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Hay una verdad incontrovertible: los pueblos, sean de un país desarrollado como Francia o sean de un país del Tercer Mundo como Nicaragua, cuando consideran que ha llegado el momento de insurreccionarse contra la opresión o de protestar enérgicamente contra una dictadura nadie los detiene.
Es lo que ocurrió en Francia durante el mes de mayo del 68 del siglo pasado y lo que pasó en Nicaragua en abril y mayo del 2018 del siglo que va corriendo.
Guardando la distancia entre uno y otro país, a pesar de ello, hay una serie de similitudes que sorprenden y otras que contrastan, por la forma en que se desarrollaron aquellos acontecimientos que despertaron la atención mundial.
Entre las similitudes de la tremenda sacudida que estuvo al borde de la caída de los respectivos gobiernos podemos mencionar las siguientes:
Ambos gobiernos, el de De Gaulle y el de Ortega entraron en contradicciones con los estudiantes universitarios, el primero con los de la Universidad de Nanterre y luego con La Sorbona y el segundo, con casi todas las universidades públicas y privadas por el abandono de la Reserva Maíz y las paupérrimas pensiones para los ancianos del Seguro Social. El uno demócrata, pero con fuerte tendencia hacia el autoritarismo y el otro dictador consumado en deriva hacia el totalitarismo.
Por eso no sorprende que ambos movimientos fueron “en cierta forma” liderados por estudiantes universitarios, el francés por Daniel Cohn-Bendit y el nicaragüense por Lesther Alemán Alfaro.
Si se fijan mis lectores, escribo “en cierta forma” porque la verdad es que ambos hechos históricos, que involucraron a millones de personas, en realidad fueron producto de la espontaneidad popular, que deseaban con vehemencia un cambio y que lo consideraban posible, en aquellos momentos de exaltación patriótica.
Tanto en Francia como en Nicaragua la espontaneidad de las masas fue tan intensa que sorprendió tanto a moros y cristianos. En Nicaragua, la mayoría desde las calles y barricadas demandaban el cambio democrático. Otros afirmaban que las condiciones estaban dadas para pasar a la siguiente fase del movimiento: la lucha insurreccional. Esto era lo que faltaba para producir el cambio deseado por los nicaragüenses.
En Francia, según nos da a conocer el biógrafo de De Gaulle, Jean Lacouture: “El 26 de agosto de 1944 la multitud ovacionó como a un héroe en los Campos Elíseos de París al General Charles De Gaulle y el 30 de mayo de 1968 la misma multitud y en el mismo lugar, volvió a congregarse para pedir su cabeza”.
Admitida la diferencia entre el gigante general De Gaulle y el pigmeo Daniel Ortega, podemos decir que a este último también le ocurrió lo mismo que al estadista francés: el 19 de julio de 1979 fue ovacionado en la Plaza de la Republica como héroe y 39 años después, casi en el mismo lugar el pueblo volvió a congregarse para pedir su cabeza” ¡Cosas veredes, Sancho amigo!
Como epílogo a estos dos acontecimientos históricos que impactaron a escala planetaria, quiero destacar la sabia actitud del general De Gaulle, quien procedió a adelantar las elecciones, mantuvo durante la crisis un total respeto por los derechos humanos de sus conciudadanos, entregó la presidencia 1 año después (1969) a su sucesor elegido democráticamente y luego se marchó a su casa en Colombey-les-Deux-Églises, donde vivió sus últimos días, y murió rodeado del cariño de sus familiares y de todo un pueblo que recordaba su tenaz desempeño, por rescatar a su querida Francia de las garras del fascismo que la oprimía durante la Segunda Guerra Mundial.
Pasada la turbulencia y restaurada la normalidad democrática en Francia, en nuestra querida patria la dictadura de los Ortega-Murillo, respaldada por un ejército pretoriano y una policía de cipayos, han seguido hasta hoy reprimiendo al pueblo en flagrante violación de sus derechos humanos. Por lo que la pregunta es ¿tendremos los nicaragüenses que esperar una nueva acción de la espontaneidad de las masas, con mayor fuerza que la anterior, para que los usurpadores del poder público, los Ortega-Murillo y sus secuaces entiendan que les llegó la hora de marcharse, porque nuestro pueblo ya se cansó de los abusos que diariamente comete su ya intolerable tiranía?
El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).