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Alex Flores fue el primer bombero en llegar al incendio de la casa de tres pisos en el barrio Carlos Marx, en Managua, ocurrido el 16 de junio de 2018. Jamás imaginó que se enfrentaría a una de las tragedias más estremecedoras de la historia reciente de Nicaragua.
En el séptimo aniversario de ese trágico hecho que lo marcó, recuerda que se encontraba desayunando con un amigo en el sector oriental de la capital cuando recibió la alerta. Su vocación de servicio lo impulsó a movilizarse de inmediato. Al llegar al lugar, lo primero que hizo fue solicitar refuerzos a sus compañeros del Benemérito Cuerpo de Bomberos a través de un grupo de WhatsApp: “Casa de tres pisos en combustión total, envíen las unidades, se puede trabajar”, escribió en el chat.
Contrario a la versión oficial del régimen de Daniel Ortega, que desde entonces ha querido imponer, Flores confirma que durante la emergencia la población señalaba a los policías y a los paramilitares como responsables del incendio y de los crímenes que han sido calificados de Lesa Humanidad.

“Después que yo mando ese mensaje veo a otro señor sofocado pidiendo apoyo y me dice: hay gente adentro. Lo único que yo andaba era mi equipo de protección, pantalón, chaquetón y botas, decido subir al balcón y le digo a la gente que quiebren las ventanas para ventilar el humo. Al poco tiempo llegó nuestro camión, cortamos la cadena, logramos controlar el humo y entramos. Cuando entramos, subimos y están los cuatro cuerpos de los adultos en uno de los cuartos, en el suelo y los niños encima de ellos, me imagino que allí se resignaron como familia”, relata Flores, a quien con frecuencia se le llenan los ojos de lágrimas al recordar la tragedia.
Uno de esos niños era Daryeli Osmary Velásquez Ráudez, de 3 años. Flores la cargó en brazos mientras bajaba por las escaleras, intentando salvarle la vida.

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“Empiezo a buscar signos vitales en la niña, hay un signo que se llama llenado capilar, vos apretás y el dedo se pone blanco y si lo soltás y se pone rojo hay circulación sanguínea y en la niña había. Me levanto, consigo un oxímetro y el oxímetro marcaba vitales, muy bajos para su edad, pero había», relata el bombero voluntario.
—Hay vitales —le digo a mi superior;
—¿Seguro?… proceda —me dice.
En un taxi trasladó a la menor al Hospital Alemán, ubicado a pocas cuadras del siniestro.
“A esa fecha ya sabíamos que había orden de no atender heridos en los hospitales estatales, pero me dije, es una niña de 3 años víctima de un incendio…”, reflexiona.
Ingresó al centro médico pidiendo auxilio a gritos, describiendo la condición de la niña. Una doctora joven, “supongo que era médico residente,” recuerda que respondió de inmediato y comenzó maniobras de reanimación. Poco después, el médico jefe intervino.
“El que supongo era el médico de base aparta a la muchacha y sin hacer mayor cosa dice ‘no hay nada que hacer’ y la dejaron allí”.

