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Una reciente encuesta de percepción realizada por la organización Hagamos Democracia reflejó que la mayoría de los consultados ve como sucesor del dictador Daniel Ortega a su hijo, Laureano Ortega Murillo, por encima de Rosario Murillo. Para un especialista consultado por LA PRENSA, aunque el panorama será más claro cuando el caudillo fallezca, el hecho de que Laureano tenga mayor proyección entre los encuestados que la propia Murillo podría anticipar tensiones internas cuando se concrete la sucesión dinástica.
Según el Informe de Percepción de la Realidad Política, Social y Económica de Nicaragua, basado en encuestas a 400 personas, correspondiente al segundo trimestre de este año, el 98 por ciento de los encuestados asegura que la dictadura se prepara para una sucesión dinástica, especialmente por el poder transferido de Ortega a Murillo y por la instalación de sus hijos en distintas áreas del régimen, donde ejercen roles de “superministros”.
El 52.64 por ciento considera que la sucesión será de Ortega a Laureano Ortega Murillo, mientras que un 46.10 por ciento cree que el traspaso recaerá en Rosario Murillo, relegándola a un segundo plano.
“Hoy ya existe una especie de codirección entre Daniel Ortega y Rosario Murillo, pero la percepción es que ella podría quedar como poder único, o bien que él sea reemplazado. Esto genera inquietud, sobre todo porque Laureano se ha convertido en el rostro del régimen en las relaciones internacionales: es quien aparece recibiendo a mandatarios, ministros o empresarios extranjeros, lo cual lo coloca en el imaginario social como posible sucesor”, consideró el analista político Sergio Araya.
La nueva Constitución sandinista establece que la Presidencia del país la conforman dos “copresidentes” y varios vicepresidentes, aunque hasta ahora no han nombrado a estos últimos.
Disputas de proyección son comunes
Araya explicó que, en contextos dictatoriales, las pugnas internas de cara a la transición suelen darse por la “popularidad” de la persona a la que no ungen para suceder al caudillo.
“Estas fricciones no son ajenas a otros regímenes de corte dinástico: siempre surgen disputas entre posibles herederos y, conforme se acerca el momento de la sucesión, se define con más claridad quién asumirá el mando. En Venezuela, por ejemplo, Chávez terminó designando a Maduro frente a otras figuras como Diosdado Cabello. En Corea del Norte también se descartó a posibles sucesores por escándalos o incluso por su eliminación física”, señaló.

Ninguna de las opciones genera simpatía
Aunque la encuesta no lo menciona, Araya consideró que los datos reflejan que los encuestados no ven con buenos ojos la sucesión dinástica.
“De los datos generales se infiere que ninguno de los dos líderes resulta del agrado de la mayoría, pero, en un ejercicio de realismo político, lo que señalan es que, ante la inminente desaparición física de Ortega, las dos figuras con más posibilidades de sucederlo son Murillo o, en su defecto, Laureano Ortega”, agregó.
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El ascenso de Murillo hasta proclamarse “copresidenta”
Con la entrada en vigor, en febrero de este año, de la nueva Constitución sandinista, Rosario Murillo consolidó una de sus principales aspiraciones: ostentar el poder. Un proceso que le llevó décadas y que algunos señalan que comenzó institucionalmente el 10 de enero de 2007, el día de la toma de posesión de Ortega, cuando aprobó un decreto que creó el Consejo de Comunicación y Ciudadanía.
El Decreto No. 25-2006, que creó ese Consejo, otorgó a Murillo amplísimas facultades sobre otros órganos del Gobierno. Según el decreto, en aquel momento el Consejo estaba integrado por los titulares del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, Ministerio de Salud, Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales, Ministerio de la Familia, o sus delegados.
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Además, Murillo desplazó a liderazgos internos del FSLN con peso organizativo, como Lenín Cerna, quien encabezó la restructuración del partido tras las elecciones de 1996. Gradualmente, Murillo asumió más espacios de poder, especialmente después de la denuncia pública de Zoilamérica Ortega Murillo sobre la violación perpetrada por Daniel Ortega.
En 2016, Rosario Murillo se impuso como vicepresidenta tras los controvertidos comicios generales en los que Ortega participó luego de dividir a la oposición, algo que se repitió en 2021.
Ahora, autoproclamada “copresidenta”, se afianzó a raíz de la suplantación de la Constitución Política, un marco legal carente de legitimidad de origen y, por ende, de legitimidad para su cargo.