China, el pasado 3 de septiembre demostró al mundo su poderío militar y estratégico en el siglo XXI, con un desfile militar en el que participaron muchísimas unidades militares de sus fuerzas armadas, poniendo de relieve la marcialidad de esas unidades demostrando su músculo castrense. El desfile comprendió unidades de tierra, mar y aire y sobre su moderno armamento como misiles, cohetes supersónicos, aviones y helicópteros de los más avanzados en estos tiempos que corren.
Esta celebración era rememorar la victoria china sobre Japón hace ochenta años, guerra que duró desde 1931 hasta 1944, que coincidió también con el fin de la II Guerra Mundial y que gracias a las alianzas que forjó incluso con los aliados, entre ellos EE.UU., que después de Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, sufrió uno de los mayores desastres militares de su historia en los que la aviación japonesa atacó la base militar matando a 2,400 soldados y destruyó decenas de barcos y aviones, le vino como anillo al dedo para su victoria a los chinos.
Pero antes del desfile militar se celebró en Tianjin una reunión de Organización de la Cooperación de Shanghai, que reunió a los líderes Xi Jinping, Vladímir Putin, Narendra Modi y el iraní Masud Pezeshkian, y en su discurso de apertura Xi Jinping destacó “las contribuciones al mantenimiento de la seguridad regional, la promoción del desarrollo común y la mejora del bienestar de las personas”, como “un ejemplo para un nuevo tipo de relaciones internacionales”.
La OCS, que a diferencia de la OTAN no cuenta con cláusulas de defensa mutua, tiene entre sus miembros a China, Rusia, India, Pakistán, Irán, Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán, los que en conjunto agrupan alrededor del 40 por ciento de la población mundial, además de países observadores y socios de diálogo, entre ellos Turquía y otros.
En definitiva, la mayoría de estos países formaron parte de la antigua URSS, que se disgregaron al derrumbe de la misma, siendo todos países de corte comunista y dictatorial y aliados de la actual Federación de Rusia, cuyo presidente como sabemos es el antiguo miembro del KGB, la policía secreta y cuyo fin era mantener la ortodoxia del partido y evitar que se formaran agrupaciones políticas fuera del partido comunista de la URSS siendo miembro de ella el actual presidente, el inefable Vladímir Putin, al borde de ser un país paria debido a las sanciones impuestas tanto por EE.UU., como por los países que forman la Unión Europea y que se han puesto de lado necesario en guerra invasiva contra Ucrania.
En la entrevista que sostuvo Xi Jinping con Vladímir Putin, este manifestó su confianza en que el encuentro sirva para “inyectar un poderoso impulso” a la OCS “ante desafíos y amenazas contemporáneos” consolidar la solidaridad en el espacio euroasiático. Todo ello, siguió diciendo, contribuirá a forjar un orden mundial multipolar más justo con la ONU como eje de referencia.
Vinculó “la visión global” de la plataforma con la estrecha coordinación estratégica entre Moscú y Pekín que definió como una “fuerza estabilizadora” en la escena internacional y defendió “la creación en Eurasia de una arquitectura de seguridad igualitaria e indivisible” en la que la OCS jugaría un papel fundamental.
Como se deduce de su parlamento, Putin fue a la reunión para tomar aire y desahogarse un poco de los graves problemas que enfrenta su país con la guerra contra Ucrania y la defensa de la misma que hacen los países europeos y los EE.UU. para sostener a Ucrania del neozarismo putinista que pretende extender sus fronteras hacia el sur, pero que tropieza con los países mencionados.
En definitiva, esta conmemoración fue para plantearse como la alternativa a la hegemonía de los EE.UU. como primera potencia del mundo occidental, con un presidente Trump que al parecer se está dando cuenta que en el fondo de esas palabras de Putin y Xi Jinping, son un verdadero peligro que pretende arrebatarle su hasta ahora primacía mundial. Esto en el fondo viene por otro lado a despertarlo de la relación con Putin y acercarlo a sus antiguos aliados de Europa y algunos otros países Japón o Corea del Sur y los países del Pacífico Sur como Australia y Nueva Zelanda.
No olvidemos que este encuentro de OCS, lo que ha defendido a capa y espada es que ellos deben integrar un mundo multipolar en igualdad de condiciones con los demás países del mundo, lo que a todas luces parece imposible por la disparidad de regímenes y sistemas políticos, ya que los países europeos y EE.UU. defienden la democracia sustentada en las libertades de todo tipo; mientras los regímenes políticos en los que se integran los países que componen la OCS, con sus líderes como Xi Jinping, Vladímir Putin y Kim Jong-un, representan el autoritarismo y sistemas de partido único, donde las libertades brillan por su ausencia y la represión abunda.
Saquemos pues la conclusión más interesante de estos fastos nefastos. Es que la democracia será la bandera que cobije a nuestros países con corolario de libertades, y el comunismo autoritario es la bandera que cobija a los países de la Organización de la Cooperación de Shanghái, con su represión y acoso a quienes viven sometidos contra su voluntad a la delación y que el que se mueva no sale en la foto.
El autor es abogado nicaragüense, residente en España.