El estado de shock en que se encontraba Flores le impidió insistir para que se hiciera más por la menor. “El sentimiento de culpa siempre lo he cargado, porque pienso que tal vez si hubiese actuado distinto (frente al médico), quizá hoy esa niña estuviera con vida”, confiesa, con respiración profunda y voz entrecortada.
Trataron de impedir que los bomberos voluntarios asistieran a la población
Durante las protestas cívicas de 2018, Flores no sólo enfrentó el fuego y el humo. También desafió órdenes superiores y arriesgó su vida bajo las balas. A pesar de que al inicio de las protestas a los voluntarios del Benemérito Cuerpo de Bombero les prohibieron acudir a los llamados de emergencia “por seguridad, nos dijeron”, él y otros voluntarios presionaron para poder actuar.
“Para nosotros estaba primero el juramento que le habíamos hecho a la Patria, que es salvar vidas y propiedades, y las vidas de mucha gente estaban en peligro y nuestra labor era estar allí. No estábamos por ningún color político, ni porque nos mandaron o no nos mandaron, estábamos porque era nuestro deber”, explica el socorrista.
Vio morir a Jimmy Parajón en la Upoli
Relata que el 11 de mayo llegó a la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli), donde fue testigo del último aliento de Jimmy Parajón, de 35 años.
“Esa persona era bastante alta, yo soy chaparrito, lo agarro y lo pongo en la camilla. Salimos al área de choque y cuando cortamos la camisa todos los que estamos allí nos desconsolamos… este muchacho tenía un disparo certero en la tetilla izquierda, no era una goma, no era una bala perdida, era un disparo certero en la tetilla izquierda”, recuerda.
Poco después, la víctima fue identificada por sus compañeros y sumada a las estadísticas de la represión. La cuenta de Facebook de Madres de Abril recuerda que “Jimmy Parajón Gutiérrez fue asesinado por policías y fuerzas de choque del régimen mientras llevaba alimentos a los estudiantes atrincherados en la Upoli”.

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“El objetivo de ese disparo no era contenerlo (o) herirlo, era matarlo porque si tu objetivo es detener a alguien que está atacando y tenés la capacidad de tiro, vos le vas a pegar en cualquier parte del cuerpo para detenerlo, pero si vos apuntás a la cabeza o a la tetilla izquierda estás buscando matar a la persona”, precisa el bombero voluntario.
Rechazo policial y amenazas en plena emergencia
Flores también rememora el 30 de mayo de 2018, durante la denominada “Madre de todas las Marchas” en Managua. Ante la presión del voluntariado, el Benemérito Cuerpo de Bomberos envió unidades de emergencia para cubrir la multitudinaria caminata.
Por radio fueron informados de un oficial de policía herido en las inmediaciones del Estadio Nacional de Beisbol, por lo que se dirigieron hacia ese punto. Sin embargo, al acercarse, notaron que estaban siendo apuntados desde lo alto del estadio.
“Cuando vamos bajando hacia ese costado, queremos entrar al Estadio en los semáforos entre la Catedral y el Estadio nuevo, recuerdo que la ambulancia va a hacer una izquierda y la unidad de nosotros que está más atrás nos dice por radio: te están blanqueando. Y el conductor se queda viendo con el otro bombero y dice: ¿qué es eso? ¡Te están apuntando les digo yo, seguí de frente!”, relata Flores.
Decidieron bordear el Estadio y llegaron hasta donde estaba la Policía, pero fueron interceptados por hombres armados, vestidos con pantalón azul, botas negras y camisa blanca, quienes les impidieron el paso.

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“Vayan a atender a sus heridos allá (señalando hacia la UCA), ustedes no son bomberos del Gobierno. Antes del 2018 nadie distinguía entre el Benemérito Cuerpo de Bomberos y la Dirección General de Bomberos. Bombero era bombero. Pero en ese momento la población y la misma Policía se dieron cuenta que el Benemérito estaba para atender al pueblo no para obedecer a un gobierno”, reflexiona.
Heridas que no cierran
Los eventos vividos durante aquellos meses dejaron en Flores heridas invisibles, que aún intenta sanar. Actualmente, se encuentra en proceso de solicitud de asilo en Estados Unidos, donde espera encontrar protección después que tuvo que salir de Nicaragua por presiones y amenazas.
“Cuando tuve mi primera entrevista con Migración y les conté todo, empiezo a llorar sin parar sin saber qué me pasa, pero era el mismo sentimiento de libertad de poder contarlo sin temor, no ha sido fácil”, dice entre lágrimas.
Por ahora, sus compromisos laborales le han impedido retomar su vocación humanitaria y vincularse con instituciones de emergencia en Estados Unidos.
