Codictadura de Nicaragua respalda Plan de Gobernanza Global de China

Este martes 2 de septiembre, en la celebración del 46 aniversario del Ejército de Nicaragua, Daniel Ortega declaró el respaldo de la dictadura que comparte con su cónyuge, Rosario Murillo, al Plan para la Gobernanza Global presentado el fin de semana anterior por el presidente de China, Xi Jinping, ante la Organización de Cooperación de Shanghái.

La Organización de Cooperación de Shanghái es una entidad euroasiática multigubernamental que fue constituida en 2001 y es liderada por China y Rusia. La integran los gobiernos de diez países y algunos otros participan en sus reuniones en calidad de observadores.

Nicaragua no es parte de esa organización, ni como miembro ni como observador. Sin embargo, el régimen codictatorial de Ortega y Murillo declaró inmediatamente su respaldo al plan de China, pues no desaprovecha ninguna oportunidad para mostrarse complaciente ante la gran potencia asiática, sea por afinidad ideológica, interés material o subordinación a la estrategia china de política internacional.

La gobernanza global es un concepto que define el conjunto de procesos, normas, instituciones y mecanismos de relaciones entre Estados y organismos internacionales, que intentan coordinarse para tratar de resolver problemas generales de todos los países, o de un grupo determinado. Según los expertos, la gobernanza global no implica que haya una autoridad central única, ni la hegemonía de nadie, sino la concertación de acuerdos de interés común en las relaciones internacionales.

El régimen chino basa su propuesta de Gobernanza Global en el criterio de que el actual orden internacional, creado al finalizar la II Guerra Mundial, es hegemonizado por el Occidente democrático, favorece a Estados Unidos y sus aliados y perjudica a China, Rusia y los países del  denominado Sur Global, como India, Indonesia, Suráfrica, Brasil, Irán y otros más.

Según la retórica china, la Gobernanza Global debe funcionar en base de la igualdad soberana de todos los países, el rechazo del unilateralismo y de todo hegemonismo, la no intromisión de ninguna clase en los asuntos internos, la cooperación en vez de la confrontación y las negociaciones según el principio de ganar-ganar. Así como la sustitución o reforma profunda de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y construir un orden mundial más justo, pacífico y próspero para todos. ¡Muy bueno y hermoso todo eso, para que fuera verdad!

En realidad, lo que pretenden los gobiernos de China y sus aliados y amigos es liquidar el orden internacional que propugna la democracia como sistema de gobierno, la libertad individual de las personas como forma de vida y el reconocimiento y respeto a los derechos humanos como base de la convivencia social. Principios que constituyen la sustancia de la Carta de la ONU, la Declaración Universal de los Derechos Humanos y otros instrumentos del derecho internacional contemporáneo.

Además, mediante el Plan de Gobernanza Global se quiere imponer una nueva hegemonía mundial, compartida por China con Rusia y sus aliados, que casi todos o en su gran mayoría son países con regímenes autoritarios que no respetan las libertades individuales, los derechos humanos y la democracia.

Según los líderes chinos, ellos no pretenden imponer la Gobernanza Global o nueva hegemonía mundial, mediante el uso de la fuerza, sino a través de acciones persuasivas que atraigan el mayor apoyo posible. Actuando según la antigua y proverbial paciencia china.

Este plan no es de ahora. Viene desde el año de 1996 cuando China formó el grupo de los Cinco de Shanghái, que fue reimpulsado a mediados de 2001 cuando se transformó en la Organización de Cooperación de Shanghái. Pero ha cobrado fuerza este año, cuando China percibe que Estados Unidos con el gobierno de Donald Trump está abandonando el multilateralismo, poniendo fin a los programas de cooperación externa y ayuda internacional, y lastimando las relaciones con muchos países que históricamente han sido sus socios y amigos.

Según los analistas de política internacional, la verdad es que con las políticas de Trump Estados Unidos está facilitando el avance de China, que se presenta como la gran potencia promotora de un nuevo tipo de relaciones internacionales, fundadas en la armonía, el respeto a la diversidad y los valores compartidos, sin imposiciones culturales o ideológicas.

Lo que incluye sobre todo no inmiscuirse para nada en las políticas internas de los países, aunque sean gobernados por dictaduras que atropellan atrozmente los derechos humanos de su propia gente. 

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