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A la creciente incertidumbre y temor que sienten miles de migrantes nicaragüenses que están en Estados Unidos y podrían regresar a su patria, ya sea deportados o autodeportados, se suma el miedo a que les nieguen el ingreso a su patria, los encarcelen a su llegada o los dejen bajo vigilancia permanente de la Policía o paramilitares.
Pero estos son sólo los primeros obstáculos a superar. Cuando estén en sus casas, los retos serán mayores, lo más difícil será encontrar empleo, conseguir un salario que les permita asumir el costo de vida de ellos y sus familias o aventurarse a obtener un crédito para impulsar algún negocio.
«Las razones estructurales que llevan a la gente a migrar, que entre otras, la pobreza, el desempleo, la desesperanza, siguen siendo válidas para Nicaragua; y si te mandan de vuelta, esas mismas condiciones de desempleo, desesperanza, subempleo y pobreza seguirán latentes, no habrán desaparecido», dice Juan Sebastián Chamorro, economista y exreo político desterrado.
Chamorro considera que probablemente algunos de los migrantes nicaragüenses que regresen traerán «algún tipo de recursos que ahorraron, pero seguramente será muy poco»; y en todo caso llegan a un país que con los actuales niveles de inversiones y la represión, es inviable económicamente, especialmente para las personas que el régimen Ortega Murillo identifica como opositoras.
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¿Encontrarán empleo los migrantes que regresen?
A criterio de otros economistas que piden no identificarlos, independientemente de que traigan algunos ahorros, lo primordial para los retornados será conseguir un empleo, ya sea como asalariados o autoempleados, ya que desde el momento en que ponga un pie en suelo nicaragüense los migrantes empezarán a tener necesidades y deben asegurar una fuente de ingresos para garantizar su manutención y la de sus familias.
Además, hasta ahora el régimen no ha anunciado ningún programa para ayudar a los migrantes que regresen; y los que desarrolla en algunos sectores de la economía son estrictamente clientelares para beneficiar a algunos de sus simpatizantes.
El análisis De cara al pronóstico económico de Nicaragua en 2026, que el economista Néstor Avendaño publicó en su blog, explica que la tasa de desempleo abierto que en abril fue de 2.8 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA) y de 3.7 por ciento para las personas de 14 años y más que están disponibles para trabajar, sugiere cierta fortaleza en el mercado laboral.
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Menos empresas y empleos
Sin embargo, advierte que «el crecimiento de la fuerza laboral deberá ser más rápido por el retorno de emigrantes desde Estados Unidos, por lo cual se requiere un mayor crecimiento del empleo para mantener estable la tasa de desempleo abierto».
Los especialistas recuerdan que, debido al estallido de la crisis sociopolítica y una recesión prolongada, cerca de un millón de nicaragüenses migraron, por lo que la tasa de desempleo abierto está en sus niveles más bajos de los últimos años. Además, consideran que incluso en las empresas que laboran bajo el régimen de zona franca es complicado conseguir trabajo, ya que en los últimos años cerraron 23. Las exportaciones se mantienen estancadas y la política arancelaria que impulsa el presidente Donald Trump podría obligar a otras empresas a cerrar.
De hecho, los reportes del Banco Central de Nicaragua (BCN) detallan que en 2018, cuando estalló la crisis sociopolítica que aún afecta al país, laboraban bajo el régimen de zona franca 194 empresas que en promedio, durante ese año emplearon a 122,010 trabajadores. En el primer trimestre de 2025 el sector reportó a 171 empresas que emplearon a un promedio de 120,986 personas, es decir, cerca de dos mil empresas menos que hace siete años.
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¿Mercado laboral absorberá a los migrantes?
Pero a criterio de los especialistas el panorama del sector zona franca es sólo un reflejo de una crisis más grave que enfrenta el mercado laboral formal. Los reportes del BCN detallan que al cierre de 2017, es decir antes del inicio de la crisis, el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) tenía inscritas 35,055 empresas que daban empleo a 913,797 asegurados. Pero en el primer cuatrimestre de este año reportó un promedio de 817,898 asegurados; con respecto al número de empresas, el dato más reciente que publicó el INSS es de 2022 cuando tenía inscritas 31,786 empresas, .
