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Los llamados indios flecheros matagalpas fueron vitales para que el ejército nicaragüense ahuyentara a los filibusteros de William Walker en la famosa batalla en la Hacienda San Jacinto, en septiembre de 1856.
Sin embargo, durante 154 años, los indios flecheros permanecieron fuera de las páginas de la historia de Nicaragua, menos que se les considerara héroes.
Igual ocurrió con el general Patricio Centeno, quien era el segundo al mando de los patriotas que derrotaron en esa ocasión a los filibusteros en San Jacinto, y fue quien tomó la decisión de atacar por la retaguardia a los filibusteros y soltar unos caballos, acción que hizo pensar a los invasores que llegaban refuerzos a los nicaragüenses, por lo que huyeron.
Centeno nunca ha sido reconocido por ese heroísmo, a como sí se ha mencionado abundantemente a Andrés Castro, a quien se le acabaron las municiones y arrojó una piedra con la que mató a un filibustero.
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Sin embargo, un educador consultado bajo anonimato por la Revista DOMINGO considera que la acción de Castro era normal en esos tiempos, porque los rifles de chispa sólo tenían capacidad para cuatro balas y se acababan rápidamente con frecuencia, lo que obligaba a los soldados a seguir atacando o defenderse con lo primero que encontraran.

Así, con el paso del tiempo, tres especialistas en historia y educación consultados bajo anonimato indican que en las constituciones políticas de Nicaragua se han plasmado héroes que, estudiando más a fondo sus méritos, tal vez no debieron ocupar un alto lugar en la historia del país o, también, ha habido otras personas que se han destacado más y no se han tomado en cuenta.
Las críticas van más allá, porque uno de los expertos indica que también se ha invisibilizado a las mujeres y a personas que han sido importantes, pero las omiten porque no son de la misma línea política de quienes están en el poder.
La situación se ha agravado desde 1979, cuando los sandinistas llegaron al poder, porque desde entonces han intentado “consolidar un relato histórico centrado en el Frente Sandinista”.
“Los sandinistas han hecho un panteón heroico dominado por la figura de Sandino y por personajes vinculados al sandinismo histórico. Han construido una narrativa de la resistencia antiimperialista como núcleo identitario de la identidad nicaragüense y no se abren a la diversidad de proyectos ni a figuras provenientes de otros momentos de la historia, como todos los liderazgos democráticos, nacionalistas”, dice la fuente. “Hay exclusiones importantes, incluso, de héroes que estaban en constituciones anteriores”.
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Otro especialista considera que personajes de la historia reciente del país no deberían ser tomados en cuenta tan prontamente, porque a los héroes se les juzga mejor si hay más distancia en el tiempo, para verlos más “objetivamente” y no con apasionamientos políticos o de otra índole.
Héroes guerreristas
La mayoría de los héroes nicaragüenses plasmados dentro de las constituciones han sido principalmente personajes vinculados con las guerras, y ha habido carencia de personas que se han destacado en lo académico, científico o cultural, considera uno de los expertos.
“Eso es un gran problema, pero hay que decir que no solo ocurre en Nicaragua, sino en casi toda Latinoamérica. Los himnos (nacionales) tienen también esa connotación. Se ha privilegiado lo bélico y es algo que tenemos que cambiar en Nicaragua, porque de lo contrario seguiremos pensando que todo se resuelve por la fuerza. ¿Dónde queda la democracia?”, cuestiona la fuente.
No quiere decir que no se deban reconocer los méritos militares, porque ha habido movimientos armados muy importantes, empezando por el cacique Diriangén, que fue el primer líder indígena que se opuso a la conquista española con mucho heroísmo, aclara el especialista, agregando también a los héroes de la guerra contra los filibusteros de William Walker.

