semanarios de Nicaragua

Recorrido por las instalaciones del otrora Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica de la extinta y prestigiosa UCA que conservaba una de las hemerotecas más completa del país y una biblioteca con publicaciones originales del siglo XIX y XX. LA PRENSA/O.NAVARRETE.

Aquellos semanarios de Nicaragua: de la gloria al olvido forzado

Desde necrológicos y satíricos, a joyas literarias, los semanarios nicaragüenses forjaron memoria crítica hasta su abrupto declive histórico con la segunda dictadura sandinista

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En 2025, hablar de semanarios en Nicaragua es hablar de un recuerdo casi extinto. El país que durante dos siglos produjo decenas de publicaciones semanales, unas literarias, otras políticas, algunas religiosas, humorísticas o incluso necrológicas, hoy apenas conserva un título en circulación: un tabloide de sucesos y publicidad oficial que sobrevive más por inercia que por prestigio.

La digitalización, la censura y las crisis económicas se llevaron a los semanarios que alguna vez marcaron conversación pública, alimentaron debates intelectuales y hasta hicieron reír con sátiras irreverentes. Como dice el periodista y docente Alfonso Malespín, “los diarios daban la noticia, pero eran los semanarios los que la convertían en memoria”.

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Malespín recuerda que en Nicaragua hubo un tiempo en que los semanarios no solo convivían con los diarios, sino que, por épocas, los superaban en prestigio, selectividad y conversación pública.

El lector aguardaba la edición del fin de semana como quien espera una visita valiosa: reportajes de largo aliento, crónicas con buena pluma, polémicas bien argumentadas y, de vez en cuando, una carcajada que desarmaba la solemnidad política.

“Los semanarios eran la cátedra pública impresa”, resume un docente retirado que prefiere omitir su nombre por seguridad. Recuerda que en aquellas páginas se mezclaban el examen de conciencia nacional, la broma necesaria y la épica cotidiana. O dicho de otro modo: la semana se narraba a sí misma.

Pioneros y rarezas (1830–1920)

La llegada de la primera imprenta en 1830 abrió un territorio de posibilidades. Entre los primeros semanarios que la memoria conserva, ninguno tan singular como el Semanario Necrológico de Nicaragua (1837).

Nació en plena epidemia de cólera morbus y se pegaba en plazas como cartelón: listaba muertos, anunciaba medidas sanitarias, registraba brotes por barrios e incluía epitafios y recomendaciones.

Con su habitual ironía, el periodista e historiador Henry Briceño comenta: “Fuimos tan innovadores que tuvimos un semanario que contaba muertos antes de tener uno que contara vivos”.

Humor negro aparte, aquel papel cumplió una función pública esencial: convirtió el miedo en información verificable y, de paso, inauguró la costumbre de organizar la semana con cabeza fría.

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El siglo XIX vería nacer una constelación de títulos semanales

En Granada, el satírico El Buscapié (1862) ridiculizó a políticos locales y costumbres con afilada irreverencia; fue un fogonazo que dejó escuela: desde entonces, burlarse del poder se volvió, cada tanto, un deporte nacional que llevó a muchos a la cárcel y el destierro.

En Rivas, el prusiano Enrique Gottel fundó El Porvenir de Nicaragua (1865), considerado el primer semanario moderno por su constancia noticiosa, su apertura a firmas de peso y su vocación de archivo.

A la muerte de Gottel, lo continuó el italiano Fabio Carnevalini, y por sus páginas pasaron autores como Francisco Gavidia y, en la órbita de su tiempo, el poeta Rubén Darío, quien publicaría versos tempranos en El Termómetro (1878–1880), dirigido por José Dolores Gámez.

Semanarios antiguos de Nicaragua.
Managua, Nicaragua. 16 de abril de 2018. Recorrido por las instalaciones del Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica de la UCA, que conservaba una de las hemerotecas más completa del país y una biblioteca con periódicos del siglo XIX y XX. LA PRENSA/O.NAVARRETE.

