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En una semana, el dictador Daniel Ortega emitió cuatro acuerdos presidenciales para otorgar más poderes legales a su hijo Laureano Facundo Ortega Murillo ante la firma de convenios económicos, de seguridad, educación y salud con Rusia y China, lo que aviva el tema sobre la sucesión dinástica.
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El martes 10 de junio, Ortega otorgó «plenos poderes» a su hijo Laureano, quien es su «asesor presidencial para las inversiones, comercio y cooperación internacional», para firmar dos convenios económicos con China: uno sobre cooperación económica económica y técnica con asistencia no reembolsable y el otro también de cooperación económica económica y técnica entre China y Nicaragua, pero este último es un préstamo sin intereses.
El jueves 12 de junio, a través del Acuerdo Presidencial 84-2025, Laureano Ortega recibió «plenos poderes» para suscribir el «Plan de Cooperación entre la Policía Nacional, la Dirección General de Servicios Aduaneros y el Servicio Federal de Aduanas de Rusia en materia de lucha contra el tráfico de estupefacientes y los ilícitos aduaneros para 2025-2027», según publicación en el diario oficial La Gaceta.
Y este viernes 13 de junio se publicaron en La Gaceta dos acuerdos presidenciales más, para otorgar plenos poderes a Ortega Murillo en la firma del «Acuerdo entre la Universidad Nacional de Nicaragua (UNAN) y la Universidad Estatal de Ingeniería y Pedagógica Glazov V.G. Korolenko (a través del Ministerio de Educación)» y también en la firma del «Acuerdo entre el Ministerio de Salud de la Federación de Rusia y la Autoridad Nacional de Regulación Sanitaria de Nicaragua (ANRS) sobre cooperación para el reconocimiento (mediante el principio de confianza) en el territorio de Nicaragua del registro de medicamentos y dispositivos médicos fabricados y registrados en la Federación de Rusia».
Todos estos acuerdos presidenciales entran en vigencia con la publicación en La Gaceta.
Desde agosto de 2023, el dictador comenzó a facultar a su hijo para firmar acuerdos internacionales con China y Rusia.
Laureano, «una figura no electa» que heredará el poder
El politólogo Félix Maradiaga aseguró que está en marcha la consolidación de un proyecto de sucesión dinástica.
«Se trata de una concentración progresiva y peligrosa del poder político, económico y diplomático en una figura no electa, cuya legitimidad no proviene del pueblo nicaragüense, ni de la militancia sandinista, sino de su apellido. Es el mismo guion que ya vivimos en Nicaragua con la familia Somoza, pero llevado a una versión aún más descarada, porque al menos Somoza (hijo) intentó disimular su ascenso con un mínimo de estructura institucional. Ortega ni siquiera se molesta en eso: está dejando claro que su hijo heredará el poder como si Nicaragua fuera una finca privada», manifestó el politólogo.
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Maradiaga valoró que los recientes decretos que otorgan más poderes a Ortega Murillo para firmar convenios estratégicos con China y Rusia, en temas que van desde cooperación económica hasta coordinación en materia aduanera y antidrogas, «no son temas menores».
«Se trata de pilares fundamentales de la soberanía nacional. Al entregarlos a una figura sin formación técnica, sin mandato democrático y sin liderazgo reconocido, el régimen está oficializando la sustitución del Estado por la familia Ortega-Murillo», aseveró el politólogo.
Los efectos en el partido sandinista
Maradiaga describió a este hijo del dictador como una persona desconectada de la realidad nacional y que tiene una apariencia muy diferente a la de su padre, quien es considerado por los fanáticos sandinistas un personaje mítico de la Revolución.
Ortega y Murillo tienen ocho hijos en común que apoyan su régimen dictatorial. Entre ellos, Laureano es uno de los más mediáticos y al único que han facultado con poderes a nivel internacional. Laureano se caracteriza por su apariencia pulida, el uso de trajes a medida y corbatas en las reuniones con funcionarios de alto nivel de Rusia y China.

Para el politólogo, esta determinación de Ortega y su esposa, Rosario Murillo, de imponer a Laureano como sucesor del poder, tendrá un efecto en la militancia del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), partido gobernante.
«Sabemos que en la base dura del partido —que por cierto es cada vez más reducida y envejecida— Daniel Ortega conserva una imagen mítica por el culto a su figura y el fanatismo ideológico. Pero ese mismo respeto no se ha transferido ni a Rosario Murillo ni mucho menos a sus hijos. Laureano, con su historial de excentricidades, su desconexión con la realidad nacional y su lenguaje de élite, es percibido como una figura ajena, impuesta y profundamente antipática para los sectores populares. El régimen lo sabe, y por eso lleva años invirtiendo en una estrategia de marketing político para hacerlo digerible, o al menos no rechazado». Por último, el politólogo no duda que muy pronto Laureano Ortega sea proclamado oficialmente como el sucesor del poder.
«No me sorprendería que el 19 de julio de este año, durante el acto central del régimen, se inicie simbólicamente el proceso de transición, y que esto sea ratificado en el discurso del 8 de noviembre, aniversario de Carlos Fonseca. Será una operación cuidadosamente orquestada para presentar a Laureano, no como el heredero biológico, sino como el continuador ideológico. Lo pondrán a recorrer barrios, a firmar más convenios internacionales, a pronunciar discursos patrioteros. Una campaña de facto sin urnas, sin competencia y sin pueblo», expresó Maradiaga.