han cambiado de postura y están dispuestos a responder a cualquier amenaza. Los nórdicos, tradicionalmente ajenos a los conflictos europeos desde la Segunda Guerra Mundial, hoy preparan a su población para escenarios bélicos y refuerzan sus capacidades militares con tecnología satelital y entrenamiento en condiciones extremas, como combates en climas inferiores a los -30 °C.

El tablero político-militar europeo es hoy más conspicuo y ecléctico. Ningún país está dispuesto a ceder sus libertades, ni su desarrollo económico, a los designios imperiales de Rusia. Moscú, en cambio, se arriesga a perder mucho, careciendo de aliados con capacidad real de contrarrestar a Estados Unidos y la OTAN.

Frente a la hipótesis de que Rusia busque provocar una escalada para justificar el uso de armamento nuclear, la ecuación no le resulta favorable: la OTAN dispone de un arsenal superior. Entonces, ¿qué pretende Rusia?Tal vez Putin, cegado por la arrogancia y su obsesión de perpetuarse en el poder, no perciba que sus acciones lo conducen a un callejón sin salida. En política, saber retirarse a tiempo también puede significar ganar; sin embargo, esa lección resulta difícil de aceptar para quien está atornillado al poder.

El autor es licenciado en Comercio Internacional y magíster en Administración de Empresas. Capacitador empresarial y de ONG.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí