El libro Destinos heredados (2024) de Pedro Joaquín Chamorro Barrios es una importante contribución al desarrollo de nuestra comprensión de la crisis nicaragüense. En mi caso, este libro me ayudó a alcanzar una percepción emocional, casi visceral, de las experiencias de los compatriotas que han sido privados de su libertad y torturados por oponerse a la dictadura Ortega-Murillo. Es por eso que, para mí, la principal aportación de las memorias de Chamorro Barrios en prisión radica en la capacidad de su obra para expresar el padecimiento de las víctimas de esta dictadura y, por ende, la inmoralidad y el sadismo de sus victimarios.
Destinos heredados me hizo apreciar mejor el sufrimiento de Pedro Joaquín, Tamara, Arturo, Víctor Hugo y otros prisioneros políticos del régimen de los Ortega-Murillo. También me facilitó entender y valorar las estrategias de supervivencia y las formas de resistencia que emplearon en las cárceles de la dictadura. En particular, me ayudó a entender mejor el drama de Hugo Torres, quien enfrentaba una grave condición médica minimizada por sus carceleros y los jefes de sus carceleros. El capítulo del libro que relata “los cuatro días y tres noches” (48) que Pedro Joaquín pasó junto al general sandinista me hace pensar que su muerte no fue solo por negligencia. Lo que el libro nos enseña del trato que recibió Hugo Torres en la cárcel es la antítesis del cristianismo solidario que el régimen nicaragüense actual proclama.
Un libro transparente
Una de las razones por las que Destinos heredados es un libro aleccionador es la honestidad que surge de una narrativa que no recurre al lenguaje hiperbólico, que a menudo usamos al hablar y escribir sobre la crisis política en Nicaragua. En efecto, el libro de Pedro Joaquín no “alza la voz” ni intenta conmover con un lenguaje altisonante. El autor entiende que no es necesario hacerlo, ya que las historias que relata son, por su propia naturaleza, un grito de denuncia contra situaciones que no requieren adjetivos para revelarse como siniestras e inaceptables. Así, quienquiera que lea Destinos heredados reconocerá que no es necesario hitlerizar a Daniel Ortega ni asegurar que Rosario Murillo “ha consagrado su alma al demonio” y deba ser exorcizada, porque una descripción objetiva de lo que ambos personajes son capaces de hacer revela su depravación y las marcas del síndrome de Hubris que ellos muestran en su convencimiento de que ellos y sus hijos son los únicos que deben y pueden gobernar Nicaragua.
Chamorro Barrios tampoco intenta impresionarnos cuando escribe que su libro aborda el despotismo del que fue víctima, “sin guardar odio ni rencor” (9). En esto, sigue la misma línea de su padre, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, quien en el prólogo de su libro Estirpe sangrienta: los Somoza señala que lo ha escrito “con la mayor sencillez posible y sin exageraciones de ninguna clase” (Confidencial/Coleccionables, 1957/2018, 19).
Así pues, el autor de Destinos heredados pondera cuidadosamente el significado de sus palabras y evita “pintar” la realidad del país con “brocha gorda”, como tristemente se suele hacer en nuestro entorno. Este libro presenta la diversidad de matices que conforman el tejido político y social de nuestra nación, abarcando desde el negro hasta el blanco, incluyendo el gris; ese gris que los extremistas tanto de izquierda como de derecha intentan ocultarpara hacer que sus descripciones del panorama nacional se ajusten a sus limitadas y prejuiciadas visiones. ¿Con qué frecuencia observamos, por ejemplo, que nuestros políticos y analistas califican a los aproximadamente veinte mil nicaragüenses que integran la Policía Nacional como “sapos” y “criminales”? ¿Y cuántas veces hemos visto a estos casi veinte mil nicaragüenses representados en caricaturas con las manos manchadas de sangre y con rostros que resaltan las facciones indígenas de la población humilde de nuestro país?
En Destinos heredados, su autor podría haber convertido su libro en una condena generalizada a todos los uniformados y miembros del gobierno, por haber experimentado en carne propia los abusos del régimen Ortega-Murillo. Pero él no lo hace, y al compartir sus experiencias en el Chipote, se esfuerza por mostrar que, además de los sicópatas –que sin duda existen en la policía nicaragüense–, hay muchos ciudadanos pobres que llevan el uniforme por necesidad. En este libro, los vemos tratando de conservar su humanidad en un sistema que no solo trata de deshumanizar a los presos, sino también a sus guardianes.
Y vale la pena señalar que lo que Pedro Joaquín afirma acerca de los policías que lo trataron con “gentileza” (12) no disminuye la brutalidad del régimen. Al contrario, la destaca mediante contraste; un contraste que pone en evidencia la calidad moral de policías como los que nuestro autor describe como “seres humanos sensibles con los que uno puede entablar una amistad sincera” (85), al mismo tiempo que muestra el encallecimiento de la humanidad de personajes como la subcomisionada Johana Wilford.
Un libro esperanzador
Para concluir, quiero resaltar que, además de ampliar mi comprensión del drama que vive Nicaragua, Destinos heredados me transmitió una sensación de esperanza por dos motivos. Primero, porque el grado de arbitrariedad del régimen actual, claramente mostrado en este libro, es típico de regímenes que han fracasado en crear la legitimidad necesaria para consolidar su poder. La segunda razón es que esta obra me reconforta al mostrar que en Nicaragua todavía existe la generosidad discursiva que Pedro Joaquín Chamorro Barrios demuestra en sus memorias, la empatía que le permite ver a “su prójimo” en un general sandinista contra quien luchó en el pasado y con quien tenía profundas diferencias ideológicas (44), así como la sensibilidad que le impide solicitar sanciones contra Nicaragua, como afirma su esposa Marta Lucía Urcuyo (13) y como yo lo escuché decir en varias ocasiones antes de su arresto. En el futuro, esta visión humanista y verdaderamente cristiana del mundo podría superar el ensimismamiento y el egoísmo que han caracterizado la política en nuestro país. ¡Que así sea!
El autor es profesor retirado de la Universidad de Western en Canadá.
El libro Destinos heredados puede ser adquirido en Amazon.