Crucial elección en Bolivia y la amarga experiencia nicaragüense

Este domingo 17 de agosto hay una crucial elección presidencial en Bolivia. No lo decimos como retórica, sino por la situación real de ese país suramericano que ha sido hundido por malos gobiernos en una profunda crisis económica y una grave restricción de derechos y libertades civiles.

Desde que la izquierda autoritaria tomó el poder hace dos décadas, con el conflictivo caudillo indígena Evo Morales al frente, esta es la primera vez que de acuerdo con lo que manda la Constitución habrá una segunda ronda electoral. Según lo que han indicado todas las encuestas, ninguno de los nueve candidatos presidenciales tiene respaldo suficiente para ganar la elección en primera vuelta, para lo cual se necesita más de la mitad de los votos ciudadanos. De manera que tendrá que haber segunda vuelta electoral, el próximo 19 de octubre.

En efecto, de confirmarse en las urnas los datos de las encuestas, la izquierda autoritaria que detenta el poder con el partido Movimiento al Socialismo (MAS) y el presidente Luis Arce al frente, no tendrá los votos necesarios ni siquiera para que su candidato pase a la segunda vuelta. Pero la derecha democrática que se presenta como alternativa, tampoco puede ganar en la primera ronda pues se presenta dividida, con varios candidatos que básicamente proponen lo mismo.

El candidato de la izquierda que ha tenido la mejor puntuación, Andrónico Rodríguez, apenas llegó al 5.5 por ciento de la intención de votos, quinto lugar en las encuestas. Por su parte, los candidatos de derecha democrática que lideran la intención de votos llegaron a 21 por ciento en el caso de Samuel Doria Medina y 20 por ciento el expresidente Jorge “Tuto” Quiroga. De manera que estos serán los que disputarán la Presidencia de Bolivia en la segunda vuelta.

Decimos que la elección de este domingo 17 de agosto es histórica para el pueblo boliviano. Pues a menos que ocurra algo extraordinario —como por ejemplo que todos los simpatizantes de la izquierda voten por uno solo de sus candidatos— se pondrá fin a la dominación gubernamental del izquierdismo y restablecerá la democracia liberal que proponen los candidatos de la derecha.

Es importante mencionar que al régimen izquierdista de Bolivia muchos analistas políticos derechistas lo calificaron como igual a las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Pero no tenían razón, porque en Bolivia, aunque con restricciones sobrevivieron libertades civiles muy importantes, como la de expresión y de prensa, la de organización política independiente, el sistema de elecciones básicamente libres y la alternabilidad en el poder. De manera que había y hay la posibilidad de cambiar el gobierno por medio de elecciones, algo imposible en los tres países antes mencionados que han sido denunciados como “enemigos de la humanidad”.

En Bolivia la extrema izquierda tenía el respaldo mayoritario de la población y ganó las cinco elecciones anteriores con mayoría absoluta de los votos. Si ahora hay posibilidad real de que el siguiente gobierno sea de derecha democrática, es porque la izquierda se dividió por sus luchas fraccionales en busca de la hegemonía política y el control del poder.

En Bolivia está ocurriendo lo mismo que pasó en Nicaragua en 2006, pero al revés. En aquel año, Daniel Ortega y el Frente Sandinista pudieron ganar las elecciones de noviembre, con el 38.6 por ciento de los votos, porque la derecha democrática se dividió. Por un lado, la candidatura de Eduardo Montealegre, que representaba a la Alianza Nicaragüense (ALN) y obtuvo 29 por ciento de los votos, y por el otro la de José Rizo, del PLC de Arnoldo Alemán, que alcanzó el 26.21 por ciento de los sufragios. O sea que entre los dos sumaron 56.21, más de 18 por ciento encima de Ortega y el partido sandinista.

Por eso Daniel Ortega y Rosario Murillo están hasta ahora en el poder y por eso mismo el pueblo nicaragüense está soportando una terrible e implacable dictadura de tipo totalitario.

COMENTARIOS

  1. Hace 10 meses

    Muchos caciques y pocos indios.

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