Paz por territorios, hacia el fin de la guerra en Ucrania

Este lunes 18 de agosto el presidente de Estados Unidos (EE. UU.), Donald Trump, se reunió en Washington con el presidente ucraniano Volodímir Zelenzki y la Coalición de Voluntarios de apoyo a Ucrania, integrada por varios líderes de la Unión Europea y la OTAN.

Esta reunión tuvo lugar un par de días después del encuentro en Alaska de Trump con Vladímir Putin, el presidente de Rusia, la potencia agresora y causante de la guerra en Ucrania, que comenzó el 24 de febrero de 2022 y pareciera no tener fin. Es lo que pasa con casi todas las guerras, que se conoce cuándo comienzan, pero nunca se sabe cuándo y cómo van a terminar. Y es la misma regla que se aplica a las dictaduras, que se instalan fácilmente en el poder, pero después es muy difícil, costoso y tardado recuperar la democracia, o construir una nueva.

El propósito de la reunión multilateral en Washington era avanzar en la búsqueda de cómo poner fin a la guerra en Ucrania. Una guerra que, según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington (CSIS por sus siglas en inglés), ha causado la muerte de “cerca de 400,000 soldados ucranianos y casi un millón de soldados rusos”. Aparte de la gran cantidad de víctimas civiles y una inmensa destrucción material, lo que en el lenguaje militar se llama falazmente, “daños colaterales”.

Según la información de LA PRENSA basada en un reporte de BBC News de la reunión en Washington de Trump con Zelenski y la Coalición de Apoyo a Ucrania se han podido sacar cuatro conclusiones. Estas son, primera, que habrá otra reunión preparada por Trump en la que participaría el presidente ruso Putin; segunda, que Trump ha cambiado la postura de que para negociar la paz previamente debe haber un cese del fuego; tercera, que EE. UU. se compromete a garantizar la seguridad de Ucrania y de Europa, pero sin enviar tropas estadounidenses; y, cuarta, que esta vez el encuentro de Trump con Zelenski fue cordial, a diferencia del que sostuvieron en febrero pasado.

Una valoración más pragmática, propia de la realpolitik como se le llama al enfoque de la política internacional que prioriza las consideraciones prácticas y los intereses de las partes por encima de los principios ideológicos o morales, ha sido lo dicho por el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, sobre las reuniones en Washington y Alaska.

Según el alto funcionario estadounidense de ascendencia cubana y latinoamericana, se trata de que Ucrania y Rusia tendrán que hacer grandes concesiones mutuas para lograr la paz. “Quizás no sea justo, pero es lo que se necesita para asegurar el fin de la guerra”, sentenció Rubio, y agregó: “La definición de esas líneas dependerá de Putin y Zelenski, quienes decidirán con qué pueden convivir. Estaremos presentes para facilitarlo y hacerlo posible, y para asegurarnos de que ambas partes dialoguen”.

Rubio se refería, obviamente, por una parte, a la pretensión de Rusia de, ya que no puede apoderarse de toda Ucrania, al menos quedarse con la quinta parte de su territorio que ha ocupado mediante esta guerra, más la península de Crimea. Y por el otro lado, el reclamo de Ucrania a todas luces legítimo, de recuperar todo su territorio ocupado militarmente por Rusia, incluyendo a Crimea.

Por supuesto que la paz que quiere Putin no es la misma que reclaman los ucranianos. Ni es igual la que trata de imponer EE. UU., que es la de que Ucrania y Rusia hagan un acuerdo —voluntario o forzado— para repartirse los territorios ucranianos ocupados.

Pero, además, la condición para lograr la paz que prácticamente está imponiendo EE. UU. no es sólo que Ucrania tendrá que ceder la parte de su territorio ucraniano que está ocupada militarmente por Rusia. Es que Ucrania también perdería parte de su derecho a la autodeterminación nacional, pues no podría unirse a la OTAN para asegurar su defensa nacional y posiblemente tampoco podría ser parte de la Unión Europea, como es su legítima voluntad y el deseo del pueblo ucraniano.

Al respecto vale la pena consignar aquí una opinión europea, pero no gubernamental sino que ajena a la realpolitik que hemos mencionado arriba, y por lo mismo más objetiva. Se trata de la opinión del periódico español ABC de Madrid que en su editorial de este martes 19 de agosto, titulado La hora de la verdad, ha dicho lo siguiente:

“Lo ocurrido revela, con crudeza, el lugar que ocupa Europa en la era de la geopolítica desnuda: no en la mesa de negociación, sino en la coreografía de la sumisión. Mientras Trump y Putin redibujan sus áreas de influencia —como si el mundo fuera un mapa del siglo XIX— los líderes europeos intentan encajar sus principios en una realidad que los desborda: la invasión de Ucrania y el intento de legalizar, a golpe de negociación, que las fronteras se pueden modificar por la fuerza, un principio que se pensaba erradicado tras la dolorosa experiencia del siglo XX”.

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