Semanarios para todo público

Hubo también semanarios de vocación pedagógica y espiritual. El Semanal Nicaragüense (1872–1875), de Anselmo H. Rivas, mezcló filosofía, noticia y literatura; en León, jesuitas editaron El Mensajero del Sagrado Corazón de Jesús (1874–1879), ejemplo de prensa religiosa que combinaba prédica, ciencia práctica y vida comunitaria.

La efervescencia cultural dejó El Ateneo (1881), órgano científico-literario de la sociedad del mismo nombre, y consolidó a La Patria (1895–1920), dirigida por Félix Quiñones, como el semanario leonés donde poetas y ensayistas discutían estética, historia y nación.

En 1918 apareció Los Domingos (1918–1924), la primera revista semanal ilustrada del país: fotografía, relatos, perfiles y un sentido moderno de diseño que convirtió a cada ejemplar en objeto de colección familiar.

“Hasta 1930, el centenario de la imprenta, se contabilizaban al menos quince semanarios con circulación regular, y muchos eran independientes de grupos de poder”, apunta el viejo periodista retirado.

Aquella diversidad inauguró una tradición: Nicaragua se contaba mejor cuando se contaba una vez por semana.

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Entre suplementos y sátiras (1920–1980)

El crecimiento de los diarios trajo una solución inteligente: integró como semanarios a los suplementos especializados.

LA PRENSA (fundada en 1926) levantó una constelación de títulos semanales que marcaron generaciones.

La Prensa Literaria fue aula de poetas, cuentistas y críticos; su circulación dominical convirtió a la literatura en conversación nacional.

En sus etapas más fértiles, funcionó como una pequeña república de letras: reseñas exigentes, páginas de ensayo y entrevistas que hoy se consultan como material de archivo.

El Nuevo Diario hizo lo mismo con el suplemento El Nuevo Amanecer Cultural, como publicación semanal sobre literatura, arte y cultura.

Y Barricada, el órgano de prensa del Frente Sandinista, aportó los suplementos semanales Ventana, Gente y La Semana Cómica (1983–1990), un suplemento satírico de humor político, sexual y popular, bajo el brillo del caricaturista Róger Sánchez Flores.

La publicación inventaba ministerios imposibles, parodiaba discursos de los comandantes de la Revolución, ridiculizaba jergas burocráticas y desmontaba solemnidades estatales.

“Llegaba el viernes y medio país esperaba la jodedera que desarmaba la retórica política del Frente Sandinista y la oposición”, recuerda el docente anónimo.

La Semana Cómica, dice, seguía la tradición antigua de El Buscapié, un semanario de humor del siglo XIX, pero con recursos gráficos contemporáneos y una ironía fina que sobrevivió incluso en tiempos de fervor revolucionario cuando la censura no respetaba a nadie.

Colección de ediciones del suplemento Revista Domingo, semanario de LA PRENSA.
Colección de ediciones de Revista Domingo, suplemento semanario de LA PRENSA. LA PRENSA/ARCHIVO.

El boom democrático (1988–2000)

Con el fin de la guerra y la transición democrática, los noventa alumbraron un boom de tinta semanal. La Crónica (1988–1992), del político socialcristiano Luis Humberto Guzmán, defendió una independencia rara para la época: textos pulidos, verificación rigurosa y diversidad de voces.

“De lo más refinado en semanarios que hemos tenido en Nicaragua”, evalúa el periodista e historiador Henry Briceño.

A La Crónica le siguió El Semanario (1992–2000), del escritor Sergio Ramírez, que salía los jueves con análisis político, ensayo cultural y periodismo de investigación; su público meta eran empresarios, diplomáticos, académicos y el mundo cultural.

También surgieron los semanarios 7 Días (1993–2001), dirigido por el periodista Luis Hernández Bustamante, quien apostó por la crónica y la entrevista de largo aliento, más análisis políticos.

La internacionalización de las publicaciones tocó la puerta en Nicaragua con Tiempos del Mundo (1996–2003), ligado a la organización religiosa de Sun Myung Moon.

