Los tranques en Jinotepe fueron levantados a sangre y fuego por la dictadura. CARLOS HERRERA

Los tranques en Jinotepe fueron levantados a sangre y fuego por la dictadura. CARLOS HERRERA

La historia del tranque de San José, más allá del “cuento” de la dictadura

El colegio confiscado por la dictadura funcionó como puesto médico. Ahí nacieron cuatro bebés y se salvaron vidas, cuentan quienes estuvieron ahí.

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“Eso es puro cuento de ellos”, dice un jinotepino que estuvo en el tranque de San José, en la entrada a esa ciudad, y que niega que ahí se hubiese torturado, golpeado y asesinado a Bismarck Martínez, el simpatizante sandinista que la dictadura ha catalogado como “héroe” y “mártir”.

Según la versión de la dictadura, Martínez murió el 29 de junio de 2018 al ser detenido por simpatizantes opositores que le pidieron coima para pasar. Lo revisaron y al encontrar su carné de militante sandinista, supuestamente fue golpeado, desnudado, pintado de azul y blanco, y torturado.

Casi un año después, el 29 de mayo de 2019, la Policía informó que los restos de Martínez fueron encontrados cerca de donde se ubicaba el tranque de San José y culpó a los manifestantes que estaban ahí de haberlo asesinado y enterrado para que no lo encontraran.

“Eso es falso. Ellos mismos lo mataron y nos quieren culpar a nosotros”, detalla otro joven que estuvo en el tranque de San José, nombrado así por estar ubicado frente al Colegio San José. “Esa era una esquina bien transitada. Todo el que venía de Diriamba pasaba por ahí y ahí también hubo protestas y todo. Esa esquina se convirtió en un lugar de referencia de la lucha”, indica el manifestante.

Recientemente, la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo confiscó el Colegio San José y le puso el nombre de Bismarck Martínez. La notica fue confirmada por la misma Murillo en una de sus locuciones de mediodía.

Murillo calificó el lugar como “un centro donde se torturó, se asesinó. El golpismo, durante la nefasta, la criminal ocupación de la ciudad de Jinotepe, torturó y asesinó a compañeros y compañeras. ¿Dónde ocurrían esos crímenes? En el Colegio San José, desgraciadamente. Ese colegio ha sido trasladado al Estado por ser emblemático de la barbarie”.

Los pobladores caminaban entre las barricadas porque todo Jinotepe estaba trancado. CARLOS HERRERA

El centro educativo tenía más de 40 años de trayectoria y estaba a cargo de las monjas de la Congregación Josefinas.

Durante las protestas iniciadas en abril de 2018, el principal tranque de la ciudad no sólo se ubicó frente a ese colegio, sino que sus aulas también funcionaron como refugio de manifestantes que huían de la represión. También se improvisó un puesto médico que atendió a heridos “de los dos bandos”, dice el jinotepino que estuvo en ese lugar.

La enorme barricada que instalaron los manifestantes paralizó el transporte de carga internacional que va y viene por toda Centroamérica y México. Algunos conductores extranjeros incluso se quejaron por el tranque con el obispo de Matagalpa, monseñor Rolando Álvarez. El momento quedó registrado en video y se viralizó porque el religioso le respondió señalándole con el dedo: “Respete la patria”.

Cuatro bebés

Fue el 21 de abril de 2018 que se levantó el tranque de San José. Este bloqueó la Carretera Panamericana a la altura de la entrada principal del pueblo y la salida hacia Managua. Junto a él se levantaron otros en la ciudad, pero este era “el tranque madre”, explica el jinotepino.

“Éramos unos 20 los que empezamos en ese tranque y ya después estaba ahí casi todo el pueblo”, detalla. En este tranque estuvieron varias caras visibles de los opositores de Carazo, como Joao Maldonado, los hermanos Lesage y Nahomy Urbina conocida como “Comandante Masha”, entre otros.

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También llegaba Tomás Maldonado, exmilitar y expreso político, a orar con los jóvenes en ese lugar. Incluso el pastor evangélico Rudy Palacios, ahora convertido en preso político, también llegaba a orar con los jóvenes y a dejarles comida.

Sin querer, los manifestantes escogieron trancar una zona altamente vulnerable para el transporte internacional. De hecho, el primer vehículo que quedó varado en el lugar fue un furgón con placa de El Salvador. Y detrás de ese, varios camiones más quedaron sin poder avanzar.

