LA PRENSA ha publicado este jueves 4 de septiembre, en espacio de campo pagado, un documento de la Concertación Democrática Nicaragüense (CDN) sobre los presos y desaparecidos políticos en el país.
La CDN es una organización de políticos opositores en el exilio, que en su página web se define a sí misma como “un proceso de concertación y acción, con incidencia nacional e internacional, para contribuir a la construcción de la democracia en Nicaragua”. Y explica que sus miembros “se involucran a título individual, guiados por principios de respeto a los fundamentos democráticos y los derechos humanos, compromiso con el diálogo y la construcción de consensos y acción cívica inclusiva”.
El escrito de la CDN se basa en el reporte de septiembre del organismo de derechos humanos denominado Mecanismo para el Reconocimiento de las Personas Presas Políticas de Nicaragua, el cual informa que hay en el país 73 presos políticos. Son 59 hombres y 14 mujeres, de los que 23 son personas adultas mayores. Y agrega el informe que 33 de las personas presas políticas están en condición de desaparecidas, o sea que sus familiares no saben nada de ellas porque la fuerza policial no reconoce tenerlas bajo su custodia ni da ninguna información.
Destaca el documento de la CDN titulado Un repertorio represivo mortal, los recientes casos trágicos de los presos políticos Mauricio Alonso Petri y Carlos Cárdenas Zepeda, quienes estaban presos y bajo custodia policial, pero fueron entregados muertos a sus familiares, sin darles ninguna explicación y con la orden de que los sepultaran inmediatamente.
Cabe mencionar que LA PRENSA y los demás medios independientes —que por la represión de la dictadura se editan en el exilio y desde allí transmiten sus informaciones y comentarios hacia el interior del país—, están siempre pendientes de los presos y desaparecidos políticos en Nicaragua.
Es que ninguna persona honrada, digna, democrática y humanitaria debe de olvidar a los presos y desaparecidos políticos. Como hemos dicho en otras ocasiones, los presos políticos y de conciencia son una llaga moral en el cuerpo social nicaragüense. Ellos, los presos y desaparecidos políticos, han sido privados de su libertad personal no porque hicieron algo malo, sino por lo que piensan, por su filiación política, ideológica y religiosa, o porque dijeron en sus redes sociales algo que no le gustó a los dictadores y sus esbirros.
Que haya personas presas y desaparecidas políticas en el país, y que algunas de ellas hayan perdido la vida en la cárcel estando en máxima indefensión y bajo la responsabilidad policial, es un abuso de poder y un crimen de Estado.
También es una agresión a la condición humana, un intento de someter a la gente a través del miedo y el terror, una infamia que debería ser severamente castigada y que tenemos la esperanza en que algún día se castigará.
Los presos y desaparecidos políticos deben estar permanentemente en el pensamiento solidario de los nicaragüenses dignos. No hay que olvidarlos ni dejar de exigir su libertad.