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El conflicto en Medio Oriente, en el que Estados Unidos se involucró directamente con el ataque a tres bases militares iraníes y la respectiva respuesta de Irán este lunes, mantiene a la humanidad atenta al desarrollo de los acontecimientos. En redes sociales, algunos usuarios han expresado preocupación por las posibles repercusiones en América Latina. Mientras unos consideran que el impacto será principalmente económico si la situación no escala, pero otros temen consecuencias más directas si el conflicto se intensifica.
Aunque el presidente estadounidense Donald Trump anunció el lunes un «alto al fuego» entre Israel e Irán que marcaría el fin de la guerra, los especialistas consultados tienen posturas divididas sobre el posible efecto de esta crisis en América Latina. Algunos sostienen que no hay indicios concretos de un impacto inmediato en la región, mientras que otros advierten que, en caso de una escalada, ciertos puntos estratégicos latinoamericanos podrían convertirse en objetivos de represalias, tanto para Irán como para Estados Unidos.
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Conflicto aun no alcanza Latinoamérica
El analista costarricense en relaciones internacionales, Carlos Murillo Zamora, expresó a LA PRENSA que es muy poco probable que el conflicto en Medio Oriente, aún si continúa tras el anuncio del «alto al fuego», se extienda hacia América Latina.
«No existe una voz latinoamericana articulada, como sí ocurre en la Unión Europea. Por eso seguirá siendo un conflicto regional, con una presencia importante de actores como Turquía y Arabia Saudita, cuya postura aún está por definirse», aseveró.
Murillo también destacó que existen posturas claras frente al ataque de Irán. Señaló el rol de la Unión Europea, aunque considera que ha sido ignorado por la Casa Blanca. Asimismo, mencionó la posición de Rusia, tras su encuentro con el canciller iraní Seyed Abbas Araghchi, y la presión de China por una salida diplomática.
Las opciones de América Latina, especialmente de Centroamérica, en este conflicto son limitadas. Según el analista, no irán más allá de llamados al diálogo y al restablecimiento del papel de la diplomacia, con el fin de evitar una escalada militar.

¿Repercusiones de los ataques en América Latina?
Para el exdiplomático panameño Guillermo Cochez, si el conflicto en Medio Oriente escala, podría tener consecuencias en países como Panamá, debido a su importancia estratégica para Estados Unidos.
«Esto afecta a Panamá y, como consecuencia, al resto de América Latina. Vemos lo que está ocurriendo con el anuncio del ejército iraní de que prohibirían el paso por el estrecho de Ormuz, lo cual ya ha generado una reacción por parte de China. Irán sabe lo que representa el Canal de Panamá para Estados Unidos y para el comercio global, especialmente para los propios estadounidenses. Panamá moviliza el 6 por ciento de la carga mundial y el 40 por ciento de toda la carga que entra y sale de Estados Unidos», dijo Cochez a este Diario.

Efectos colaterales más probables
El politólogo costarricense Carlos Cascante considera que, por ahora, América Latina no figura entre los objetivos inmediatos de una eventual represalia iraní contra Estados Unidos. Sin embargo, advierte que la región podría verse afectada por las consecuencias colaterales de las tensiones geopolíticas, especialmente en el ámbito económico y diplomático.
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En este contexto, Cascante señala que países como Venezuela, Nicaragua y Cuba podrían verse impactados por un endurecimiento de las medidas estadounidenses, como el aumento de aranceles o la suspensión de licencias petroleras. En el caso de Nicaragua, el régimen de Ortega mantiene una relación estratégica con Irán que le permite sortear algunas de las sanciones impuestas por Estados Unidos.
«El régimen no puede darse el lujo de quedarse solo», explicó Cascante.

Regímenes aliados de Irán bajo la lupa
El lunes, una alta funcionaria del Departamento de Estado de Estados Unidos reiteró que su país sigue considerando a los regímenes de Nicaragua, Cuba y Venezuela como «enemigos de la humanidad», particularmente por su estrecha relación con Irán, un país que la administración Trump acusa de ser «patrocinador del terrorismo».
Al respecto, Murillo Zamora señaló que en los conflictos del siglo XXI, la retórica juega un papel central. Desde su perspectiva, Estados Unidos está reviviendo la noción del “eje del mal”, formulada por el expresidente George W. Bush, que incluía a Cuba, Venezuela, Nicaragua e Irán.
«Ese señalamiento no irá más allá, a menos que el conflicto se convierta en una guerra generalizada que desborde el Medio Oriente. Con el régimen Ortega-Murillo no hay certezas, porque no aplican lógica. Es previsible que salgan a condenar a Estados Unidos, ya que atacaron a sus principales aliados», dijo Murillo Zamora.
Influencia iraní histórica en América Latina
Para el especialista en seguridad argentino, Ricardo Ferrer Picado, América Latina no es simplemente una espectadora del conflicto entre Irán y Occidente. Según explicó, desde la Revolución Islámica de 1979, Irán ha incluido a la región en su visión geopolítica, promoviendo una ideología chiita con aspiraciones globales. Inicialmente, esta influencia se canalizó a través de antiguas redes del partido comunista, de la diáspora libanesa mediante Hezbolá y, en menor medida, de la palestina asociada a Hamás.

No obstante, Ferrer advierte que este modelo ha evolucionado en las últimas dos décadas hacia una convergencia peligrosa entre organizaciones terroristas y estructuras del crimen organizado. En su tercera fase, esta alianza cuenta con el respaldo de regímenes autoritarios como los de Cuba, Venezuela y Nicaragua, que han facilitado la operación de estas redes híbridas en sus territorios.
“No se trata sólo de una amenaza externa: el papel de América Latina se define también desde adentro, cuando los propios gobiernos permiten que estas organizaciones operen en sus territorios”, advirtió.
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Ferrer recordó casos concretos que evidencian estos vínculos, como los documentos facilitados por Tareck El Aissami en Venezuela o los hallazgos de las operaciones Trapiche I y Trapiche FT, en las que se descubrió que uno de los organizadores de los atentados contra la Embajada de Israel en Buenos Aires (1992) y la AMIA (1994) operaba con documentación venezolana y mantenía vínculos directos con el entorno de Hassan Nasrallah, líder de Hezbolá.
Por ello, Ferrer considera que las democracias latinoamericanas deben asumir un rol más activo y estratégico.
“El rol de América Latina no sólo lo define Irán, sino sus propios países, si quieren ser proactivos y terminar con las acciones en sus propios territorios de estas redes convergentes que hasta generan narrativa del caos en una guerra asimétrica con ataques híbridos. O esperan a que suceda algo y lamentarse luego. La receta es cooperación, inteligencia y prevenir”, señaló.
Dictadura mantiene a su embajador
Pese a la escalada del conflicto, regímenes autoritarios como el de Nicaragua mantienen intactas sus relaciones diplomáticas con Teherán. La presencia del embajador nicaragüense Ramón Moncada en ese país evidencia el apoyo del régimen Ortega Murillo a Irán.
“No hay ningún beneficio real para los pueblos representados en estas embajadas. En todo caso, sirven a los intereses del propio régimen, facilitando la transferencia de mecanismos de coerción y vigilancia hacia su ciudadanía”, advirtió Ferrer.
El analista sostiene que la permanencia de estas delegaciones diplomáticas no es neutral ni simbólica, sino parte de un entramado geopolítico que condiciona el accionar interno y externo de estos gobiernos.