“Además del tranque teníamos los furgones que también nos sirvieron como barrera para que la Policía y los paramilitares no entraran a dispararnos”, relata el joven. El transporte público tampoco funcionaba. Para transitar entre Diriamba, Dolores y Jinotepe, la gente tenía que caminar o hacer trasbordos en motos y caponeras.

Los manifestantes se defendían con lanzamorteros, piedras y lo que tuvieran a mano. CARLOS HERRERA

Era peor si los pobladores buscaban llegar a Managua o salir hacia Nandaime. Sin embargo, el hombre de Jinotepe y el joven manifestante coinciden en que nadie se quejaba por esto. “Preferían eso a estar aguantando las rafagueadas de los paramilitares y toda la matancina que hacían”, comenta el jinotepino.

Desde los primeros días —recuerda el joven— el tranque se convirtió en un lugar seguro para los manifestantes. “Ahí fue el primer foco de concentración de estudiantes, jubilados y toda la población. Ahí en la propia esquina del Colegio San José”.

En algunas ocasiones, detalla el hombre de Jinotepe, llegaban paramilitares motorizados para “hacer la avanzada, la inteligencia que le dicen ellos” y ver qué estaban haciendo los jóvenes.

En más de una ocasión estos motorizados les dispararon y hubo heridos. Sobre todo, cuando había manifestaciones. La gente corría buscando dónde esconderse para no ser alcanzados por las balas. En esos primeros días, las monjas del Colegio San José abrieron las puertas para que este funcionara como refugio.

Fue entonces cuando el colegio comenzó a funcionar como puesto médico administrado por estudiantes de Medicina y supervisado por las monjas. Las únicas condiciones fueron que no destruyeran nada y que nadie entrara con armas. Ni siquiera morteros, aunque no estuvieran cargados.

“A mí me dispararon y me pegó un refilón en la cara. No podía ir al hospital porque me llevaban preso ahí mismo o me dejaban morir. Ahí en el puesto médico me atendieron y me hicieron sutura y todo. Hasta partos se atendieron ahí porque como toda la ciudad estaba con barricadas, no se podía llegar hasta el hospital”, detalla el joven que estuvo en el lugar.

Reportes periodísticos de esas fechas indican que en el puesto médico del Colegio San José nacieron cuatro niños. Hoy en día, estos tendrían cinco años.

Al menos 22 personas murieron sólo el 8 de julio por la Operación Limpieza en Carazo.

Operación Limpieza

Los sandinistas le llaman “el tranque de la muerte” por lo ocurrido con Bismarck Martínez. Pero más allá de la versión de la dictadura, aún no está del todo esclarecido cómo murió.

“No sólo por lo de Bismarck Martínez se conoce sí. El tranque de San José es famoso por la resistencia que se le hizo al régimen desde ahí”, comenta el joven.

Este tranque desató tanto la furia de la dictadura que para desalojarlo tuvo que cobrarse la vida de 24 personas y ese 8 de julio se convirtió en uno de los días más sangrientos de las protestas, según datos de organizaciones de derechos humanos.

Ese día, al amanecer, las campanas de los templos daban la señal de alarma. Una incalculable caravana de policías y paramilitares llegaban por los cuatro puntos cardinales entre Diriamba y Jinotepe. Armados y con licencia para aniquilar.

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Muchos abandonaron no solamente el tranque de San José ante la inminente estela de muerte que se aproximaba, sino también el pueblo. Otros trataron de contener a los represores. “Ahí no podíamos hacer nada lamentablemente, lo mejor era irse”, comenta el jinotepino, quien huyó por veredas hacia Santa Teresa y luego puso rumbo hacia Rivas.

En el caso del joven, él huyó hacia San Marcos. “Primero quería irme a Diriamba, pero ahí era imposible pasar. Ni por monte porque también estaban escondidos ahí esperándonos”, relata.

Él asegura que fue de los últimos en dejar el tranque de San José. “Cuando me fui dejé una bandera prensada con uno de los adoquines y le escribí: ‘No dispares a tu pueblo’. Tal vez así se retiraban pensaba yo. Ya cuando volví a ver atrás, así a lo lejos, sólo miré un tractor que estaba levantando el tranque”.

La Prensa Domingo Costa Rica Daniel Ortega Nicaragua archivo

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