La agonía del socialismo del siglo XXI

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La mayoría de los politólogos que he consultado están de acuerdo en que, como van las cosas, ya va siendo hora de ir preparando la tumba donde serán enterrados los pútridos despojos del Socialismo del Siglo XXI. En Venezuela, Cuba y Nicaragua, puntales de dicha organización, soplan vientos de libertad, que auguran la cercana liberación de dichas naciones.

Los venezolanos, bajo el liderazgo de Edmundo González Urrutia y María Corina Machado, mientras elaboro el presente artículo, parece ser que son los que están más cerca de tocar el cielo de su liberación. Luego, dicen que seguirá Nicaragua y a continuación Cuba, que es la que tiene más tiempo de estar sufriendo bajo la bota despótica de los tiranos del socialismo del siglo XXI.

La crueldad, la represión brutal y la falta de respeto por los derechos humanos, que han sido las principales características de las tres dictaduras espurias, pronto no serán más que un mal recuerdo, porque, así como después de la noche viene el día, así también después de la tiranía viene la libertad. No se puede vivir indefinidamente sin ella, y es la razón fundamental por la que millones de personas huyen de su tierra natal para respirar en otros lares aires de libertad.

Aunque usted no lo crea, hasta los comunistas que son cómplices de estas aberraciones, tienen sus momentos de reflexión en los que añoran vivir en libertad. He aquí una anécdota que lo demuestra: Dos gigantes de la literatura latinoamericana, Pablo Neruda, Premio Nobel 1971 y Miguel A. Asturias, Premio Nobel 1967, ambos comunistas, después de una reunión con Fidel Castro en La Habana se encontraron en un parque y después de los saludos de rigor, le dijo Neruda a Miguel Ángel: “Que lástima, Miguel Ángel, que nos pasemos la vida defendiendo países en los cuales no podemos vivir”. Es obvio que se refería a la falta de libertades que impera en Cuba.

De acuerdo con la información fidedigna de que dispongo, el fundador del socialismo del siglo XXI fue el alemán Dieterich Steffan. No fue ni Fidel Castro ni Hugo Chávez, como algunos creen. Estos aplicaron tan mal lo que el alemán había pensado, que en una conferencia Dieterich declaró que: “Ni Chávez ni Castro estaban realizando el verdadero socialismo del siglo XXI”. Luego se desató una interesante polémica y algunos como la revista Unidad y Lucha de la Conferencia de Partidos y Organizaciones Marxistas-Leninistas (Cipoml) calificaron a la tal ideología (el socialismo del siglo XXI) como “una teoría antimarxista pequeño- burguesa”.

A Castro y a Chávez les gustó el nombre porque hablaba del socialismo, y convocaron a una reunión a principios del 2005, a la que además de ellos dos, concurrieron los siguientes presidentes: Fernando Lugo (Paraguay), Evo Morales (Bolivia), Lula da Silva (Brasil), Rafael Correa (Ecuador). Tanto el grupo de los mencionados como los que siguieron sus huellas después resultaron ser corruptos y si no están en prisión los andan buscando para que respondan ante la justicia nacional e internacional por haber cometido grandes delitos de lesa humanidad. Entre estos últimos se encuentran Raúl Castro (Cuba), Nicolás Maduro (Venezuela) y Daniel Ortega (Nicaragua).

La historia no olvidará la maldad con que actuaron los líderes del socialismo del siglo XXI, por lo que podría decirse que, ante su muerte inevitable como ideología, nadie derramará ni una sola lágrima. Por lo que no hay que sorprenderse del hecho que sus dirigentes resultaran corruptos. Se apoderan sin ningún rubor, de todo lo que conviene a sus perversas intenciones.

Menos mal que los pueblos de América Latina ya están abriendo sus ojos y ya se dieron cuenta —como en Bolivia en las recientes elecciones— que el tal socialismo del siglo XXI, no es más que una gran farsa, un cáncer al que hay que extirpar para siempre de nuestras naciones. El actual gobierno de los Estados Unidos que presiden Donald Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, parecen estar sinceramente interesados en ayudar a promover la democracia y acabar para siempre con la prevalencia de los narcoestados en suelo americano. Ojalá que así sea, por cuanto esto no sólo redundará en beneficio de su propio pueblo sino también en el de los demás pueblos del continente americano.

El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).

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