Es decir, que el mercado laboral formal todavía no recupera 96,298 plazas que perdió durante el estallido social; tampoco unas 3,269 empresas que cerraron en estos años de crisis sociopolítica. Esto a criterio de los especialistas puede ser un indicativo de cuánto les costará a los migrantes que regresen conseguir un empleo formal.
Ante la dificultad de conseguir un empleo formal la informalidad, que desde hace varias décadas caracteriza el mercado laboral nicaragüense, es la única opción que queda. Que en abril la tasa de subempleo bajara a 36.2 por ciento de la Población Ocupada (PO), para Avendaño es otra muestra de fortaleza del mercado laboral.
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Mercado informal paga menos
Aunque ese indicador también haya bajado, el problema es que refleja que el 36.2 por ciento de la PO trabaja menos de lo establecido por la ley. Estas personas, por causas ajenas a su voluntad, trabajan menos de las 48 horas establecidas para la jornada diurna y 45 horas para la nocturna, y devengan un salario menor al mínimo establecido para el sector en que laboran. También hay otras que trabajan más de las horas establecidas, pero también ganan menos del salario mínimo.
A criterio de los especialistas, ganar menos del salario mínimo que rige a diez sectores de la economía y oscila entre 5,950.02 córdobas mensuales para el sector agropecuario y 13,315.61 córdobas para la construcción, establecimientos financieros y seguros, empeora las condiciones de vida de cualquier familia. Pues con ninguno de estos salarios se cubre el costo de la vida de una familia de cuatro personas.
Los trabajadores de los diez sectores que se rigen por la Ley del Salario Mínimo no pueden pagar el costo de vida de sus familias. Según los reportes del Instituto Nacional de Información de Desarrollo (Inide), en abril el precio de la cesta básica de 53 productos y servicios fue de 20,303.32 córdobas, por lo que las familias necesitan dos o más salarios para cubrirlo. Antes del estallido de la crisis de 2018 el precio de la cesta básica era de 13,331.96 córdobas.
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Salario mínimo y canasta básica
Además, la cesta básica incluye el monto simbólico de 900 córdobas para el alquiler de la vivienda. Esto implica que si la familia no cuenta con una casa propia, como ocurre con una gran parte de los hogares nicaragüenses, o vive con familiares, necesitan incluso un salario adicional sólo para cubrir el pago del alquiler que puede costar en promedio unos 200 dólares (7,324 córdobas al cambio oficial), es decir casi un salario mínimo.
Incluso, según Avendaño, las dificultades para cubrir el costo de la vida podrían empeorar por el regreso de los migrantes. «El retorno de emigrantes nicaragüenses y las amenazas estadounidenses sobre las remesas que desde Estados Unidos se remiten a Nicaragua, por ejemplo el impuesto de 3.5 por ciento del monto de dichas remesas, podrían afectar la estabilidad del tipo de cambio y del índice de precios al consumidor», advierte el economista.
Una última opción que pueden considerar los retornados es el autoempleo, sin embargo, este depende de que cuenten con ahorros para impulsar algún emprendimiento, o que opten a crédito bancario para impulsarlo.
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¿Podrán los migrantes conseguir financiamiento?
Sin embargo, un reciente reporte del BCN indicó que los préstamos de tipo personal y las tarjetas de crédito son los productos financieros que más están aprobando los bancos y las financieras del país. Esto implica que no son las actividades económicas las que están atrayendo más el apetito de los bancos y financieras, sino los créditos de consumo.
A los problemas para acceder a los créditos se suma el alza que han registrado las tasas de interés de los préstamos bancarios. Uno de los créditos más caros es el personal, cuya tasa promedio a corto plazo en dólares fue de 17.06 por ciento en abril, mientras que en diciembre era de 15.11 por ciento.
Además, los economistas recuerdan que uno de los requisitos para recibir un crédito es tener un ingreso fijo y buenas referencias, algo que a un migrante que recién regresa al país se le puede dificultar demostrar, por tanto considerarlo para impulsar un emprendimiento no es una opción viable para la mayoría.
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