Iglesia católica sigue siendo perseguida

La abogada nicaragüense, investigadora de violaciones a los derechos humanos, y en particular a la libertad de religión, Martha Patricia Molina Montenegro, informa que la dictadura sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo no deja de perseguir a la Iglesia católica de Nicaragua.

La doctora Molina, quien está exiliada en Estados Unidos (EE. UU.) por la represión de la dictadura, presentó este miércoles 27 de agosto la VII entrega de su informe Nicaragua: una Iglesia perseguida, en el que documenta todos los actos de agresión y hostilidad que desde el año 2018 ha venido sufriendo la Iglesia nicaragüense.

La doctora Molina Montenegro informa que desde abril de 2018 hasta julio de 2025 ocurrieron más de mil agresiones de la dictadura contra la Iglesia católica de Nicaragua. En ese período, señala, el pico más alto de la represión contra la Iglesia católica se registró en 2023, con 321 agresiones. Sin embargo, en lo que va del presente año sólo ha podido registrar 32 ataques contra la Iglesia, siendo el más importante la confiscación del histórico Colegio San José, de las Hermanas Josefinas, en la ciudad de Jinotepe, departamento de Carazo.

Sin embargo, la investigadora Molina explica que la disminución en cifras de las agresiones “no significa que se está instaurando un nexo cordial entre la dictadura Ortega-Murillo y la Iglesia católica, sino que en esta etapa de la represión la Iglesia se encuentra diezmada”. Aclara que “los clérigos en ninguna circunstancia pueden denunciar los atropellos y vigilancias diarias a los que son expuestos. Omiten exponer en público sus sufrimientos por las amenazas previas que reciben de parte de miembros de la Policía Nacional: el que habla va preso y desterrado”.  

Por la razón que sea, nos alegra saber que en los últimos meses no han ocurrido ni encarcelamiento ni destierro de obispos, sacerdotes, diáconos y otras personas consagradas. Y quisiéramos que no los hubiera más, pues ha sido terrible el martirio que ha sufrido la Iglesia católica en los últimos 7 años y cuatro meses, desde que la dictadura comenzó su campaña de exterminio de la oposición y arrastró en la represión a la institución eclesial.

También ha causado mucha alegría al pueblo católico nicaragüense la información de que el recién pasado 23 de agosto el papa León XIV recibió en audiencia a los obispos nicaragüenses desterrados por la dictadura, monseñor Carlos Herrera (presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua), monseñor Silvio Báez y monseñor Isidoro Mora, a quienes el santo padre confirmó como obispo de Jinotega, obispo auxiliar de Managua y obispo de Siuna, respectivamente.

Aunque alejados de sus diócesis y sus feligreses por la fuerza de la represión, los obispos se mantienen en comunión con ellos, esperando la oportunidad de poder regresar a su patria. A su tierra, de la que nunca debieron ser expulsados y a la que tienen mucho deseo y pleno derecho de volver; igual que todos los nicaragüenses que han sido obligados al exilio por la dictadura, muchos de ellos desterrados y despojados hasta de su nacionalidad.

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