La dictadura sandinista contra las Hermanas Josefinas

La codictadora sandinista Rosario Murillo informó que el régimen ha confiscado el colegio católico San José, de la ciudad de Jinotepe, Carazo, que pertenecía a la congregación de monjas denominada Hermanas Josefinas. Murillo hizo este anuncio el martes 12 de agosto y de esta manera ha hecho desaparecer un prestigioso centro educativo que fue establecido hace más de cuarenta años.

En su acostumbrada perorata por los medios oficialistas de comunicación y propaganda, la señora Murillo dijo que el Colegio San José fue confiscado porque durante el estallido social y político de abril de 2018 allí fue torturado y asesinado un paramilitar sandinista llamado Bismarck Martínez.

Al respecto la primera pregunta que cabe hacer es que, si como ella asegura ese hecho habría ocurrido hace más de siete años, ¿por qué hasta ahora la dictadura confisca el colegio jinotepino de las Hermanas Josefinas?

La verdad es que nadie en su sano juicio puede creer la mentira y calumnia de la codictadora sandinista contra las Hermanas Josefinas. Ellas son personas consagradas, reconocidas por su vocación compasiva y su amor al prójimo, por su humildad personal y comunitaria, por su vida pacífica y su práctica ejemplar de la caridad cristiana.

Las Hermanas Josefinas representan todo lo contrario que la dictadura sandinista orteguista y murillista, porque esta predica el odio y practica la maldad contra los nicaragüenses que no son de su agrado. Una dictadura maligna que persigue a la Iglesia católica, a sus pastores y congregaciones para reprimirlos sólo porque hacen el bien.

Según la información de LA PRENSA, en el Colegio San José de Jinotepe se impartía la educación a más de 600 estudiantes, a los que se les inculcaba valores morales cristianos y virtudes cívicas. Ahora, en lugar de la enseñanza de calidad que obtenían en ese centro escolar tendrán que recibir la dañina “educación” chatarra sandinista.

Josefinas, más ángeles que monjas, fue el título de una información que publicó LA PRENSA el sábado 17 de septiembre de 2016, con motivo del centenario de la llegada de las Hermanas Josefinas a Nicaragua. En aquella ocasión, el mismo régimen sandinista de Daniel Ortega —que para entonces ya era una dictadura, pero aún no había emprendido su deriva totalitaria ni mostraba su odio a la Iglesia católica— tuvo que reconocer las evidentes virtudes de las Hermanas Josefinas y mandó a sus diputados a que les otorgaran la Medalla de Honor en Oro de la Asamblea Nacional.

La Congregación de las Hermanas Josefinas fue creada en México, en el año de 1872, por el sacerdote español y pedagogo cristiano José María Vilaseca, quien también fundó la Congregación de los Misioneros de San José. Y fue en febrero de 1915 que llegaron a Nicaragua las primeras diez hermanas josefinas, que de inmediato iniciaron su misión caritativa en el Hospital General de Managua y comenzaron a ganarse el cariño de la gente nicaragüense.

A partir de entonces, poco a poco y con muchos esfuerzos y sacrificios las Hermanas Josefinas se extendieron por distintas partes del país para prestar desinteresadamente sus esmerados servicios en salud, educación y asistencia social, sobre todo a los más necesitados, incluyendo enfermos, ancianos y niños.

Esas hermanas religiosas que con sus obras caritativas practican en vida la santidad, que el mismo régimen sandinista tuvo que reconocer hace nueve años, pero que ahora las ataca, calumnia y confisca, con el odio a todo lo bueno que caracteriza a las dictaduras totalitarias en cualquier parte del mundo.

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