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En el convulso e inestable escenario geopolítico del último siglo, la figura de Donald Trump ha sido fuente constante de enconadas controversias, de abismales polarizaciones y apasionados debates. Este empresario convertido en presidente despedazó los moldes tradicionales de la política exterior estadounidense con un estilo agresivo, transaccional y sobre todo impredecible. En una hipotética línea de tiempo —como resultado de decisiones aún por tomar— yace abierta la posibilidad de que su legado internacional no solo se limite a sus choques con la élite global, sino que también a través de una serie de intervenciones decisivas pueda provocar el colapso de los regímenes malditos de Venezuela, Cuba y Nicaragua. ¿Y si Donald Trump se convirtiera en el nuevo Libertador de América? Eso equivaldría a decir, el nuevo ídolo de América, amado e idolatrado por todo el mundo libre.
Como sabemos la crisis humanitaria y política de Venezuela se profundizó durante la primera Presidencia de Trump (2017-2021). Durante ese período, su administración aplicó sanciones económicas sin precedentes contra el régimen de Maduro, promoviendo a la vez, el aislamiento diplomático del chavismo. A diferencia de administraciones anteriores, Trump no ocultó su determinación a considerar «todas las opciones sobre la mesa», incluyendo la intervención militar.
Como hemos advertido, en este segundo mandato vemos a un Donald Trump aplicando una política más agresiva hacia Caracas la que de mantenerse sin duda provocará el punto de quiebre total y definitivo de esa narcodictadura.
Históricamente, los regímenes de Cuba y Nicaragua han estado interconectados con Venezuela a través de alianzas “ideológicas”, subsidios petroleros y cooperación en seguridad e inteligencia. La caída del chavismo, financiador clave del castrismo y del orteguismo, provocaría un efecto dominó.
En Cuba, la pérdida definitiva del respaldo venezolano, sumada al endurecimiento del embargo y la presión internacional liderada por Trump, podría incentivar protestas masivas similares a las del 11 de julio de 2021, pero con apoyo externo decisivo. La estructura represiva del Partido Comunista, debilitada y sin oxígeno económico, habría cedido ante una revuelta nacional.
En Nicaragua, el régimen de Daniel Ortega, carente de legitimidad, aislado y en total decrepitud, encontraría insostenible su continuidad ante un entorno regional adverso y el retiro de apoyos clave sería el catalizador perfecto para una ruptura política en Managua. Serán momentos felices pues tras un proceso electoral legítimo veremos cómo alguien como Cristiana Chamorro Barrios asume la Presidencia de la República reinstaurando la democracia y devolviendo al pueblo todas las libertades hoy aprisionadas por los tiranos del Carmen. Los pinoleros estaríamos ante un héroe de la Casa Blanca que se erige magnánimo y quien, puesto por Dios, se haya determinado a limpiar el hemisferio de las cochinas tiranías socialistas.
Comparar a Donald Trump con Simón Bolívar puede parecer, para muchos, una herejía histórica. Sin embargo, en términos puramente simbólicos, si su intervención indirecta o directa provocara la caída de tres de las últimas dictaduras del hemisferio occidental, su figura ganaría un lugar inesperado en la historia de América Latina. Sería visto por Occidente como el «nuevo libertador», un ejecutor de la libertad a través del poder económico, diplomático y, eventualmente, militar.
Sin embargo, la historia rara vez se escribe en blanco o negro. En esta hipótesis, si Donald Trump jugara un papel central en la caída de los regímenes autoritarios de América Latina, su legado sería complejo: aclamado por sectores como un campeón de la libertad, criticado por la hedionda izquierda como un manipulador geopolítico. Lo cierto es que, de concretarse esta transformación regional, América no volvería a ser la misma, y Trump, más allá de simpatías o rechazos, pasaría a la historia como una figura clave en la redefinición del mapa político del continente.
Quizás no con espada en mano como Bolívar, pero sí con sanciones, discursos incendiarios y presión estratégica, Trump podría terminar ostentando un título impensable: el nuevo libertador de América.
El autor es un nicaragüense en el exilio