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«Sebastián», nombre ficticio para proteger su identidad, observa cada día cómo su jefe, «Julián» —viceministro y director general en una institución del Estado— arremete contra trabajadores públicos de la tercera edad, sin que nadie se atreva a contradecirlo.
—¿Para qué vienen a trabajar?, si sólo viven enfermos. Yo no necesito ingenieros, sino gente ingeniosa —se oye en los pasillos de la institución.
Pero Julián, un férreo militante sandinista, fue más allá. En marzo de este año canceló los viáticos de desayuno que recibía el personal de limpieza y los conductores que llegaban antes de las 7:00 de la mañana. Además, según la fuente, redujo el salario a un grupo de trabajadores ante la indiferencia de los sindicatos, controlados por el régimen. Sin embargo, el aporte económico que estos trabajadores entregan al Frente Sandinista de Liberación Nacional —el partido oficialista— no fue reducido.
“Aquí todos sabemos que el ministro y el viceministro tienen empresas y plata a manos llenas. Sin asco nos recortaron el salario. Sabiendo que no dan los salarios para subsistir. Su maldad no tiene límites”, dijo Sebastián.
Mientras reprime a los trabajadores mayores, Julián se rodea de un grupo que lo atiende como a un «rey». Cuenta con dos secretarias y un asistente a su servicio, quienes lo acompañan constantemente por los pasillos de la institución.
«A la hora del almuerzo en el comedor, una de las secretarias retiraba la comida del bufete, y se la llevaba hasta la mesa, para que el ingeniero no se levantara de la silla», señaló una fuente.

Falta de recursos se siente en las instituciones
«Marisol», quien labora en otra institución del Estado, afirma que desde hace varios meses las condiciones laborales se han deteriorado de forma drástica.
«No hay papel higiénico en los baños. Las conserjes se quejan de que no hay bolsas para recoger la basura», señaló Marisol.
«Pedro», otro funcionario público en una institución distinta, confirmó la falta de insumos básicos: «En la oficina hace falta material para impresiones, y a veces hasta el agua y el papel higiénico».
Lo que más afecta a Marisol es el temor de expresar sus inconformidades, por miedo a ser despedida o encarcelada.
«En todo momento hay que cuidar lo que uno dice porque hay personas que reportan en los grupos de WhatsApp de los más radicales políticamente. Incluso, estos reportes y chismes llegan a los jefes de mayor nivel», relató.
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Reducción arbitraria de salario
Desde marzo, Marisol y varios compañeros de su institución sufren una reducción salarial sin justificación alguna. Ante los reclamos, los superiores se desentienden.
«Los jefes se lavan las manos y dicen que eso es medida del viceministro, que ellos no pueden hacer nada. No hay a quién recurrir porque Recursos Humanos dice lo mismo», explicó.
«Entre los compañeros se guarda silencio por temor, pero hay mucha aflicción porque hay que pagar escuelas y los productos no dejan de subir. Los jefes siguen con sus beneficios igual, los de ellos y su personal de confianza, que son los que tienen acceso a combustible, celulares y capacitación», añadió.
Otros trabajadores públicos consultados por LA PRENSA confirmaron también que sus salarios fueron reducidos. No obstante, es difícil precisar en cuántas instituciones se ha implementado esta medida ni cuántos trabajadores han sido afectados.

Estudios condicionados
«Pedro» afirma que su jefe ha privilegiado a un grupo de allegados, a quienes se les asignan altos salarios, incluso sin experiencia ni formación adecuada.
«Aquí hay gente que tienen licenciaturas que no tienen que ver en las áreas donde los asignan y que tal vez se requiere de especialistas. Ponen gente porque es hijo de algún amigo de los directores o parientes», señaló.
Además de los altos sueldos, este grupo goza de beneficios como estudios y viajes. A quienes no están en gracia con los jefes, en cambio, se les dificulta el trabajo.
«Aquí hubo un caso del hijo de un ministro que estudió en el extranjero una maestría. Apenas terminó, corrieron al trabajador que tenía una plaza en una dirección y lo pusieron. Los de Recursos Humanos hacen los favores de ubicar a parientes en puestos», relató Pedro.
«Las oportunidades de salir adelante de forma profesional están destinadas sólo a los hijos de papi», señaló.
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Obligatorio asistir a marchas
Pedro también denuncia que es obligado participar en actividades partidarias los fines de semana.
«Ya no les basta que se haga en días regulares. Esas actividades es perder un día entero porque tenés que dejar a medias tus actividades personales para irles a llenar sus marchas», relató.
Asimismo, criticó que le descuenten un uno por ciento de su salario mensual para «programas sociales», sin rendición de cuentas sobre su destino.
«Wendy», otra trabajadora estatal, lamenta que ya no puede planificar su tiempo libre, «porque no sabés si te van a llamar para ir a marchar. Te ven como un objeto al cual ponen y disponen a su voluntad».
«Los días lunes se imparten charlas políticas a favor del gobierno. A estas charlas les llaman cursos o diplomados», relató.
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Se reducen actividades
Wendy indicó que este año ha sido especialmente crítico en cuanto al cumplimiento de las actividades asignadas, debido a la falta de transporte y recursos para realizarlas.
«Los jefes de mayor nivel hacen discursos como para niños, queriéndote convencer de que todo está bien y de la honestidad de los gobernantes», señaló.