La Nicaragua que dejarán los Ortega Murillo

Escuchá esta nota
0:00 / 0:00
1.0x

Lista de reproducción

  • No hay más artículos para escuchar

Hay que reconocer paladinamente que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, con la movilización de sus fuerzas armadas hacia el mar Caribe no ha logrado aún sacar de sus guaridas a los tres principales capos del Cártel de los Soles: Maduro, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino. Lo que sí ha logrado es mantener en suspenso a toda la comunidad continental que a diario se pregunta hasta dónde pensará llegar el mandatario norteamericano.

Tengo un vecino venezolano, por ejemplo, que ya no me da los buenos días como solía hacerlo, sino que lo que me pregunta ahora es: “¿Ya se fue Maduro?” En todo caso, hay la convicción profunda en los coloquios vecinales de que el Gobierno de los Estados Unidos jamás se habría metido a semejante gasto si no tuviera un propósito superior al de solo asustar a los cárteles de la droga, que siguen proliferando en territorio americano.

Yo me apunto a esta tesitura basado en las últimas declaraciones de los altos jerarcas de la Casa Blanca, principalmente en lo que se refiere a que la lucha va en serio, no solo porque la presencia de esos cárteles constituye una real amenaza para la seguridad del pueblo norteamericano, sino también porque puede de rebote favorecer a la liberación de los pueblos de Cuba, Venezuela y Nicaragua, que siguen sufriendo bajo las botas despóticas de las dictaduras del socialismo del siglo XXI.

Hace algún tiempo monseñor Abelardo Mata, obispo emérito de Estelí, declaró que “Nicaragua es una olla de presión que puede estallar en cualquier momento”. Por lo que, dada la situación internacional que tiende a complicarse, la pregunta es: ¿Está preparada Nicaragua para enfrentar todas las responsabilidades que conlleva el cambio de régimen en el gobierno? En reiteradas ocasiones he advertido por medio de LA PRENSA sobre la necesaria unidad de todas las organizaciones opositoras a la dictadura de los Ortega-Murillo, dentro y fuera de Nicaragua.

Desgraciadamente, hasta donde tengo conocimiento, todos los esfuerzos que se han realizado con ese propósito han resultado infructuosos. Incluso, hay un sacerdote que demostrando su elevado patriotismo convocó a varias organizaciones con ese fin, sin que se alcanzaran los resultados esperados. Debo insistir en que una de las cosas que más preocupa a los diplomáticos con quienes he conversado, es el vacío de poder en que podría caer Nicaragua, con la consecuente anarquía, de graves efectos para nuestra querida patria.

La verdad es que tal a como están las cosas, la Nicaragua que van a dejar los Ortega-Murillo es un puro desastre. Será peor que lo sucedido en 1990 cuando el FSLN y su candidato Daniel Ortega perdieron frente a la UNO de doña Violeta. Se birlaron hasta los tenedores de los comedores y arrasaron con todo. Ahora será más grave la cosa, comenzando por la deuda externa que, me dicen, ya llegó a los 15 mil millones de dólares. El valor de la canasta básica ya pasó los 20 mil córdobas mensuales, muy superior al salario mínimo de los trabajadores que pronto van a tener que comer salteado junto con sus familias. A todo este panorama sombrío hay que agregar que esta dictadura, de acuerdo con los análisis realizados por Transparencia Internacional (IT) tiene a Nicaragua en el poco honroso lugar No. 172 de 180 países consultados o sea que estamos entre los 9 países más corruptos del mundo. ¡Qué vergüenza!

El desgobierno de los Ortega-Murillo está tan podrido, que por donde se le toque salta la pus en borbollones. Y mientras ésta tragedia del mal gobierno se enseñorea en los hogares nicaragüenses, los hijos de la familia Ortega-Murillo no solo están construyendo mansiones como jeques petroleros, sino que, para congraciarse con los chinos y los rusos, se ha convertido en verdaderos “regala patria” otorgándoles concesiones mineras y territoriales tan valiosas, que hasta los mismos beneficiados se encuentran sorprendidos por tanta generosidad.

Dicen que los pueblos tienen mala memoria, por lo que habría que estar recordando a nuestros conciudadanos lo que significó para los nicaragüenses el prolongado y trágico gobierno de los Ortega-Murillo: El peor de los que registra nuestra historia patria. Por lo que habrá que decirles todos los días: ¡Nunca más!

El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí