Tomar decisiones en medio del caos

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Nos enfrentamos a una mayor incertidumbre económica, geopolítica y social que en cualquier otro momento de la historia reciente. En estas condiciones, es crucial que los CEO, los responsables de las políticas, los inversores y otros responsables de la toma de decisiones recurran a un conjunto más amplio de fuentes de datos y filtren más señales de diversa calidad y fiabilidad. Asimismo, deben hacerlo en un mundo que está absorbiendo los efectos de la desglobalización, en medio de crecientes tensiones internacionales y rápidos avances tecnológicos como la difusión de la IA. Aquí y en otros ámbitos, los particulares y las empresas cuyas actividades podrían afectar a toda la sociedad operan con escasa regulación o supervisión.

Por lo tanto, los responsables de la toma de decisiones deben tener en cuenta una variedad de riesgos. Abrumados por el enorme volumen de datos y la profundidad de la incertidumbre actual, podrían simplemente no hacer nada; pero eso también es una decisión con consecuencias potencialmente significativas.

Quienes dirigen grandes organizaciones o fijan políticas también deben ser cautos a la hora de confiar en datos o modelos que no reflejen adecuadamente la dinámica actual en términos macroeconómicos, geopolíticos y de mercado. La mala toma de decisiones, la asignación inadecuada de activos o las políticas erróneas son especialmente preocupantes ahora que los riesgos de cola parecen elevados. En tales condiciones, es probable que los costos de cualquier decisión incorrecta se amplifiquen sustancialmente.

La toma de decisiones requiere plantear el problema correctamente, examinar el terreno, actualizar los datos y las fuentes de información en consecuencia, y establecer un modelo para evaluar las distintas opciones. Cada etapa de esta secuencia —lo que el estratega militar John Boyd denominó el bucle OODA (observar, orientar, decidir, actuar)— debe revisarse constantemente para reflejar los cambios estructurales.

Enmarcar correctamente el problema implica identificar claramente el objetivo general. Una empresa quiere maximizar los beneficios y el valor para el accionista, al igual que un responsable de políticas puede querer maximizar el nivel de vida de los ciudadanos. En cualquier caso, los responsables de la toma de decisiones deben identificar y centrarse en aquellas áreas en las que tienen un control real, como la distribución de recursos, las prioridades de reducción de costos o la dirección estratégica general (preguntándose, por ejemplo, en qué regiones debe operar).

La segunda tarea consiste en reconocer las dinámicas que determinan sus condiciones operativas. La pandemia del covid-19 puso de manifiesto que el panorama puede ser mucho más complejo de lo que se pensaba inicialmente. Lo que en un principio se vio como un problema de un solo actor con un horizonte temporal definido —como un problema sanitario que se resolvería en el lapso de un año una vez que se lanzara una vacuna— pronto resultó ser un problema de múltiples actores con horizontes temporales cambiantes.

Desde la salud pública y la economía hasta los entornos educativos y sociales, la pandemia afectó a todos los ámbitos de la vida ciudadana. Cinco años después, el mundo sigue enfrentándose a problemas relacionados con la pandemia, como la elevada carga de la deuda pública, las enfermedades mentales y el menor nivel educativo.

Mientras tanto, la tendencia a la desglobalización ha continuado, alterando el terreno de operaciones de las empresas globales. Los líderes empresariales deben plantearse ahora cómo maximizar sus beneficios financieros en un mundo más compartimentado, donde los pilares de la economía globalizada —libre circulación de bienes, capital y mano de obra a través de las fronteras, junto con la gobernanza multilateral— se están erosionando o incluso derribando.

En estas circunstancias, muchos modelos de negocios establecidos se están volviendo más riesgosos u obsoletos. Ya no se puede asumir la capacidad de contratar talento internacional, mantener centros de compras globales, pedir préstamos baratos en Londres y Nueva York o invertir en mercados emergentes y repatriar los beneficios.

En tercer lugar, todos los líderes deben actualizar periódicamente sus herramientas analíticas. Este imperativo es aún más urgente en la era de la IA. La tarea consiste no solo en reevaluar la amplitud y profundidad de las fuentes de información, sino también en abordar los problemas de calidad de los datos. La mera escala y sofisticación de los análisis basados en IA significa que los responsables de la toma de decisiones pueden y deben pasar por el bucle OODA con mucha más celeridad, como cuando se evalúa una posible inversión en un nuevo país o se considera la viabilidad de una política.

Por último, la forma en que los responsables de la toma de decisiones evalúan las diferentes opciones es fundamental. Muchas instituciones utilizan estrategias de mitigación de riesgos para determinar cómo deben asignar los recursos. Pueden guiarse por mandatos regulatorios explícitos o por sus propias evaluaciones de la exposición de las inversiones en condiciones cada vez más inciertas. Así, los consejos de administración de las empresas recurren con más regularidad a estas estrategias para proteger el valor de los activos y ajustar los planes de inversión y gasto de capital, reservando quizá fondos de contingencia cuando el entorno operativo se vuelve más volátil.

Del mismo modo, en los mercados financieros, los inversores suelen utilizar el Criterio de Kelly (una fórmula de la teoría de la probabilidad) para determinar la apuesta o inversión óptima para maximizar el crecimiento de la riqueza a largo plazo. Alternativamente, el criterio de arrepentimiento mínimo-máximo (o minimax) minimiza el arrepentimiento potencial máximo de una decisión. En este caso, el responsable de la toma de decisiones mitiga la pérdida potencial (arrepentimiento), en lugar de tratar de maximizar los beneficios dada la incertidumbre.

En la práctica, todos estos métodos ofrecen una forma de cuantificar una medida del éxito y una medida del riesgo y, luego, comprender el equilibrio entre ambos valores. Pero, en tiempos de creciente incertidumbre, hay que preguntarse si el método elegido sigue siendo pertinente o ideal. Los responsables de la toma de decisiones deben reconocer que no revisar cómo sopesan sus opciones —intentando mantener el statu quo— conlleva sus propios riesgos.

La autora es economista internacional, autora de Edge of Chaos: Why Democracy Is Failing to Deliver Economic Growth – and How to Fix It (Basic Books, 2018).

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