Controversia de China con EE. UU. por hegemonía en América Latina

Desde que asumió su segundo mandato presidencial en enero del presente año, Donald Trump comenzó a cuestionar a China por la influencia geopolítica e ideológica que ha alcanzado en América Latina y el Caribe, región a la que por mucho tiempo Estados Unidos (EE. UU.) ha tratado como a su “patio trasero”.

La controversia con China fue avivada el jueves 21 de agosto por el almirante Alvin Holsey, jefe del Comando Sur de EE. UU., quien en un discurso que pronunció en Buenos Aires, Argentina, acusó a China de exportar su “modelo autoritario” en la región. El almirante Holsey dijo eso al inaugurar la Conferencia Sudamericana de Defensa (Southedec), que reúne a los jefes militares de Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, Chile, Paraguay, Perú, Surinam y Uruguay; y en la que participan como observadores los ejércitos de Canadá, Francia, España, Portugal y Reino Unido.

Acompañado por el subsecretario para la Defensa Nacional y Asuntos Hemisféricos de Estados Unidos, Roosevelt Ditlevson, el jefe del Comando Sur expresó que “las empresas chinas capturan tierra, capturan infraestructura crítica y sectores estratégicos como la energía y las comunicaciones. China controla la inteligencia militar y las instalaciones espaciales en todo este hemisferio y amenaza puntos de acceso marítimo crítico como el Canal de Panamá, que es vital para la economía de cada nación”.

China ripostó este lunes 25 de agosto por medio del portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Guo Jiakun, quien declaró que los comentarios del jefe militar estadounidense “siguen un viejo patrón, falso e inconsistente con los hechos” y revelan “la mentalidad propia de la Guerra Fría que mantienen aún muchas personas en Estados Unidos”.

Expresó el funcionario asiático que “a lo largo de los años China ha cooperado en varios ámbitos con países de Latinoamérica desde el respeto, la igualdad, el beneficio mutuo y la inclusión”. Aseguró que la cooperación china “ha servido al interés común de ambas partes” y que ha “impulsado las economías de estos países”, algo que ha sido “bienvenido” por la gente de la región”.

Agregó que “en contraste, EE. UU. ha intentado durante años y por todas las maneras interferir y controlar la región con un comportamiento intimidatorio”. Y sentenció que América Latina “no es el patio trasero de Occidente” y tiene “todo el derecho de elegir a sus socios y su propio camino de desarrollo”.

En Nicaragua la presencia y la influencia china también se hacen sentir fuertemente, desde que en diciembre de 2021 la dictadura sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo rompió relaciones con Taiwán y las restableció con China comunista.

Desde entonces Nicaragua ha suscrito numerosos acuerdos de grandes proyectos de inversiones en infraestructura y explotaciones mineras con China. Pero, aunque su presencia es muy amplia y visible en Nicaragua, la participación de China en la economía nacional del país todavía es mucho menor que la de EE. UU. De hecho, la influencia china es mucho más notoria en actividades políticas y diplomáticas.

Según el doctrinario político latinoamericano Fernando Mires, tanto el presidente Donald Trump como el líder chino, Xi Jinping, son nacionalistas y tienen el mismo propósito de hacer que EE. UU. y China “sean grandes otra vez”. La diferencia —observa Mires— es que “el poder de Xi es totalitario. Trump, por su parte, no es un demócrata, pero nunca podrá convertir a los Estados Unidos en una nación totalitaria”.

Ante el fracaso del modelo económico comunista, la dirigencia china emprendió la vía capitalista de desarrollo, conservando del comunismo sólo el régimen político totalitario. El desarrollo capitalista durante los últimos cuarenta años le permitió a China dejar de ser una nación atrasada y empobrecida, para convertirse en la segunda economía más grande del planeta y ahora disputa la hegemonía global con la superpotencia americana.

Bajo el liderazgo de Xi Jinping, China ha impulsado con particular energía el proyecto de convertirse en la potencia hegemónica del mundo, presentándola como un liderazgo multilateral compartido con otras potencias, como Rusia y las del llamado Sur Global.

Sin embargo, el presidente Donald Trump con su proyecto en marcha de “hacer grande a América otra vez”, parece resuelto a contener la expansión china en América Latina y el Caribe, que desde los tiempos de la Doctrina Monroe (América para los americanos) fue el traspatio geopolítico de EE. UU. y su exclusiva zona de influencia y dominio.

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