Dictadura lava cerebros hasta en centros de educación privados

En su edición del lunes uno de septiembre, LA PRENSA informó que el adoctrinamiento ideológico de la dictadura sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo, que infesta todo el sistema de educación pública, ha sido extendido a los centros educativos privados que son mayormente religiosos.

En una nota titulada “Diputados orteguistas en gira de adoctrinamiento en centros de estudio”, este Diario ha informado que “bajo amenazas de represalias, colegios privados y centros católicos están recibiendo a funcionarios sandinistas en sus instalaciones”.

Señala LA PRENSA que el diputado sandinista Edwin Castro impartió el pasado miércoles 27 de agosto en la Universidad Tecnológica La Salle, de León, una conferencia sobre el concepto de soberanía del régimen dictatorial bicéfalo de Ortega y Murillo. Y en la Keiser University que tiene su sede en San Marcos, Carazo, el diputado sandinista Carlos Emilio López brindó otra charla de adoctrinamiento ideológico sobre el mismo tema.

Otros medios independientes de información han mencionado que la tarea de estos adoctrinadores sandinistas en los centros privados de educación es explicar la nueva Constitución Política totalitaria que ha sido impuesta por la dictadura. Como si fuera posible explicar un despropósito irracional como es ese mamotreto antijurídico al que llaman constitución.

Acerca del totalitarismo de Nicaragua hemos escrito varios comentarios editoriales. Pero hay que seguir ahondando sobre sus componentes fundamentales, porque es necesario conocer ese sistema de opresión absoluta que impera en Nicaragua, para poder combatirlo mejor.

Se conoce que el régimen totalitario se basa ante todo en la práctica del terrorismo de Estado. Pero hay más que eso. El totalitarismo se funda también en el control de los medios de comunicación con el fin de manipular la información, difundir la ideología totalitaria e impedir o censurar cualquier opinión contraria. Y utiliza el adoctrinamiento para inculcar a la gente la ideología del régimen, desde la infancia hasta la juventud, a partir del control de la educación primaria, intermedia y superior. Y si acaso subsisten algunos centros de educación privados y religiosos, como en Nicaragua, se les obliga a aceptar a los comisarios ideológicos del adoctrinamiento como ha ocurrido en las universidades La Salle y Keiser.

El régimen totalitario utiliza también la cultura general con el propósito de lavar el cerebro de la gente y someterla ideológicamente. Lo hace mediante la falsificación de los símbolos, de la historia y la tradición cultural del país, y creando sus propias expresiones contraculturales con el fin de promover el endiosamiento del líder (de los dos líderes, en el caso de Nicaragua), y el culto a la personalidad que envilece las conciencias y rebaja la dignidad de quienes lo practican.

Sin embargo, también hay que decir que el lavado de cerebro tiene éxito solo de manera relativa y temporal. Aunque pueda durar mucho tiempo, como en Corea del Norte (desde 1948), en China (desde 1949) y en Cuba (a partir de 1959).

No obstante, es solo a una parte minoritaria de la población que el totalitarismo logra embrutecer y fanatizar. La mayoría de la gente solo finge obediencia en público, mientras que en privado reniega y se burla de los líderes y del sistema.

Así quedó demostrado con la experiencia histórica del fascismo en Italia, del nazismo en Alemania, del estalinismo en la Unión Soviética y los antiguos países comunistas de Europa Oriental. En todos ellos, cuando se derrumbó el totalitarismo se comprobó que la mayor parte de la gente sólo había fingido que la habían despojado de su propia conciencia y su pensamiento libre, que constituyen una condición indispensable de la dignidad humana.

Y sin duda que así es también en Nicaragua, como se podrá ver cuando este país, hasta ahora infortunado, vuelva a ser una república democrática.

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