Entre este tipo de héroes —añade otra fuente especialista en historia— hacen falta algunos que nunca se les ha mencionado como tales. Por ejemplo, doña Paula del Real, que era la suegra del gobernador de Nicaragua en el año de 1685, cuando el pirata inglés William Dampier saqueó la ciudad de León y ella animó a los habitantes a luchar tocando un tambor por las calles de la ciudad.
El especialista añade que, aunque se ha criticado que Rafaela Herrera solo defendía los intereses de su padre, cuando repelió el ataque de los ingleses en El Castillo, sí se le puede considerar como heroína porque al final estaba defendiendo también el territorio nicaragüense de una invasión inglesa.
Habría que inmiscuir también, agrega el experto, al general José Trinidad Muñoz, a quien se le llamó el “Pacificador de Las Segovias” durante una guerra a mediados del siglo XIX contra los pueblos indígenas del norte de Nicaragua y ayudó a que se firmara el “Acta de San Juan de Limay” con otros militares nicaragüenses para que no hubiese derramamiento de sangre de los indígenas, que eran inferiores en armamento.
¿Y las mujeres?
Josefa o “Chepita” Toledo de Aguerri fue una gran educadora nicaragüense y un referente en la lucha de los derechos de las mujeres, pero nunca se le ha mencionado como heroína del país, se queja un experto.
Por ejemplo, en 1912 fundó una escuela privada llamada el Colegio de Señoritas de Managua que formó a muchas jóvenes en los años posteriores y, en 1919, también en Managua, fundó la Escuela Femenina de Prensa para aliviar problemas educativos específicos de las mujeres que trabajaban. También fundó otras instituciones académicas y en pro de las mujeres.
Tampoco aparece la primera mujer médico nicaragüense, Concepción o “Conchita” Palacios, a quien, según explica el experto, “le costó un mundo” graduarse como médico. “Ella era de montaña adentro, agarró un caballo, se vino a Managua, heroico todo lo que hizo y no aparece por ningún lado”, comenta.

En la actual Constitución Política, si se le puede llamar así, porque fue hecha a su medida por la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo para usurpar el poder, sólo se mencionan a Blanca Arauz y a “las mujeres de El Cua”, que son referentes del sandinismo, pero no de la población en general.
Sobre Blanca Arauz, el experto explica que a ella sólo se le toma en cuenta porque era la esposa de Sandino, y no por un mérito propio.
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“Eso refuerza el imaginario de las mujeres como acompañantes en vez de protagonistas de la historia. Perpetúa una idea de las mujeres como no constitutivas de la nación, sino como acompañantes y (en el caso de las mujeres de El Cua) consolida un relato histórico centrado en el Frente Sandinista”, lamenta la fuente.
Lo académico y lo cultural
Fuera el colmo —indica otro especialista— que no se tomara en cuenta a Rubén Darío como un héroe cultural, pero, fuera de él, muy poco se ha tomado en cuenta a los intelectuales y a los personajes culturales para que sean considerados héroes, señala.
Uno de los pocos que han sido incluido es el profesor Emmanuel Mongalo y Rubio, pero no fue por ser maestro, sino por su participación en la guerra contra los filibusteros, lamenta la fuente.
El experto indica que eso explica el porqué, a pesar de que Nicaragua cuenta con grandes intelectuales, como Sergio Ramírez Mercado y el ya fallecido poeta Ernesto Cardenal, ganadores del premio más grande en español, el Cervantes, o como Claribel Alegría, ganadora del premio Reina Sofía de poesía, o María López Vijil, ganadora del Cervantes chiquito por escribir cuentos, entre los niños nicaragüenses haya tantos problemas de lecto-escritura.
Hasta Fidel Castro
En la nueva Constitución, creada por los Ortega Murillo, son héroes de Nicaragua el líder cubano Fidel Castro y el venezolano Hugo Chávez, así como otros extranjeros que no han tenido que ver con el país.
“Esas figuras extranjeras no se pueden considerar héroes de Nicaragua, representan proyectos políticos muy específicos de la izquierda del siglo XX y XXI y una voluntad (de los Ortega Murillo) de alinear la memoria histórica de Nicaragua con una corriente ideológica regional. No son héroes, son aliados políticos que ellos convierten en símbolos constitucionales”, insiste uno de los expertos.

Por el contrario, en la Constitución de los Ortega Murillo se hacen graves exclusiones de personajes que sí han aportado al país en todas las áreas, no sólo en lo académico e intelectual, sino en el tema de la democracia, indica el especialista.
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“Hay una ausencia de héroes liberales, conservadores, o de la Independencia, como es el caso de Francisco Morazán, que sí estaba en otras constituciones. Ahí se revela un silenciamiento colectivo e invisibiliza otras tradiciones históricas, tradiciones políticas y democráticas nicaragüenses. Constituye un relato excluyente”, finaliza diciendo la fuente.
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