Lista de reproducción
- No hay más artículos para escuchar
La constitución del planeta tal cual lo conocemos hoy, se forjó —en gran medida— a fuerza de salvajismos y atrocidades. Por mencionar algunos hechos históricos que corroboran lo anterior tenemos la Santa Inquisición, la conquista de América, la revolución francesa, la guerra de secesión de los EE. UU., las dos guerras mundiales, la guerra civil española, la revolución bolchevique y otras imbecilidades humanas que destacaron por sus feroces atrocidades.
Cuando pensamos en la elaboración de una lista que contenga los nombres de los individuos más crueles y despiadados de la humanidad jamás se nos viene a la mente el nombre de una mujer. Quizás el término crueldad nos llegue resonando a Herodes de Judea, Calígula y Nerón de Roma, Gengis Kan de Mongolia, Iván el Temible de Rusia, José Stalin de la URSS, Hitler de Alemania, Napoleón de Francia, Mao Zedong de China, Fidel Castro de Cuba, etc. pero nunca el de una fémina. Sin embargo, la historia nos demuestra que la maldad en la humanidad no es un asunto de géneros pues las mujeres pueden ser tan crueles y despiadadas como lo han sido los hombres.
Aun cuando sin problema se puede elaborar una lista de las mujeres que destacaron por su elevado índice de crueldad, sólo me enfocaré en Jiang Qing (1914-1991) también conocida como Madame Mao o la Emperatriz Roja que, con la aprobación de su esposo Mao Zedong —otro despiadado asesino— entre 1969 y 1976 hizo de China un verdadero Estado de terror.
En 1933 la protagonista es una comediante sin nombre cuya desbordada codicia la lleva a unirse al partido comunista donde es rechazada pues sus muchas aventuras amorosas la pintan como una mujer ambiciosa y calculadora que no dudará en utilizar sus encantos para alcanzar sus intereses. El rechazo fue una afrenta para ella y jura venganza. Antes del triunfo de la revolución china, en 1947 se convierte en la cuarta esposa de Mao a quien el partido la acepta con la condición de que ella no se meta en actividades públicas. La después Madame Mao es humillada otra vez y el resentimiento crece.
En 1966 estalla la Revolución Cultural que, en un golpe de suerte, encabeza Jiang Qing junto a tres verdugos más conocidos como “la banda de los cuatro”. Una fanatizada juventud comunista enlistada en las milicias llamadas la Guardia Roja, arremete sin piedad en contra de la jerarquía china. Así, los intelectuales que habían despreciado a Jiang Qing son perseguidos y asesinados con una crueldad bestial acusados de revisionismo burgués. Madame Mao ha consumado su venganza.
Para 1976 la Revolución Cultural ha llevado a cabo un verdadero baño de sangre masacrando a más de un millón de chinitos inocentes, pero en septiembre de ese mismo año Mao Zedong muere y la Revolución Cultural es parada en seco. En 1980 Jiang Qing es arrestada, llevada a juicio y condenada a muerte, sentencia que dos años después es conmutada a cadena perpetua. El 14 de mayo de 1991 cobardemente se suicida ahorcándose en su casa. El parecido con cualquier otra dictadora es pura coincidencia.
De las tiranas ambiciosas y asesinas, líbranos Señor.
El autor es escritor nicaragüense exiliado en Costa Rica.