Era una edición local con notas globales, corresponsalías compartidas y una red continental de cierre sincronizado.

También circularon títulos de periodismo ligero y contenido fresco como La Brújula, a finales de los años 90 e inicios de los 2000, efímera pero popular en círculos literarios emergentes.

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Periodicos y semanarios de Nicaragua.
Periódicos diarios y semanarios de Nicaragua en 2019. LA PRENSA/TOMADO DE LA VOA

Los suplementos, a detalle

Poco a poco, en la década del 2000, los semanarios autónomos fueron desapareciendo ante la falta de apoyo de las empresas y agencias de publicidad y sus espacios fueron siendo sustituidos por los diarios.

Para miles de lectores, dice Briceño, los suplementos fueron el rostro amable del fin de semana, pero ante su lenta agonía y desaparición, los periódicos apostaron fuerte a los suplementos de carácter semanal.

LA PRENSA apostó por una combinación eficaz: Revista Domingo con grandes crónicas y fotos de apertura; La Prensa Literaria como cantera de escritores y caja de resonancia de festivales; El Azote, de humor político; Aquí Entre Nos, de espacios juveniles y Nosotras, para mujeres con temas de moda que exploraban tendencias sin perder oficio.

Equipos especializados de investigación publicaron reportajes que obtuvieron reconocimientos regionales y fijaron agenda.

“Había un péndulo virtuoso: LA PRENSA innovaba con sus suplementos y El Nuevo Diario respondía con similares. El ganador eran los lectores”, recuerda Malespín.

El Nuevo Diario respondió con su propia oferta. En la edición dominical insertó El Alacrán y ensayó con secciones de crónicas y reportajes, más revistas y páginas culturales que, aunque menos longevas, mantuvieron una conversación viva con la audiencia lectora.

La caída: economía, censura y pantallas (2000–2021)

La aparición de las tecnologías de redes sociales y el cerco de censura de la dictadura sandinista desde 2007, apretó el cerco para todos los periódicos, diarios y semanarios.

La publicidad migró a internet, el papel se encareció y los hábitos de lectura cambiaron con la pantalla. El Semanario, Tiempos del Mundo y 7 Días cerraron por inviabilidad económica; La Crónica ya había quedado atrás temprano en la década.

En 2018, tras la rebelión cívica, el régimen Ortega Murillo intensificó su ofensiva contra la prensa: aduanas bloquearon papel y tinta; redacciones enfrentaron persecución y allanamientos; se impuso un clima de asfixia económica y judicial.

El golpe simbólico llegó con el cierre de El Nuevo Diario (2019) y sus tabloides.

Lo mismo ocurrió con LA PRENSA. Sus suplementos desaparecieron y sus ediciones adelgazaron al mínimo hasta su cierre violento en agosto de 2021, cuando dejó de circular debido al asalto a sus instalaciones.

Fue el último periódico impreso que circuló en Nicaragua.

La digitalización ofreció una salida parcial. Proyectos como Confidencial (1996), que nació como un impreso semanal en formato carta, migró con decisión a plataformas digitales y mantuvo el periodismo de profundidad, ahora desde el exilio.

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El “sobreviviente”

De aquel archipiélago de semanarios queda un superviviente operando en Nicaragua: El Mercurio (2000).

Su fórmula se definió desde el arranque: sucesos, nota roja, fotografías grotescas de accidentes y crímenes, mujeres desnudas en portada y publicidad estatal.

Circula casi de manera simbólica y más por las redes sociales, con pocos seguidores y escasa audiencia.

“Es el último, pero no el heredero de los semanarios”, lamenta Briceño. “Lo que sobrevive no es la tradición semanal de pluma y letra, sino una caricatura pobre del periodismo, que son los sucesos”.

La constatación de la desaparición de periódicos diarios y semanales le produce una nostalgia sobria: “Cuando Nicaragua tuvo semanarios fuertes, tuvo conversación pública exigente; cuando esa conversación semanal se apagó, la esfera cívica perdió un espacio de debate”.

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