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El presidente costarricense Rodrigo Chaves ha guardado total silencio sobre el asesinato del mayor en retiro Roberto Samcam, un destacado opositor nicaragüense que vivía en Costa Rica bajo condición de refugio desde 2018. Samcam era un personaje mediático, conocido por sus valoraciones sobre el Ejército de Nicaragua y sus duras críticas a la dictadura de Daniel Ortega, lo que hace pensar que su asesinato fue un crimen político ordenado desde Nicaragua.
El asesinato de Samcam, cometido en su casa a plena luz del día por un sicario que le disparó ocho veces, abrió de nuevo el debate sobre la inseguridad de los nicaragüenses que están refugiados en Costa Rica y el funcionamiento de células criminales sandinistas en ese país, algo que no sólo debería preocupar a los nicaragüenses, sino a los costarricenses en general y al mismo gobierno de Chaves.
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Expresidentes como Laura Chinchilla, Luis Guillermo Solís, José María Figueres y varios diputados han reconocido la gravedad de la situación y han instado al Gobierno de su país a realizar una investigación imparcial y de sanción de los responsables materiales e intelectuales del atentado y han hecho un llamado para proteger a los asilados y refugiados nicaragüenses.
Algunos diputados opositores del Legislativo costarricense han argumentado que el crimen de Samcam se trata de un asunto de seguridad nacional, lo que significa que debe urgir a la Presidencia para que se investigue a través de la Dirección de Inteligencia y Seguridad Nacional (DIS).
Sin embargo, el presidente Chaves ha preferido callar sobre este hecho ocurrido el pasado 19 de junio.
¿Silencio prudente?
El catedrático costarricense y especialista en relaciones internacionales y seguridad, Carlos Torres, ve «prudente» el silencio del presidente Chaves, porque, para él, se trata de una situación delicada, en la que está obligado a convivir con un vecino que es un «régimen hostil hacia Estados Unidos».
«El país quiere mantener buenas relaciones internacionales y evitar choques innecesarios. Por eso, esto requiere una diplomacia fina: informar con precisión, actuar con prudencia y, si se requiere, elevar el tono, pero sólo con pruebas claras», dijo el experto.
Para el catedrático, un error en este contexto podría tener consecuencias graves, por eso «el silencio actual es prudente».
«Cada vez que la comunidad nicaragüense organiza un evento, se asume que hay personas ligadas al régimen observando. Algunas buscan generar teorías conspirativas o descalificar, otras amedrentar, y otras pueden llegar a casos como los que hemos visto. Lo sabemos», agregó el experto contextualizando la gravedad de la situación.
El catedrático insistió en que las autoridades costarricenses deben investigar bien el origen del atentado.
«Aunque algo parezca lo que es, puede que no lo sea. Nicaragua es una sociedad pequeña, donde todos se conocen. Lo que parece político a veces puede ser una venganza personal disfrazada. Lo que corresponde ahora es seguir investigando y esclarecer todo. Es el momento de la paciencia, de la concordia, de hacer una investigación profunda con toda la ayuda necesaria».
Si hay un trabajo de inteligencia detrás del asesinato de Roberto Samcam, el experto dijo que esto eleva las alertas para Costa Rica, porque eso significa que «no sólo observan a nicaragüenses; probablemente también a costarricenses».
«Independientemente de que sea un crimen común, confirma la presencia de células del régimen haciendo trabajo de inteligencia a diferentes niveles y con distintos objetivos», dice.
«El país debe tomarse en serio las denuncias de los opositores. No se puede ser ingenuo y pensar que este fue el primero. Seguramente hay muchos que han denunciado hostigamiento o espionaje, aunque no hayan llegado al extremo del asesinato. Todas las ONG nicaragüenses en Costa Rica saben que alguien las observa, que quieren tomar acciones en su contra, ya sea en forma de desprestigio o de algo más grave», expresó el experto.
Negocios en juego
Por su parte, un analista político que habló con LA PRENSA bajo condición de anonimato manifestó que el presidente de Costa Rica tiene muchas razones para callar, por temor a generar una situación peor de la que ya existe.
Para comenzar, el analista vinculó el silencio de Chaves con el temor que tienen los empresarios costarricenses a perder sus relaciones comerciales con Nicaragua.
«Aquí hay un gran temor de la clase empresarial que tiene negocios con Nicaragua. Hay mucha presión de Dos Pinos por el lado empresarial. Hay temor de que el gobierno de Ortega, ante cualquier declaración fuera de tono del Gobierno de Costa Rica, venga con represalias en contra de ellos, entonces eso hace que el Gobierno (tico) tenga muchísimo cuidado cada vez que tenga que declarar algo sobre Nicaragua y particularmente este gobierno que tiene mucha cercanía con los sectores privados del país», valoró la fuente.
También dijo que, por otro lado, «los organismos de seguridad de Costa Rica tienen un intercambio muy ‘fructífero’ con la Policía y el Ejército de Nicaragua y no lo quieren entorpecer».
Todo esto además se da en un año preelectoral, en el que Chaves va a apostar por reelegir a alguien de su partido, algo que lo lleva a tener cuidado con meterse en temas delicados, según la fuente.